La idea de Europa

Por . 19 noviembre, 2014 en Siglos XIX y XX
Share Button

Los historiadores recordamos lo que otros quieren olvidar, decía Eric Hobsbawm en una afortunada expresión.

La idea de Europa como el centro de la libertad y el progreso, unida y con historia común, se hizo añicos con la tendencia persistente que mostraron los europeos a matarse/aniquilarse durante el siglo XX. Y lo de que Europa era el centro de la democracia quedó también en cuarentena ─de años, no de días─ con el fracaso del liberalismo entre 1914 y 1945 y la aparición del fascismo y el comunismo, que, por cierto, también forman parte del patrimonio político común, queramos o no.

El problema surgió también con la aparición de visionarios que querían rehacer/reconstruir Europa. Cuando lo intentaron y lo hicieron con burocracias y tecnologías modernas, el resultado fue el genocidio, los campos de concentración, la represión de todo lo que se movía en contra y la muerte de la ciencia y de la cultura.

Como todo eso comenzó a ser historia en la Europa occidental de la segunda mitad del siglo XX ─aunque no en la península Ibérica ni en el Este─, parecía que había una aceptación universal de la democracia y la gente ya no tenía que luchar por ella.

El historiador Mark Mazower ya señaló en su brillante La Europa negra que lo que había triunfado en 1989 era el capitalismo, no la democracia. Y ese triunfo del capitalismo se ha vuelto más intenso desde que él publicó el libro en 1998.

Por una parte, la globalización de los mercados financieros se ha impuesto a la intervención de la política sobre la economía y el culto al dinero ha sacado a la luz los peores vicios de esa subordinación al capital en forma de corrupción y distancia entre la política y la sociedad civil.

Por otro lado, el sindicalismo llamado de clase, uno de los límites a la explotación, cedió terreno ─o se subordinó completamente─ a la burocratización y a la adaptación al capitalismo. Y una vez ha caído también esa identidad que todos ya creíamos nuestra del Estado benefactor, lo que queda es una apelación al ultraliberalismo/individualismo ─qué poco han leído de historia─ o a las propuestas populistas de redención y de rehacer de nuevo todo ─como si los desastres del pasado tampoco a les enseñaran nada─. Y lejos de Europa, triunfando, con perspectiva futura, el capitalismo autoritario y superexplotador de China.

En suma, la democracia ya no tiene enemigos enfrente ─el fascismo o el comunismo─, sino dentro ─en los políticos, en los medios de comunicación, en los nuevos redentores y en la apatía de la mayor parte de la sociedad civil─. Y por si fuera poco, los Estados/nación, lejos de esfumarse, vuelven a la actualidad.

Es la crisis la que ha sacado con toda su crudeza a la superficie la complejidad de esas historias nacionales y culturales, poniendo en su sitio a quienes pensaban que tenemos un patrimonio y herencia comunes por encima de los conflictos y las guerras.

Los historiadores recordamos lo que otros quieren olvidar. El presente se parece al pasado, pero difiere también mucho de él. Lean historia y comprobarán que, frente al caos, los visionarios y promotores del nuevo orden ya dejaron huellas por estas tierras ─españolas y europeas─ no hace mucho tiempo.

 

Reflexión hecha por el autor con motivo de la preparación de la ponencia Historia e ideología como presupuesto de futuro en la jornada Europa como idea organizado por la Fundación Manuel Giménez Abad y la Fundación Friedrich Ebert (13 de noviembre de 2014, Palacio de la Aljafería, Zaragoza)


Share Button

Adquiere nuestros libros impresos con un 5% de descuento, gastos de envío gratis y la versión ebook de regalo. Solo tienes que visitar la tienda online de Punto de Vista Editores e ingresar el código de cupón PDV-04001


Participa en la discusión

  • (no será publicado)

  1. gravatar Carlos Responder
    noviembre 19th, 2014

    Magnífico. Un acertado, conciso , profundo y real análisis de la situación actual, sobre el que todos deberíamos reflexionar.