Cataluña, octubre de 1934

Por . 7 octubre, 2014 en Siglos XIX y XX
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En octubre de 1934 tuvo lugar en Barcelona la proclamación del Estado Catalán dentro de la República federal española.

 

Antecedentes

En el año 1930 políticos republicanos de derechas e izquierdas se reunieron en la ciudad vasca de San Sebastián y firmaron un “acuerdo entre caballeros”, que ha pasado a la historia como Pacto de San Sebastián.

En el tratado llegaron al compromiso de que la mejor forma de gobierno para España era la república, en detrimento de la monarquía. Aparte de lo anterior, en el tratado también se llegó al acuerdo de conceder a Cataluña, País Vasco y Galicia la autonomía.

El 14 de abril de 1931, coincidiendo con la proclamación de la República, el presidente de la Generalitat, Francesc Macià, proclamó la República catalana dentro de la Republica federal española. Este acontecimiento, sin embargo chocaba frontalmente con la futura constitución republicana, ya que esta República, a diferencia de la primera, no se definiría como federal, lo que hizo necesaria una solución de consenso.

Finalmente, el gobierno y el ejecutivo de Macià llegaron a un acuerdo y proporcionaron a Cataluña un estatuto, el llamado Estatuto de Nuria, que fue aprobado en referéndum el día 2 de agosto del año 1932.

Francesc Macià falleció en diciembre de 1933 y fue sucedido por Lluís Companys.

 

En el año 1933 se celebraron elecciones en España. La victoria fue para el Partido Republicano Radical y la CEDA, liderados por Lerroux y Gil-Robles, respectivamente. De esta forma daba comienzo el llamado Bienio Radical-Cedista o bienio negro (1933-1936).

Este periodo se caracterizó por la paralización de las reformas llevadas a cabo durante el bienio republicano-socialista o azañista.

En 1934 hubo dos sucesos que marcaron un antes y un después en la II República española, esos dos sucesos fueron la Revolución de Asturias y la proclamación del Estado Catalán.

Centrémonos en el segundo.

 

La proclamación del Estado Catalán

La “revolución catalana” tiene su origen en la cuestión Rabassaire. (La palabra rabassaire viene de ‘cepa muerta’ Rabassa morta, en catalán).

La cepa muerta era un contrato de alquiler de tierras para cultivar viñas, con la condición de que el contrato quedaba sin efecto si moría un tercio de las viñas plantadas. Desgraciadamente eso es lo que ocurrió a finales del siglo XIX, cuando una epidemia de filoxera obligó a los cultivadores a plantar unas viñas que no duraban más de 20 años. Los afectados formaron el  sindicato llamado Unió de Rabbasaires. El 12 de abril de 1934 el Parlamento de Catalunya aprobó la Ley de contratos de cultivo, que garantizaba a los rabassaires un contrato mínimo de seis años y la posibilidad de comprar la tierra tras cultivarla 18 años.

El Gobierno central y la patronal catalana elevaron recursos ante el Tribunal de Garantías Constitucionales (actual Tribunal Constitucional) que declaró anticonstitucional aquella norma. A pesar de ello, el Parlamento la volvió a votar en junio de ese año.

La decisión del alto tribunal fue interpretada por el ejecutivo catalán como un ataque a Cataluña, lo que provocó un enfrentamiento entre ambos gobiernos.

El primero que dio el paso en este clima de enfrentamiento fue Acción Popular, partido fundamental de la CEDA, que movilizó a 2.000 propietarios rurales. Sin embargo la repuesta catalanista no se haría esperar y el consejero de Gobernación Josep Dencàs movilizó a los escamots, una milicia uniformada perteneciente a las juventudes de Esquerra Republicana.

El día 6 de octubre de 1934, pocos minutos después de las ocho de la tarde, el presidente de la Generalitat, Companys, proclamó el Estado catalán dentro de la (inexistente) República federal española.

La respuesta del Gobierno central, presidido por Alejandro Lerroux, fue inmediata, al día siguiente, el día 7, decretó el estado de guerra y envió al ejército al mando del general Domingo Batet para que reprimiera la revuelta. En la represión fallecieron 46 personas, entre ellos 8 militares, y 3.000 fueron detenidas.

Finalmente, los miembros del Gobierno catalán fueron encarcelados y el gabinete de Lerroux suspendió durante 3 años la autonomía catalana.

 

Conclusión

Tanto la revolución asturiana, como el Estado catalán, causarían estupor en la derecha, que rápidamente asoció el movimiento revolucionario asturiano como la antesala de una revolución bolchevique en España. Lo cual, unido a la postura anti-regionalista y fascistizadora de la derecha, servirían de justificación al fracasado golpe de Estado de julio de 1936, la antesala de la Guerra Civil española.


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