¿Quién se acuerda del siglo XX?

Por . 28 enero, 2015 en Reseñas
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Escribir una historia del siglo XX que no supere las 250 páginas debe de ser un encargo complicado. Lo digo desde la perspectiva de quien solo ha vivido como testigo con suficiente conocimiento los últimos 15 años del mismo.

¿Beneficia la brevedad de la obra a la objetividad de un libro así? Podría pensarse que lo reducido del número de páginas llevaría a un historiador a concentrarse en los hechos y olvidar las apreciaciones personales, un lujo cuando cada palabra elegida deja fuera otra, quizá no esencial, pero sí lo bastante sustancial para que el resultado sufra.

En Historia mínima del siglo XX, su autor, John Lukacs, que menciona en varias ocasiones a lo largo del libro la necesidad de concisión del encargo, no tiene sin embargo reparo alguno en ser personal, y hasta en desdeñar la exigencia de objetividad de su relato, como cuando habla de la voluntad divina de extender la democracia, o dice de Fidel Castro que siempre se mantuvo física y mentalmente enfermo.

La historia es, según Lukacs, el registro y la memoria de la humanidad. Y ese registro no lo llevan a cabo ni el protagonista, ni el testigo. Lo llevan a cabo los historiadores. Quedan los documentos generados por el propio hecho, pero al fin y al cabo, son ellos quienes dan forma a todo ese cúmulo de recuerdos, memorándum, discursos y demás registros.

Según Lukacs, el siglo XX se extendió desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial, en 1914, hasta la caída del muro de Berlín, en 1989. Más adelante, sin embargo, se preguntará si de verdad sucedió algo relevante una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, como si todo lo sucedido entre 1945 y 1989, el final del colonialismo europeo, el surgimiento de China como potencia mundial o el nacimiento del Tercer Mundo solo fueran hechos secundarios, eclipsados siempre por dos guerras mundiales y dos grandes protagonistas: Estados Unidos y Hitler.

En el caso de Estados Unidos, la importancia que tiene en el desarrollo de las dos guerras mundiales justificaría por sí sola su protagonismo. En el caso de Hitler, Lukacs afirma que la Segunda Guerra Mundial fue provocada exclusivamente por él.

Hitler es visto, pues, como un fenómeno de la naturaleza, como un ser casi surgido de la nada, una fuerza de voluntad que trastocó para siempre el curso de la historia de Europa.

A mí me cuesta entender a Hitler de esa forma, y no puedo dejar de ver la interpretación de Lukacs como una exención de culpa de la sociedad alemana. Como si Hitler hubiera hipnotizado a su pueblo y a todas las potencias europeas, que despertaron libres de culpa con el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Según Lukacs, el régimen comunista, y el anticomunismo como la ideología más popular de la Europa occidental, contribuyeron al éxito inicial de Hitler. En ese sentido, el comunismo ocupa un lugar secundario en su visión del siglo XX, y lo considera como un breve paréntesis en un milenio de historia rusa.

Pero muerto Hitler, el principal protagonista del siglo XX fue Estados Unidos, la potencia mundial más benévola de la historia según la interpretación de Lukacs.

La sociedad estadounidense es representada en el libro como la menos beligerante e imperialista de todas. El expansionismo territorial de Estados Unidos ha sido escaso, lo que se puede decir que inauguró una nueva era en la que la importancia de un país no se medía tanto por los territorios conquistados, como por su área de influencia política y económica (si es que son dos cosas distintas).

Tal es la importancia de Estados Unidos en el desarrollo de las dos guerras mundiales, que Lukacs se pregunta, en uno de los pasajes más interesantes del libro, qué habría pasado si Theodore Roosevelt hubiera sido el presidente estadounidense, en lugar de Woodrow Wilson, en 1914, cuando estalló la Gran Guerra.

Lukacs cree que Estados Unidos habría entrado en la guerra antes, lo que habría acortado la duración de la misma y evitado muchas de sus penosas consecuencias. Aunque el historiador no se explaya, no hace falta mucha imaginación para plantearse qué camino habría seguido la historia: ¿se habría producido la Revolución Rusa? ¿Habría sufrido Alemania la humillación que llevó a una gran parte de la sociedad alemana a optar por la reivindicación del orgullo alemán que promulgaba el nacionalsocialismo?

La Primera Guerra Mundial es en el libro de Lukacs el hecho histórico más relevante del siglo XX. Sus consecuencias fueron la pérdida de territorio de los alemanes y el fin de su monarquía; la disolución del Imperio Austrohúngaro y el fin también de su monarquía; la creación de nuevas fronteras, el final del zarismo y la contracción de Rusia.

Tras la Primera Guerra Mundial, Europa se convierte en la vieja Europa. Deja de marcar la dirección de la historia, para dejar paso a Estados Unidos, que en los años 20 alcanza el primero de los varios cenits de influencia global.

Aunque una de las figuras más reconocidas, asociadas en la imagen popular que tenemos sobre la Segunda Guerra Mundial es Winston Churchill, Lukacs le concede una importancia relativa únicamente. Según él, su papel fue lograr aguantar hasta que Estados Unidos entró en la guerra, momento a partir del cual se convierte en una figura de apoyo, pero ya no protagonista.

La historia entre 1945 y 1989, si bien no carece de importancia, parece secundaria comparada con los hechos que la precedieron. Es difícil no ver esta interpretación como eurocentrismo en su máxima expresión.

Al fin y al cabo, estamos viviendo las consecuencias de lo que comenzó a suceder precisamente en ese remanso de la historia: surgimiento de China como una potencia sui generis, preferencia de Estados Unidos por China, en detrimento de sus relaciones con la URSS, fin del colonialismo europeo, nacimiento del Estado de Israel, etc.

Pese a que Estados Unidos inicia en la década de los 20 el cierre paulatino de sus fronteras a la llegada de extranjeros, siempre han mostrado una mayor capacidad de integración que Europa. Esta capacidad de Estados Unidos de hacer que las segundas generaciones de inmigrantes se identifiquen como estadounidenses, es algo que no debería dejar de fascinarnos a los europeos, que asistimos a la multiplicación de guetos en nuestra sociedad.

La idea de que todos los hombres somos iguales, que cada día choca más con una sociedad dividida y un mundo que se inclina cada vez más hacia la barbarie, ha dejado de extenderse por el mundo, como afirma Lukacs.

Puede ser cierto que hay más democracias en el mundo hoy que hace un siglo. Sin embargo, igualmente cierto es que en aquellos países donde no ha habido un desarrollo histórico de las ideas que sostienen un sistema político tan poco evidente, la democracia es solo un episodio fugaz y siempre imperfecto y violento. La democracia no solo no se está extendiendo por el mundo, como no se está propagando la idea de la igualdad de los hombres, sino que se puede afirmar que en la Europa donde nació esa idea, cada vez menos ciudadanos creen en ella.

 

 

Historia mínima del siglo XX

 

John Lukacs

 

Turner

 

2014

 


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Nací en Madrid en 1976, y viví gran parte de mi infancia (no toda) y mi adolescencia (no toda) en el pueblo de Coslada, al que algunos llaman hoy ciudad. El hecho de que estudiara Física primero y Filosofía después puede ser interpretado como una señal de la amplitud de mis intereses, o del desorden de los mismos. Apasionado de la música y la literatura, mantengo un blog de música llamado Efecto túnel; y otro de actualidad social y política, Ágora o nunca.

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