Quepi o hardee

Por . 13 octubre, 2014 en Siglos XIX y XX
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A la guerra se viene a morir, dijo un célebre oficial en los momentos más dramáticos del desembarco en Normandía. Una verdad rotunda, sin más excusas, pero la guerra, el acontecimiento que mejor define a la humanidad, en palabras de otro famoso oficial de infantería durante la guerra de Marruecos, es también, aunque no lo crean, un acto social.

Por eso hay que ir vestidos, de manera similar a los de tu bando (uniformados), pero radicalmente distintos a tu enemigo, por aquello del fuego amigo y de las mortales confusiones que puedan ocurrir. ¿Cabe entonces ir a la guerra de forma elegante? Un conocido aristócrata español sentenció: “Los alemanes son el único pueblo sobre la tierra que sólo sabe vestirse para ir a la guerra”. ¿Les sirve este principio?

Así que en los conflictos bélicos hay modas, tendencias y estilos marcados preferentemente por aquellos ejércitos triunfantes en los campos de batalla: los españoles en su momento, los casacas rojas británicos, los marines norteamericanos…

 

¿Cómo se vistieron entonces para solucionar los problemas entre Norte y Sur en Estados Unidos a mediados del siglo XIX?

 

Uno (el quepi, quepis, quepí o kepi)

¿Cómo? Pues los modistos y sastres miraron a París, la cuna de la moda en su sentido más amplio. Pantalones y chaquetas abotonadas de dril, un capote de lana para el invierno, unas botas y la impedimenta clásica del mosquete, mochila, cantimplora y unas mudas. Así que lo más destacado era el tocado o sombrero con el que combatir.

Una vez más fue Francia, que aportó el quepi, quepis, quepí o kepi, que en esto de su nombre hay discusión, como en su propia etimología. Apareció en 1830 durante la ocupación de Argelia. Fue una alternativa al pesado e incómodo chacó. Dada su comodidad, su uso se extendió a las tropas de la metrópoli como gorro cuartelero. En 1852 fue introducido como tocado de campaña. Entonces, el resto de ejércitos europeos —incluido el de la Santa Sede— lo fueron adoptando.

Este primitivo modelo no tenía barboquejo, es decir, la cinta de piel que se pasa por debajo de la barbilla para sujetarlo. La guerra de Crimea (1853-1856) supuso el bautizo internacional del quepi, que pasó a formar parte del uniforme de varios ejércitos durante las décadas de 1860 y 1870. Su popularidad viene dada sin duda por su uso durante la guerra de Secesión (1861-1865). La primera versión de quepi confeccionado en lana y utilizado en el Ejército de Estados Unidos data de 1858. Oficialmente se le conocía como forage cap, pero pronto adoptó el apodo de boomers cap.

Pero, lógicamente, había diferencias, dos para ser exactos con sus homónimos europeos: la tapa estaba hundida, sin el fieltro endurecido, y la visera tenía forma cuadrada. El color predominante era el azul marino, el propio del Ejército Regular de Estados Unidos antes de la guerra, por eso, el mítico general confederado Stonewall Jackson (1824-1863), por ejemplo, se presentó en la encrucijada de Manassas con un quepi azul, el que usaba en el Instituto Militar de Virginia, donde impartía clases de Artillería, por cierto.

En la Unión no todo era azul. Por ejemplo, el 14º de Nueva York llevaba vivos en rojo en los laterales, el 12º de Nueva York los laterales en gris e incluso un ribete en color blanco y el 11º de Indiana completamente en rojo. Además, los tiradores de Hiram Berdan (1824-1893), un cuerpo de soldados de élite repartidos por regimientos de la Unión, lucían quepis de color verde esmeralda.

Con el desarrollo de la guerra, la Confederación adoptó el gris cadete y añadió un ribete de color para identificar el arma de servicio, a saber, azul para la Infantería, amarillo para la Caballería y rojo para la Artillería. En verdad, el Sur careció de casi todo, así que se vieron en los campos de batalla quepis azules, colores que no correspondían con el arma, viejos chacós, chambergos e incluso —sobre todo en el Teatro de Operaciones del Oeste— chamelos, tocados más próximos a los utilizados en las faenas agrícolas.

Incluso, algunas unidades tuvieron sus propios distintivos, tan diversos como sugerentes. Los cadetes zuavos de Winchester, Carolina del Sur, lucían un quepi enteramente rojo, la brigada de Caballería de Kentucky en amarillo y una unidad de fusileros de Alexandria, Virginia, en verde oscuro.

 

Y dos (el hardee)

Pero la guerra de Secesión, rica en uniformes, distintivos, sombreros y banderas, tal vez por lo espectacular de sus dimensiones geográficas y humanas, también se sirvió de otro modelo de sombrero, el hardee, que se implantó en el Ejército de la Unión a partir de 1858. También llamado Jeff Davis, era de fieltro, de color negro, con amplias alas, que se recogían a izquierda y derecha con un broche metálico, dependiendo del hombro sobre el que cargara el soldado su mosquete. Usado por ambos bandos, no tuvo mucho éxito, pues los infantes se quejaban de su peso, lo aparatoso que resultaba en pleno combate, así como del calor que guardaba en la cabeza durante las largas caminatas.

Fue un diseño del coronel William J. Hardee (1815-1873), de quien, sí, toma el nombre, a su paso por la academia de West Point poco antes de la guerra. Escribió un manual de combate, pero después del primer disparo a Fuerte Sumter desertó a la Confederación, donde llegó a general.

Este curioso sombrero no abundó en los campos de batalla, pero una unidad de Infantería se llevó todos los honores: la Brigada de Hierro. Se componía de los regimientos 2º, 6º y 7º de Wisconsin, del 19º de Indiana y del 24º de Míchigan. Se llenó de honores por su despliegue el primer día de batalla en Gettysburg, Pensilvania, a las órdenes del general John F. Reynolds (1820-1863) y fueron llamados, con todos los honores, los “gorras negras”, pero eran fáciles de identificar en el campo de batalla.

Después de la guerra de Secesión, el último modelo de quepi de dotación fue diseñado en 1896, poco antes de la guerra con España. Ya en las ordenanzas del uniforme de gala de 1902 se eliminó tan singular remate por la gorra de visera actual. Y del hardee nunca más se supo después de la rendición del general confederado Robert E. Lee (1807-1870) en los juzgados de Appomattox.


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Los capítulos de la Historia están plagados de héroes y antihéroes, de reyes y villanos, de conservadores y revolucionarios, de perdedores y ganadores, de desaires y tragedias, de sucesos extraordinarios y nimios, de avances y retrocesos… en definitiva, el gran libro de la vida, al que evidentemente siempre le quedan algunos capítulos por escribir. De ahí que publicara recientemente La guerra de Secesión, la guerra entre el Norte y el Sur, que tiene más de serial televisivo de la HBO que de un sangriento conflicto. Échenle un vistazo a mi web www.fernandomartinezhernandez.com

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  • (no será publicado)

  1. gravatar David Menaza Responder
    enero 19th, 2015

    Como curiosidad, a juzgar por el aspecto que tiene el hardee en la foto con que ilustras el artículo, ¿no se parece al sombrero con un ala caída y otra enhiesta propio de las tropas australianas en las dos guerras mundiales?

    El quepi se sigue usando como tocado de gala en la Legión Extranjera francesa (quepi blanco) y en algunos regimientos de infantería española con pedigrí, como el nº1 “Inmemorial del Rey”, cuando lleva uniformidad de parada o “alfonsina”.

    • gravatar Fernando Martínez Responder
      enero 20th, 2015

      Gracias por sus acertados comentarios. Exacto, las tropas australianas en ambas guerras mundiales se presentaron en los frentes de esa guisa. La película Gallipoli (1981) es un auténtico tratado de esa prenda de la uniformidad. Cuando menciono que el quepi dejó de usarse, me refiero al ejército de Estados Unidos. Evidentemente en Francia es un signo distintivo. Desconocía el dato del Inmemorial. Me gustaría ver alguna imagen. Saludos…