La batalla del río Alia y las Guerras Samnitas

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Los celtas, conocidos con el nombre de galos por los romanos, se extendieron desde finales del siglo VI a.C. por el valle del Po hasta transformar la llanura de este río en la Galia Cisalpina.

 

La batalla del río Alia

Presionados por nuevos contingentes, los galos protagonizaron una serie de cruentas incursiones en el interior de la península Itálica. De este modo, hacia el 390 a.C., una banda de galos senones comandados por Brenno, tras el fallido intento de tomar Clusium, se aproximó a Roma. Junto al río Alia, en realidad un pequeño arroyo que desemboca en las aguas del Tíber, los ejércitos romanos que le salieron al paso fueron derrotados en el 387 a.C.

Roma, a excepción de la fortaleza del Capitolio, quedó arrasada en buena medida a instancia de los invasores. Finalmente, los galos se retiraron a cambio del pago de un gran rescate. Según la tradición historiográfica, cuando abandonaron Roma fueron sorprendidos y derrotados por el dictador Marco Furio Camilo, quien logró reunir las fuerzas suficientes como para poder imponer el poderío de Roma sobre cualquier tipo de amenaza.

Tras estos episodios, varias ciudades de la Liga Latina mostraron sentimientos de hostilidad hacia Roma, no dudando en ningún momento en acercar sus posiciones a ecuos, volscos o hérnicos, quienes no mucho antes habían sido enemigos. Paralelamente, Roma firmó un tratado de amistad y colaboración con la ciudad etrusca de Caere, entonces enfrentada a Siracusa, lo que suponía la automática enemistad de la primera potencia marítima del occidente griego.

Este juego de fuerzas dejaría a Roma frente a la principal rival de Siracusa, Cartago, con la firma de un segundo tratado en el 348 a.C., refrendado con un tercero en el 343 a.C. que reafirmaba los intereses romanos en el Lacio.

Por otro lado, los campanos y lo samnitas, pueblos oriundos de los Apeninos meridionales, ocuparon todas las ciudades etruscas y las colonias griegas que conformaban la llamada Magna Grecia, asimilando su cultura y fundando una serie de nuevas ciudades. En este sentido, no es extraño que Roma, con el propósito de dominar a la Liga Latina, buscase un nuevo aliado a espaldas de sus adversarios, concluyendo un tratado con los samnitas en el 354 a.C.

Los tratados firmados por Roma con cartagineses y samnitas y la decidida voluntad de extender sus intereses en la región de la Campania, hicieron comprender a los latinos que la equívoca política seguida por los romanos sólo perseguía suprimir la independencia del Lacio.

 

La Primera Guerra Samnita

Tras consolidar su dominio en el Lacio, Roma tuvo que resolver durante más de medio siglo (343-290 a.C.) tres nuevos conflictos contra los samnitas, quienes desde el sur ponían en serio peligro las aspiraciones romanas. Desde los Apeninos y con un potencial militar muy notable, los samnitas, en busca de tierras más fértiles, optaron por expandirse hacia la llanura campana, dominada en aquel entonces por los etruscos, quienes impidieron a las tribus samnitas llegar hasta el Tirreno.

En numerosas ocasiones los pueblos oriundos de los Apeninos intentaron expandirse por la Campania y por la costa tirrena, tentativas que fueron frustradas continuamente tanto por etruscos como por latinos.

La Primera Guerra Samnita se desarrolló entre los años 343 y 341 a.C. Después de someter a los auruncos, Roma fijó como siguiente objetivo la Campania, asegurando la frontera oriental que, a través del río Liris, la ponía en contacto con el Samnio. Por su parte, los samnitas comenzaron a ejercer presión sobre los sidicinos de la ciudad de Calés, quienes buscaron el apoyo de Capua.

Sin embargo, Capua fue derrotada por los samnitas apelando entonces el auxilio de Roma mediante la fórmula de la deditio, una fórmula legal que implicaba la entrega de la ciudad en lugar de un simple pacto, y por consiguiente un vínculo legal más estrecho que el reciente pacto entre romanos y samnitas. De esta manera, Roma encontró el argumento idóneo para poder atacar a sus antiguos aliados, debido al creciente interés que suponía para Roma expandir sus relaciones comerciales fuera del Lacio y absorber los centros comerciales para paliar de esta manera su excesiva dependencia de la agricultura.

La rendición de Capua no significó sino el casus belli que condujo a los samnitas y a los romanos a las armas. El ejército romano, dirigido por Marco Valerio Corvo, logró algunas victorias en la Campania y en el propio Samnio. Sin embargo, la guerra no fue avalada por sectores de la sociedad romana y, en este sentido, algunas guarniciones romanas ubicadas en la Campania se rebelaron sin éxito al ser fácilmente reprimidas por Valerio.

La Primera Guerra Samnita concluyó con una paz de compromiso en la que los samnitas reconocieron la adhesión de Capua a Roma y los intereses romanos en toda la Campania, mientras que Roma cedió los territorios sidicinos al ámbito samnita.

Inmediatamente después, en el año 340 a.C., los aliados latinos se rebelaron contra Roma al haber obligado a los miembros de la Liga Latina a luchar contra los samnitas sin consultarles previamente, sintiéndose oprimidos por el control que Roma ejercía sobre ellos. En el 338 a.C. la Liga Latina dejó de existir como tal y sus ciudades fueron integradas al territorio de la República romana.

Paralelamente, durante esos años también fueron frecuentes las contiendas entre galos y romanos con constantes triunfos de estos últimos. En el año 334 a.C. galos y romanos firmaron un tratado de paz por el que se acordó que los primeros permaneciesen en el fértil valle del Po sin que tuvieran ninguna necesidad de adentrarse en el territorio de Roma.

 

La Segunda Guerra Samnita

La desaparición de la Liga Latina y la intención de dirigir la política exterior romana hacia la Campania reabrieron de nuevo la cuestión samnita.

La inestabilidad política de ambos contendientes provocó que ambas partes optasen por la misma estrategia, es decir, conseguir aliados en la retaguardia: Apulia y Lucania, en el caso de Roma; las ciudades etruscas y umbras y las tribus del Apenino central, en el caso samnita.

El segundo conflicto entre Roma y los samnitas se desarrolló entre los años 327 y 304 a.C., tras la conclusión de la Segunda Guerra Latina en la que los samnitas habían prestado su apoyo a los romanos. Los samnitas interpretaron como casus belli tanto el apoyo que Roma ofreció a la ciudad de Neapolis (Nápoles), amenazada por los samnitas, como la fortificación de la ciudad de Fregellae en el 328 a.C.

Podemos distinguir dos fases en el desarrollo del conflicto: en una primera, entre los años 327 y 321 a.C., los ejércitos romanos trataron de cercar el territorio samnita. Sin embargo, en el 321 a.C. los ejércitos samnitas dirigidos por Cayo Poncio cercaron al ejército romano dirigido por Tito Veturio Calvino y Spurio Postumio Albino en las Horcas Caudinas, dos estrechos desfiladeros entre los que existía una extensa llanura cerrada a ambos lados por varias colinas.

Acorralado en un desfiladero junto a la ciudad de Caudium, el ejército romano, desarmado y semidesnudo, fue obligado a pasar bajo el yugo de las lanzas samnitas, una humillación que nunca olvidaría. Este episodio puso fin a la guerra hasta que en el año 316 a.C. Roma reanudase las hostilidades bajo la dirección de Lucio Papirio Cursor. Roma continuó sellando alianzas con las tribus de la retaguardia de los samnitas, fundando colonias en las fronteras del Samnio. Confiada, Roma volvería a atacar a los samnitas siendo de nuevo derrotada en el 315 a.C. en la batalla de Lautulae.

Tras estas dos derrotas, Roma, en la persona del censor Apio Claudio el Ciego, centró su estrategia en la construcción de la Vía Apia, una vía de 211 kilómetros de trazado que la comunicaría a partir del 312 a.C. con Capua, fundando colonias a lo largo de su recorrido con objeto de encerrar a los samnitas dentro de su territorio.

En el 312 a.C., los etruscos pensaron que, debido a que Roma estaba ocupada militarmente con los samnitas en el Sur, era el momento idóneo para luchar por su libertad. Pero Roma entabló una guerra en dos frentes en la que se distinguió el general Quinto Fabio Máximo Ruliano, quien se dirigió a la Etruria septentrional derrotando a los etruscos en las proximidades del Tíber en la batalla del lago Vadimón. En el 310 a.C. los etruscos se vieron obligados a rendirse, quedando el frente etrusco totalmente pacificado al año siguiente. Paralelamente, tras un avance sobre Apulia, el ejército romano logró tomar Boviano, la capital samnita.

El fin de la Segunda Guerra Samnita en el 304 a.C. trajo consigo el sometimiento de la práctica totalidad de la Campania por Roma y la renuncia a toda expansión por parte de la Liga Samnita.

No obstante, Roma se cercioró muy pronto de que los samnitas no habían sido totalmente conquistados por lo que aprovechó los años de paz para fortalecer sus posiciones en todas las direcciones.

 

La Tercera Guerra Samnita

La Tercera Guerra Samnita tuvo lugar entre los años 298 y 290 a.C. En esta ocasión, los samnitas liderados por Gelio Egnatio organizaron una coalición antirromana con los etruscos, los sabinos, los lucanos, los umbros y los celtas del norte de la península Itálica.

Además de grebas, el soldado samnita endosaba un yelmo que se caracterizaba por su similitud con el modelo griego ático al estar decorado con dos plumas verticales a los lados o con una cresta. Asimismo, en la cintura se ceñía un largo cinturón de bronce, símbolo de virilidad.

Por su parte, el guerrero etrusco portaba una estilizada coraza de bronce y un escudo redondo, también de bronce, cuya parte externa presentaba el dibujo de un jabalí blanco sobre fondo rojo y bordes negros. El yelmo más común entre los etruscos era el de forma cónica. Dotado de una larga lanza, el soldado etrusco contaba además con una espada de hoja curva, característica de su cultura, denominada kopis en griego.

Por lo que respecta a los soldados galos, sus yelmos y sus escudos en bronce eran decorados de forma muy llamativa. Asimismo, también manejaban largas espadas y lanzas.

Entre las varias batallas que se sucedieron, Roma fue venciendo a todos los pueblos que oponían resistencia recuperando Boviano en el 298 a.C. Las tropas samnitas huyeron entonces hacia el norte en busca de refuerzos. Así, en el 295 a.C. la alianza se enfrentó al ejército romano dirigido por los impetuosos cónsules Publio Decio Mure y Quinto Fabio Máximo Ruliano en la batalla de Sentino, ciudad samnita situada a 200 kilómetros al norte de Roma y a 50 kilómetros al sur de la frontera gala, siendo derrotada magistralmente por las tropas romanas si bien es cierto que éstas también sufrieron importantes bajas –las cifras que refiere Tito Livio hablan de 25.000 muertos y 8.000 prisioneros entre los enemigos, y de 8.700 bajas en el ejército romano.

Para liquidar a la coalición antirromana el ejército romano se dividió en dos frentes: Fabio atacaría a los samnitas y Decio a los galos.

El combate comenzó con la ofensiva de los carros de guerra galos que lograron romper la formación de las legiones romanas. A pesar de contraatacar formidablemente con su caballería, Decio cayó en el campo de batalla. Paralelamente, en el otro frente, Fabio venció fácilmente a los samnitas, lo que le permitió flanquear a los galos y ganar la batalla.

Los romanos aprovecharon la victoria para fundar en el territorio galo las colonias de Sena Gallica y de Ariminum (Rímini) y completaron el sometimiento de las ciudades etruscas.

Los samnitas, que continuaron la guerra con suerte muy desigual, sufrieron finalmente en el 293 a.C. una derrota definitiva en Aquilonia a manos del ejército comandado por Papirio Cursor, quien prácticamente puso punto y final a la resistencia de este pueblo. Etruria, por su parte, extenuada por la contienda, accedió a formalizar tratados muy poco ventajosos con Roma –en algunos casos, gran parte del territorio de algunas ciudades fue anexionado por Roma, como sucedió con Vulci, Caere, Tarquinia y Rosellae.

Tras firmar la paz con los etruscos, Roma fundó la colonia de Venusia en Apulia, con el propósito de frenar a los samnitas, quienes finalmente se rindieron en el 290 a.C. Desde ese momento, los samnitas se vieron obligados a ceder a Roma tropas auxiliares en caso de contienda siendo así progresivamente asimilados por la cultura romana.

Paralelamente, en el 290 a.C. Mario Curio Dentato logró conquistar y anexionar definitivamente los territorios sabinos. Su conquista abrió a Roma el camino hacia el Piceno y hacia el Adriático, regiones de sumo control estratégico para el dominio de los galos.

Con el Samnio dominado, Roma consolidó su control en Etruria y entre las tribus galas al este de Sentino. Con estas nuevas victorias, Roma reorganizó los nuevos dominios en una flexible confederación de socios y aliados que hizo posible fortalecer aún más su preeminencia en la península Itálica. De esta manera, de la construcción de un estado territorial en el Lacio e inmediatas localidades, Roma había pasado a la hegemonía itálica, con una enorme ampliación igualmente sobre la jurisdicción directa.


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Soy formalmente historiador desde que me licencié en Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid en 2004. En 2009 conseguí el título de doctor europeo por el Departamento de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid con la defensa de la tesis doctoral La Hispania de Cneo Pompeyo Magno y Cayo Julio César: modelos de gestión territorial y clientelar, obra publicada en 2012 por Sílex. He orientado mi labor investigadora a las relaciones sociales, a los movimientos migratorios y a la organización del territorio en la Antigüedad, así como a todo lo concerniente a la romanización y a la arqueología de España. Asimismo, tengo un gran interés por la antropología social y la etnoarqueología, colaborando en este sentido con varios organismos y plataformas. He realizado varias estancias como investigador en Italia, donde he completado mi formación como historiador y arqueólogo, y he participado en varias excavaciones arqueológicas en todo el territorio nacional.

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  1. gravatar Isabel Barceló Responder
    febrero 17th, 2015

    Muy interesante el artículo. Tanto el ataque de los galos a Roma como el episodio de las Horcas Caudinas dejanron honda huella en el corazón romano. Saludos cordiales.

  2. gravatar Colombo Responder
    febrero 16th, 2015

    ¿recomienda el autor alguna bibliografía?