Ziryab, esplendor de la cultura andalusí

Por . 24 octubre, 2014 en Edad Media
Share Button

Anatomía de la Historia te ofrece un pasaje de la obra de uno de nuestros asesores, Ángel Luis Vera Aranda, titulada Al-Andalus (Punto de Vista Editores, 2014), extraído del epígrafe “El reinado de Abd al-Rahman II (822-852)” y dedicado a una de las personalidades más destacadas del mundo cultural islámico, Ziryab.

 

 

El emir Abd al-Rahman II (que reinó entre el 822 y el 852) fue, después de al-Hakam II ―quien gobernará ya en el siglo X―, el más culto de todos los soberanos de al-Andalus.

Abd al-Rahman II inició la formación de una impresionante biblioteca que culminaría un siglo y medio después el ya mencionado al-Hakam II. Favoreció la investigación y el saber, rodeándose en su corte de sabios, poetas, literatos y de personalidades muy destacadas del mundo de la cultura de su tiempo.

Sin duda, el más importante de todos ellos fue Abul Hasan ibn Nafi, más conocido como Ziryab, que en árabe significa ‘el mirlo negro’, por el color de su tez, también llamado el ruiseñor de Bagdad por sus aptitudes musicales y para el canto. Ziryab es un personaje fundamental en la historia de la cultura islámica en la Península, por lo que es conveniente detenerse para conocer su vida y sus aportaciones, muchas de las cuales han llegado hasta nosotros aunque en realidad desconozcamos cuál es su verdadero origen.

Ziryab debió nacer hacia el año 789 al norte del actual Irak, y se formó y desarrolló su labor en la corte del califa Harun al-Rashid, el de Las mil y una noches. Pero, debido a su brillantez, despertó los celos de sus maestros y se vio obligado a abandonar la ciudad califal para emprender un exilio por los territorios del norte de África.

Su fama se extendió con rapidez por el mundo islámico, y llegó hasta la Península. Así, al-Hakam I le ofreció unas condiciones muy ventajosas para que se asentara en la corte cordobesa. Ziryab aceptó, pero cuando en el año 822 desembarcó con su familia en Algeciras, se encontró con la noticia de que el emir acababa de morir, y ante la nueva situación decidió regresar a África.

Pero a Abd al-Rahman le llegaron noticias de esto, y rápidamente mandó mensajeros para convencer al “ruiseñor” de que su lugar estaba en la corte cordobesa. La oferta no pudo ser más tentadora, 40.000 dinares por establecerse en Córdoba (casi siete millones de los actuales euros), y 200 dinares (unos 34.000 euros) de salario mensual. Es difícil creer en la realidad de estas cifras, pero es lo que dicen las crónicas de aquella época, en las que además se añaden las críticas que muchas personas dirigieron contra el emir a sus espaldas, por supuesto, por considerar un despilfarro semejantes cantidades, lo cual nos hace pensar sobre la posible verosimilitud de las mismas.

Sea como fuere, Ziryab aceptó la tentadora oferta, se asentó en Córdoba y su figura y su obra acabaron por modificar de forma importante el mundo de su tiempo en al-Andalus. No es fácil asumir todo lo que sus contemporáneos nos transmitieron sobre sus logros. Es casi imposible creer que un solo hombre pudiera haber destacado en campos tan dispares y que su influencia fuera tan espectacular. Estamos tentados a compararlo, salvando las inevitables distancias, con figuras como el mítico Imhotep egipcio, o, a otro nivel muy distinto, con el gran Leonardo da Vinci, por la amplitud de las facetas en las que destacó.

Según esos relatos, Ziryab fue entre otras cosas quien introdujo en al-Andalus la gastronomía y la cocina oriental, aportando nuevos productos como los espárragos, las alcachofas o las judías blancas. También fomentó el uso de los vasos de cristal en sustitución de las ostentosas vajillas metálicas fabricadas en la corte con oro o plata. Fue el primero en emplear los manteles de cuero para las mesas a la hora de comer y estableció el orden que actualmente mantenemos en los menús: gazpacho o sopa como entrantes, legumbres de primer plato, pescado o carne de segundo y finalmente los dulces de postre.

Fue él quien inició la moda y la elegancia en el vestir con los hasta entonces desconocidos vestidos de seda o las ropas de tonos blancos para el verano y las negras para el invierno. Completó las innovaciones trayendo también perfumes y cosméticos de Oriente, así como creando los salones de belleza en los que impuso la manicura y nuevos cortes del cabello como el flequillo.

Pero donde con más diferencia destacó fue en la música. Según se dice conocía y era capaz de cantar más de diez mil canciones diferentes, para cuyo acompañamiento perfeccionó el laúd añadiéndole una quinta cuerda. Fundó en Córdoba el primer conservatorio de música, y en él introdujo la nawba o ñuba, un canto árabe que a través de los moriscos llegó en el siglo XVI al conocimiento de la etnia gitana, y parece ser que de él se deriva el cante flamenco actual. En honor a Ziryab, hoy día un importante taller musical recibe su mismo nombre.

Fue también un gran poeta, y en su tiempo aparecieron las primeras moaxajas (que podemos traducir literalmente como ‘collares’). Se trata de un tipo de poesía culta en árabe a modo de cancioncilla, aunque no se le atribuye a él directamente el invento. En otro orden de cosas se le considera el introductor del juego del ajedrez en Europa, aunque esta afirmación es discutible, pues parece que ya se practicaba desde un poco antes de que él llegara. También promovió un juego muy parecido al que conocemos actualmente como el polo.

Ziryab fue el encargado por el emir de fijar las normas del protocolo de la corte cordobesa. Finalmente, a él se le atribuye la difusión de determinadas supersticiones todavía muy de moda entre numerosas personas, como por ejemplo atribuir al número 13 o a la rotura de un espejo ser señal de mala suerte, el hecho de que las embarazadas tengan “antojos”, la idea de que los niños que juegan con fuego se orinan en la cama, o costumbres extrañas como que ingerir rabos de pasas es bueno para la memoria.

Ziryab, al margen de los mitos o leyendas que se tejen falsamente a su alrededor, fue sin duda el gran renovador de la cultura andalusí, y sin duda su influencia ha llegado en determinados aspectos hasta nuestros días. Su fallecimiento tuvo lugar en el 857. Pero aún siendo el personaje cultural más importante del mundo de su tiempo no fue, en modo alguno, el único que hemos de mencionar.


Share Button

Adquiere nuestros libros impresos con un 5% de descuento, gastos de envío gratis y la versión ebook de regalo. Solo tienes que visitar la tienda online de Punto de Vista Editores e ingresar el código de cupón PDV-04001


Estoy orgulloso de la ciudad en la que nací. Séneca o Averroes, entre otros muchos, vieron allí su primera luz. No puedo decir lo mismo del año. Por esos mismos días, unos sesudos ministros pergeñaban un complicado plan para “estabilizar” al país, aunque tampoco debió ser un mal año en especial. Luego, di algunos tumbos y acabé en una ciudad vecina, Sevilla. Allí formé mi vocación como historiador, mi especialización como geógrafo y mi profesión como profesor. De aquella cátedra remota llevan ya más de un cuarto de siglo aguantándome mis alumnos. De 2014 es mi más reciente obra de divulgación, Al-Andalus, publicada en Punto de Vista Editores.

Participa en la discusión

  • (no será publicado)