Bellido Dolfos, de traidor a hijo predilecto

Por . 9 febrero, 2015 en Edad Media
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Anatomía de la Historia te ofrece un epígrafe de la obra del ensayista José Manuel Lechado titulada Traidores que cambiaron la Historia, recientemente publicada en Punto de Vista Editores, extraído del capítulo VI (“La tra(d)ición medieval hispana”) y dedicado a la figura de Bellido Dolfos.

 

 

Bellido Dolfos, de traidor a hijo predilecto

La gran historia hispana de la traición medieval no acaba con el conde don Julián. Metidos en esa sucesión interminable de pequeñas guerras que los historiadores tratan de resumir en el impreciso término de «Reconquista», las defecciones iban a ser cosa corriente en un escenario político y militar en el que a los espadachines de uno y otro bando lo que más interesaba era su propio beneficio.

Quien habla todavía hoy de Reconquista sólo puede hacerlo en un sentido genérico, para situar al lector en un marco determinado. Por lo demás, esos 781 años de intenso desorden peninsular no pueden considerarse seriamente como una «cruzada» en la que unos esforzados reinos cristianos combaten desigualmente al poderoso y malvado invasor infiel. Si se quiere hacer un análisis serio de la situación sólo puede decirse que durante casi ocho siglos la península Ibérica fue un laberinto de pequeños países que se combatían unos a otros con vigor envidiable y sin parar mientes en confesiones ni creencias. Nunca hubo solidaridad alguna, ni entre musulmanes ni entre cristianos, y tanto los de la media luna como los de la cruz fueron enemigos y aliados cuando la ocasión lo requería, sucediéndose sin parar las traiciones, los cambios de bando y las renuncias más rastreras.

Y como ejemplo paradigmático de ello la traición quizá más famosa de toda la historia hispana, la que tiene como escenario la ciudad de Zamora y como protagonista al pérfido Bellido Dolfos, versión en pequeño y a la española del mítico Iscariote.

En pleno siglo XI el rey Fernando II, al morir, divide entre sus hijos los amplios territorios que había gobernado en vida: Castilla, para Sancho; León, para Alfonso; Galicia, para García; y las ciudades de Toro y Zamora para Elvira y Urraca, respectivamente.

No resulta sorprendente que ninguno de los hermanos quedara contento con este reparto, y cuando los huesos de Fernando no habían tenido aún tiempo de enfriarse, sus herederos ya estaban disputándose el derecho a reconstruir y unificar esa «España» que por entonces empezaba a perfilarse como eje dela Reconquista y cada vez más «castellana».

Así, Sancho II, llamado El Fuerte, va reduciendo poco a poco a sus hermanos: Alfonso es derrotado y enviado al exilio en la taifa de Toledo; García pierde Galicia y se refugia en la taifa sevillana. Con el sometimiento de Toro, sólo la ciudad de Zamora y su alfoz resisten el empuje castellano. La situación es desesperada en la villa del Duero, pero Urraca está dispuesta a aguantar, y pronto la ciudad sitiada se convierte en emblema de la independencia leonesa. Alfonso reivindica desde allí sus derechos a la corona de León, y Urraca, con la que mantiene al parecer unas relaciones más que fraternales, es su mayor aliada.

El ejército castellano acampa frente a los muros de Zamora y corre a sus anchas por toda la tierra circundante, pero la ciudad, bien defendida, no cae, y la moral de los castellanos empieza a menoscabarse. Sin embargo, dentro de la ciudad escasea la comida y la situación se torna difícil. Nada impide a los castellanos reabastecerse cuanto quieran o incluso retirarse a sus cuarteles de invierno y reanudar el cerco en mejor ocasión. Zamora no tiene esperanza, y tanto sitiadores como sitiados lo saben muy bien.

Es el ambiente propicio para una traición y va a producirse enseguida, aunque con un desenlace sorprendente. Bellido Dolfos, tal vez un gallego de las fuerzas de García que se unió a los zamoranos para proseguir la lucha contra Castilla, se presentó el día 6 de octubre de 1072 en el real de Sancho II asegurando que conocía un portillo oculto y desguarnecido por el que los sitiadores podrían entrar en la ciudad por sorpresa. No pidió a cambio más que el honor de ser vasallo de Castilla, aunque la leyenda asegura que fue el diablo el que le incitó a la traición, prometiéndole que tras asesinar al rey castellano desposaría con Urraca y se convertiría en rey de toda la cristiandad hispana.

Sancho podría ser o no fuerte, pero desde luego se mostró en esta ocasión muy confiado, pues sin escolta alguna se ofreció a acompañar a Bellido Dolfos hasta el pie de la muralla para examinar ese inesperado caballo de Troya. De repente el rey, sintiéndose algo descompuesto, se retiró a unos arbustos para aliviar las tripas, momento que el traidor aprovechó para asestar un lanzazo al castellano, que murió en el acto y de forma tan poco digna. Tal vez debería haber hecho caso de los avisos:

 

[box] «¡Rey don Sancho, rey don Sancho!, no digas que no te aviso,

que de dentro de Zamora un alevoso ha salido.

Llámase Bellido Dolfos, hijo de Dolfos Bellido;

cuatro traiciones ha hecho, y con esta serán cinco.

Si gran traidor fue el padre, mayor traidor es el hijo.

Gritos dan en el real: “¡A don Sancho han malherido!

Muerto le ha Bellido Dolfos, ¡gran traición ha cometido!”

Desque le tuviera muerto, metiose por un postigo,

por las calles de Zamora va dando voces y gritos:

“Tiempo era, doña Urraca, de cumplir lo prometido”.»[/box]

 

Así reclamaba Bellido Dolfos su recompensa al volver a entrar a Zamora por ese portillo que en 2010 aún se llamaba «de la Traición», pero la historia no está de acuerdo en cuál fue su destino. Como cabe imaginar, no recibió premio alguno, y las versiones más suaves indican que Urraca no le desposó pero le permitió escapar al exilio. Otros dicen que el propio Concejo de Zamora lo hizo prender y lo entregó a los castellanos, que lo descuartizaron vivo.

El ulterior ascenso al trono castellano-leonés-galaico de Alfonso VI no estuvo desprovisto de incidentes, ya que muchos castellanos sospechaban que el asesinato de Sancho había sido en realidad instigado por su hermano. Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, desempeñando sus funciones de alférez real, hizo pronunciar a Alfonso el famoso juramento que, según los romances, le costaría el destierro. Pero ni por ésas se pudo librar el débil soberano accidental de las sospechas.

La traición de Bellido Dolfos tuvo como consecuencia que, contra toda previsión, el gran reino volviera a quedar unificado, pero bajo el cetro de Alfonso VI, que concentró de nuevo en una sola corona el pequeño imperio heredado de su padre. Corría el año 1072, y aunque faltaban aún más de cuatro siglos para la caída de Granada, a partir de entonces Castilla nunca dejaría de ser la mayor potencia peninsular y verdadero artífice dela Reconquista.

Como curiosidad cabe decir que Zamora considera a Bellido Dolfos un héroe que intentó salvaguardar la independencia de la ciudad y del reino leonés. Para Castilla sigue siendo un traidor, lo que demuestra una vez más lo relativo que es el concepto de traición.


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José Manuel Lechado nació en Madrid el 17 de mayo de 1969. Se licenció en Filología Árabe e Islam por la Universidad Autónoma de Madrid. Prepara la tesis doctoral y ha terminado el primer curso de Dramaturgia por la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Entre sus actividades profesionales, aparte de escritor, ha sido músico de rock, editor de fanzines, anticuario y vendedor de chachivaches, negro literario… Se ha dedicado fundamentalmente al ensayo histórico y político, aunque también escribe narrativa, artículos periodísticos y teatro. Como investigador ha recuperado la obra de Vicente Blasco Ibáñez Crónica de la Guerra Europea de 1914, con un amplio resumen y estudio publicado en 2014 con ocasión del centenario de la I Guerra Mundial.

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  1. gravatar psicologas infantiles Responder
    julio 15th, 2015

    Buenas tardes! .Me gustaría dar un enorme aprobado por la gran información que tenemos aquí en este blog . Voy a volver muy pronto a leeros con esta web.

  2. gravatar José Manuel Lechado Responder
    mayo 30th, 2015

    Muchas gracias, Carmen, por esta información.
    Saludos.

  3. gravatar Carmen Responder
    febrero 9th, 2015

    Muy buen artículo. Sólo quería puntualizar una cosa y es que en diciembre de 2010, se cambió el nombre de la “Puerta de la traición” por “Puerta de la lealtad”. En ella se colocó una placa que dice lo siguiente:

    “PUERTA DE LA LEALTAD
    7 de Octubre de 1072
    Por este portillo, según la tradición, entró Bellido Dolfos tras dar muerte al Rey Sancho de Castilla y liberar del cerco a la ciudad de Zamora. Con el reconocimiento eterno de los zamoranos.
    Zamora, diciembre 2010”

    Gracias por el artículo, un saludo

    Carmen