La fuerza de La Celestina

Por . 17 octubre, 2014 en Reseñas
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¿Teatro, novela? ¿Chi lo sa? Genialidad, en cualquier caso. Dos son los personajes magistralmente creados: por un lado, la paródica figura del amante cortés, Calisto, que vive su novela de amor particular; por otro, Celestina, que acabó dando título a la obra, tal es su fuerza.

La Celestina es una de las obras cumbre de la literatura en nuestra lengua. Las primeras ediciones que conservamos son la de Burgos de 1499, publicada por el editor Fadrique Alemán, y la de Toledo, de 1500, a cargo de Pedro Hagenbach (hago notar los apellidos; por cierto, ¿serían del mismo pueblo que Gutenberg?). El título inicial de la obra era Comedia de Calisto y Melibea. Estas ediciones contienen 16 actos, además de una carta dirigida por el “auctor a un su amigo”, un argumento y unos acrósticos (versos en los que se debe leer la inicial de cada uno para componer un mensaje) que declaran el autor: “El bachiller Fernando de Rojas acabó la comedia de Calysto y Melibea y fue nascido en la puebla de Montalván”, hala.

Las ediciones de 1502 añaden cinco actos más, entre el XIV y el XV y con cambio de título incluido: Tragicomedia de Calisto y Melibea. Pero ya en una de las ediciones de este año, la de Sevilla, el título empezaba a poner las cosas en su sitio: Libro de Calisto y Melibea y de la puta vieja Celestina. En otra edición posterior, 1526, se incluye otro acto entre el XVIII y el XIX. A partir de la edición de 1519 el título es ya el actual: La Celestina, lo que da fe de la importancia que este personaje tiene en la obra.

 

Su argumento

“Entrando Calisto una huerta empós de un falcón suyo falló y a Melibea de cuyo amor preso començole de hablar”. Grabado correspondiente a la edición burgalesa de La Celestina de 1499.

El joven Calisto se enamora perdidamente de Melibea. Desdeñado por esta, acude por consejo de su criado Sempronio a las artes de Celestina, vieja alcahueta.

Celestina accede a servir a Calisto, pago por medio. Pármeno, el otro criado de Calisto, intenta convencerlo de que rechace los oficios de la alcahueta porque, “a quien das tu secreto, das tu libertad”. El criado, ante las malas palabras de su amo, decide entrar en el tándem Sempronio-Celestina. Se supone que habrá reparto de beneficios.

Después de hechizar unos ovillos, la vieja entra en casa de Melibea con la excusa de vender unos hilos y allí comienza a hablarle de Calisto. En sucesivas visitas, finalmente Melibea confiesa su amor. Ambos se verán en el jardín de Melibea y los encuentros amorosos pasan a la alcoba.

Mientras, Sempronio y Pármeno acuden a casa de Celestina. Allí se solazan con las pupilas de la vieja, Elicia y Areúsa, fogosas jóvenes de vida alegre. Más tarde exigen a la vieja el reparto y, ante su negativa, los criados la cosen a cuchilladas. Acto seguido son presos y ajusticiados.

Calisto sigue en la inopia de su amor. Cambia a los dos criados por otros, Sosia y Tristán. Pero Areúsa y Elicia se vengan. Una noche, mandan a un matachín, Centurio, ir a las tapias de Melibea. Ante el ruido, Calisto sale precipitadamente de los brazos de Melibea y, al bajar por el tapial, resbala y se abre la crisma muriendo en brazos de su criado.

A Melibea, roto su corazón, no se le ocurre otra cosa que arrojarse desde lo más alto de su palacio. La obra termina con el “planto de Pleberio”, padre de la moza, lleno de resonancias clásicas.

Uno de los problemas que platea esta obra es su adscripción genérica. Realmente está a medio camino entre novela y teatro. Formalmente hay abundantes rasgos dramáticos: el estilo dialogado, no aparece la voz del narrador, la división en escenas… Pero su extensión, los cambios de lugar y tiempo, el ritmo lento la acercan a la novela. El problema se resolvió con el “descubrimiento” de la comedia humanística, género italiano escrito en latín, de moda durante el trecento y quattrocento. Se trata de obras dramáticas escritas para ser leídas adoptando la entonación y modulación necesarias según personajes y situación.

Si algo destaca sobremanera en esta obra es el tratamiento de los personajes. Calisto es un amante paródico de las novelas sentimentales. Es lo contrario del caballero discreto, virtuoso y valiente que vemos en la cortesía. No duda en ponerse en manos de una puta vieja, no le importa que sus amores corran de boca en boca por las plazas, en fin, su muerte, descalabrado por resbalarse de una tapia, no es precisamente honrosa. Su lenguaje y afectación son excesivos y es ridiculizado por sus criados, que lo tildan de bobo.

Los criados, codiciosos, lujuriosos, serviles solo cuando coinciden sus intereses con los de su amo, se disponen a gozar de la vida.

“Bivo de mi officio como cada qual oficial del suyo, muy limpiamente. Si bien o mal bivo, Dios es el testigo de mi corazón.” La Celestina, de Pablo Picasso (1903).

Melibea es uno de los personajes menos hiperbólicos y más consecuentes. Sus parlamentos amorosos están en la línea de lo que se espera de una amante rendida pero, a diferencia de Calisto, devorado solo por el deseo, en Melibea florece el amor.

Sin duda, el personaje más impactante es la vieja Celestina. Vital, arrogante, es descrita con gruesos trazos realistas. Así dice Pármeno:

“Ella tenía seys oficios, conviene a saber: labrandera, perfumera, maestra de hazer afeytes y de hazer virgos, alcahueta y un poquito hechicera”. Hábil manipuladora, conocedora de la psicología de las personas está orgullosa de su trabajo y de su pasado.

 

Su importancia

De auténtico best seller se puede calificar esta novela. Se conserva casi un centenar de ediciones entre la fecha de aparición y 1640. Todos los reinos peninsulares imprimen esta obra y a la altura de 1550 había sido traducida al italiano, alemán, holandés, inglés, francés…  Tras entrar en el Índice de libros prohibidos en 1640, desaparece del mercado para no volver hasta el siglo pasado, con igual fuerza, cuando aparecen ediciones en polaco, japonés, ruso, árabe… “llegando a ser hoy día el texto medieval que más se edita y el más estudiado por los medievalistas”, según la especialista italiana Patricia Botta.

La Celestina dio origen al género celestinesco, si bien sus continuadoras están a mucha distancia del iniciador. Son relatos de amores, bastante desenfados, en los que interviene una alcahueta. El mejor de todos es, sin duda, La lozana andaluza, de Francisco Delicado. Son todas obras del siglo XVI.

Este texto forma parte de la obra del autor titulada Historia de la literatura española (en español), publicada en Punto de Vista Editores.


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Jesús Hurtado Bodelón (Ponferrada, 1964) es profesor de instituto de Lengua española y literatura, profesión a la que se dedica desde hace dieciocho años. Se licenció en Filología Española por la UNED (Sevilla), tras haber comenzado estudios en las universidades de Granada y León. Su experiencia laboral, sin embargo, comenzó en el mundo de la televisión, en Andalucía, siempre detrás de las cámaras, como operador, ayudante de realización, etc. Historia de la literatura española (en español) es su primera obra publicada.

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