Guía de lectura de “Espías de Franco. Josep Pla y Francesc Cambó”

Por . 17 diciembre, 2014 en Siglos XIX y XX
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La editorial Fórcola ha publicado recientemente un libro de indudable interés que ha merecido la atención de numerosos lectores y de los mejores especialistas en el periodo estudiado: se trata de Espías de Franco. Josep Pla y Francesc Cambó, de Josep Guixà.

Agradecemos al editor, Javier Jiménez, permitirnos publicar un texto escrito por el propio autor de la obra en el que nos desvela cuáles son los aspectos más significativos de la misma.

 

Vayamos con esa guía…

 

Espías de Franco. Josep Pla y Francesc Cambó

La famosa imagen del artículo «Retorno sentimental de un catalán a Gerona» (artículo publicado en 1939 en La Vanguardia Española) explicando que, desde un monte cercano a su «mas» de Llofriu, se ve una serie de cementerios parroquiales, en cada uno de los cuales Pla tenía un antepasado enterrado –una imagen que ya aparece en el borrador del Cuaderno gris y en Viatge a Catalunya (1927)– está inspirada en Maurice Barrès. El borrador del dietario muestra que el día que Pla tomó conciencia visual de ello, iba leyendo a Barrès, de que hemos encontrado una imagen similar (ligada a la su idea de «la tierra y los muertos») en La colline inspirée (pp. 40-41).

Estas parroquias no ardieron el 19 de julio, como se afirma en el Retorno..., sino el 23 de julio. Por otra parte, se ha dicho a menudo que la visita de un comando de milicianos de la FAI precipitó la marcha de Pla al extranjero en octubre del 36, pero su amigo y biógrafo Martinell comenta de primera mano que el grupo era capitaneado por el periodista Navarro Costabella. Dado que éste fue nombrado director de la incautada La Veu de Catalunya, el diario camboniano en el que trabajaba Pla, permite dar otras interpretaciones a la «visita» (pp. 75-76).

De nuestra investigación «sobre el terreno» en Palafrugell, pudimos extraer que, en contra del lugar común que Pla se hizo de la Lliga a comienzos de 1928, cuando redactaba el primer volumen de la biografía autorizada de Cambó y coincidiendo con su traumática salida del semanario L’Opinió y de La Publicitat, ya a comienzos de 1926 había tomado partido por la derecha catalanista, aunque la retirada temporal de la política de Cambó le obligó a prolongar su colaboración con la prensa de izquierdas. Lo indica que su hermano Pere se ennoviase con la hija del influyente patriarca del gremio del corcho y amigo de Cambó, Joan Miquel –mecenas de Pla en su exilio londinense, durante el cual incluso trabajó para la sucursal inglesa de Manufacturas del Corcho S.A. (p. 81)– y lo corrobora una columna de Pla en La Publicitat a principios de 1926, que provocó la respuesta airada de Rovira Virgili y de Josep Carner. También queda evidenciado en la correspondencia de 1925-26 con su hermano Pere Pla (pp. 81-85).

La otra gran aportación del libre, al margen de los informes de la red de espionaje SIFNE, es que, a la vez que era corresponsal en Madrid de La Veu de Catalunya (el órgano de la Lliga), Pla colaboraba de forma anónima pero permanente en las revistas falangistas FE (1934) y Arriba (1935). Ello había sido ya insinuado por gente como el falangista catalán José María Fontana, pero no habría podido publicarse (pese a las concomitancias estilísticas y temáticas con crónicas de Pla de La Veu como una referida a Azaña; p.223), si, rebuscando en los papeles familiares del falangista José María Alfaro, no hubiésemos encontrado una entrevista de 1967 en la que el que fuera secretario de José Antonio y letrista del Cara al sol declaraba cómo Pla le enviaba un artículo semanal para la revista de Falange (pp. 154-155). En cambio, no hemos aclarado si era Cambó quien estaba detrás de esta colaboración de Pla con la vieja guardia falangista.

Una vez iniciada la guerra, como ya se ha dicho, Pla estará recluido tres meses en el mas familiar de Llofriu. A propósito de su huida a Marsella, hemos localizado un testimonio del viaje en barco (el prohombre carlista Bartolomé Trias; pp. 96-97) y la breve nota del agente Sentís dando noticia a la SIFNE de la llegada de Pla a Marsella (p. 116).

La leyenda de que Pla, para vigilar los muelles de Marsella bajo la lluvia, pidió una gabardina al estado mayor de Salamanca, el cual le contestó que no entendía la clave telegráfica empleada, proviene de un chiste del semanario satírico L’Esquella de la Torratxa del 27 de agosto de 1937, cuando la red de espionaje SIFNE fue desarticulada por la policía francesa y denunciada por la prensa. La intención del chiste era hacer burla de la inexperiencia o chapucería de los periodistas-espías (p. 51).

Documentándonos sobre el grupo de antiguos policías de la Generalitat que colaboraron con la SIFNE en Perpiñán (una gran fuente de informaciones per la red, juntamente con las infiltraciones de Sentís en París y los análisis planianos), el autor encontró un documento que atribuye el asesinato por la FAI del policía Jaume Vizern, que autores como Josep Benet han relacionado con un ajuste de cuentas por su investigación sobre el asesinato faista de los hermanos Badia, con las mafias policiales que otorgaban salvoconductos para huir de la zona republicana (p. 124). De estos mismos trapicheos surgen una aportación biográfica interesantes sobre el agente (de la SIFNE y de la policía) Pedro Polo Borreguero, tan importante en la lucha anticomunista en la posguerra (pp. 124-125).

Y puestos a hablar de temas policiales, el hecho de que el 18 de enero de 1937 (nota 238) la SIFNE informase que el cadáver del asesinado comisario de orden público Rebertés fue quemado en Martorell (lo que modernamente no sería descubierto hasta los años 80 por los historiadores Solé y Sabaté-Villarroya), permite dar credibilidad a la información de la SIFNE, mes y medio antes del asesinato, recogiendo el complot de la facción separatista Estat Català contra el presidente Companys (p. 119 y nota 237).

Conviene leer detenidamente los capítulos «Los secretos de la mediación» y «Un espía grafómano» en los que se atribuyen diversos informes anónimos de la SIFNE marsellesa a Josep Pla basándose, en algunos casos, en el estilo literario, y por lo general, en el hecho de que las «gargantas profundas» (Sagarra, Estanislau Duran Reynals, Serradell, Ferro) eran amigos suyos. Carlos Sentís declaró al autor que creía que el informe con la conversación de la SIFNE con Sagarra, negada en las biografías del poeta y dramaturgo, era obra de Pla. Aunque la delegación marsellesa tenía buenos agentes para la búsqueda de información (Ripol, Brugada o el propio Sentís el poco tiempo que estuvo), sólo había uno con la capacidad analítica que reflejan los informes, producto de haber escrito un comentario político, casi diario, en la prensa, durante diez años.

Simultáneamente a la etapa marsellesa, hemos localizado un texto inédito, también anónimo, de Pla, en Heraldo de Aragón de marzo del 37 (pp. 226-229), que conecta con las teorías de Cambó azuzando el espantajo del «anarquista de Tarrasa» (pp. 16-17), con la clásica visión planiana contraria a los republicanos burgueses, a quienes consideraba traidores de clase (pp. 56, 221, 225-229), además de anticipar su visión de 1939 de los payeses contra las colectivizaciones (p. 372).

También se le puede atribuir el memorándum «Actuaciones y orientaciones de la Masoneria en relación con la guerra de España» (pp. 201-202), que es un refrito de los anteriores informes de la SIFNE y liga con lo que el Pla más exaltado opinaba sobre la masonería (ver artículos con el pseudónimo de Frank en El Correo catalán en 1932; pp. 186-187).

Para entender el sentido de los informes de Pla es fundamental conocer el informe inédito del «neutralista» Amadeu Hurtado localizado en los fondos del ministerio de AAEE (pp. 197, 205). Otro documento, cedido por sus familiares, confirma las gestiones de Hurtado ante la diplomacia francesa, de acuerdo con un derrotista Azaña, en favor de un armisticio (pp. 191-192).

Volviendo a Pla, también se detecta su participación (p. 257) en los contactos de la SIFNE con algunos líderes de Estat Català para desestabilizar la retaguardia republicana. Hasta ahora se conocía el enigmático telegrama de Nicolás Franco (19-IV-1937) indicándole a Bertrán y Musitu que los «escamots» de Estat Català debían pasar a la acción. Una de las grandes aportaciones del libro es descubrir que, tras enviar a primeros de abril del 37 un memorándum al cuartel general de Salamanca con el título Resumen de las informaciones obtenidas de fuente autorizada sobre el proyectado Movimiento de Estat Catalá (pp. 243-246), en el cual la SIFNE sugería que Estat Català podía ser el agente provocador que desencadenase las luchas internas en Barcelona, el hermano de Franco dio luz verde, en efecto, al plan. Pese a evaluar in situ la situación en Barcelona (p. 255) y tras reunirse con el líder separatista Josep Maria Xammar, la SIFNE reconoció que los «hechos de mayo» estallaron al margen de Estat Català. Sin embargo, éstos desencadenaron una reunión de urgencia en París de Bertrán Musitu, Estelrich y el también líder separatista Josep Dencàs (pp. 262-263). Un mes después, cuando la situación en Barcelona se había normalizado, hubo nuevos contactos (pp. 287-288).

En contra de las versiones que sostienen que los comunistas no planearon los «hechos de mayo», ya en enero del 37 la SIFNE parisina informaba de una conversación con el político del PSUC (partido comunista catalán) Domènec Escorza, en la que éste reconocía la estrategia comunista de irse apoderando de parcelas de poder para poner nerviosa a FAI y acabar provocando un golpe de mano desesperado de los anarcosindicalistas que justificase la intervención de las fuerzas de seguridad a las órdenes de la Generalitat/gobierno de Negrín/embajada de Moscú (p. 231). Ello desmiente las fabulaciones sobre una mano oculta (POUM, quinta columna fascista o el propio Estat Català) detrás de los «hechos de mayo» (p. 253).

El hecho de que el contraespionaje republicano situase a Pla a París en verano del 37 –como asimismo se sabía por el testimonio de su pareja Adi Enberg– permite rastrear su huella en los informes de la SIFNE parisina, y, muy especialmente, en los artículos del Boletín de Información Española que editaba la oficina de propaganda de Cambó que dirigía Joan Estelrich. Una carta inédita del amigo de Pla –y hombre de Manuel Aznar–, el periodista Antonio Cacho Zabalza, enumera los contactos que hicieron juntos en París (pp. 295-296).

Tras la estancia de Pla en París, y en plena persecución policial francesa a los jefes de la SIFNE, los informes republicanos muestran que Pla se trasladó a Biarritz (p.313). Hay diversos informes de la agencia que llevan claramente su sello (pp. 314-315, 318).

En cuanto a Cambó, revelamos que nunca dejó de orientar la propagada exterior del bando franquista (p. 306), su misterioso papel en los bombardeos de Barcelona de marzo del 38 (pp. 355-356) y en una compra de armamento en Bélgica (pp. 235-236, 329)

Damos cuenta, por primera vez, del contenido de las gacetillas que en abril del 38 Pla redactó para el diario La Vedetta d’Italia de Fiume.

Al margen de detectar nuevos artículos anónimos pero claramente redactados por Pla, bajo las siglas X.X, en El Diario Vasco (1938), resaltamos que sus escritos en San Sebastián sobre José Antonio Primo de Rivera provocaron una enfrentamiento entre el diario donostiarra dirigido por Manuel Aznar y el diario falangista Libertad de Valladolid (pp. 364-365).

Una vez señalada esta orientación, digamos más liberal, del grupo Giménez Arnau/Aznar/Pla (incluso Serrano Suñer, en aquel momento, necesitaba «seducir» a las democracias burguesas para evitar interferencias de última hora ante la campaña catalana), ello permite detectar dos o tres «billetes» anónimos de Pla en la sección internacional de La Vanguardia Española (pp. 374-375).

Se puede datar cronológicamente e identificar el «delator» de Pla en el incidente que sufrió en Madrid en 1940, por el cual fue obligado a escribir un par de panegíricos de Mussolini. Se sabía que Carlos Sentís justificó por carta ante Pla que le pilló por sorpresa la reacción del interlocutor (p. 49), pero además nos explicó que el delator era el jefe superior de policía madrileño Orbaneja. ABC del 12 de diciembre de 1940 anuncia el nombramiento de Orbaneja y los artículos de «castigo» de Pla salieron, en efecto, en diciembre de 1940 y en enero de 1941

El epílogo trata de demostrar que, pese a haberle sustraído el manuscrito de Historia de la Segunda República Española, Pla seguía el guión marcado por Cambó de una colaboración desacomplejada con el nuevo régimen, tratando, eso sí, de ponerle un acento catalán. Quizá los últimos años se ha dado a entender excesivamente que Cambó, por intereses económicos particulares, arrastró a Josep Pla –y a otros miembros de la Lliga– hacia el bando y el régimen franquista. Mientras políticos como Ventosa acabaron desvinculándose del régimen, Pla siempre sostuvo que convenía colaborar y en 1957 aplaudió la entrada de los antiguos cuadros de la Lliga en las instituciones.


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  1. gravatar Safa Responder
    agosto 8th, 2015

    Hola mola ser
    Espía agente jo quiero ser