Los mundos compartidos de Alfred Hitchcock y Edward Hopper

Por . 25 marzo, 2015 en Siglos XIX y XX
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De niños nos entreteníamos ante el televisor con el “juego de Hitchcock”. Supongo que muchos de vosotros habréis jugado: se trataba, por supuesto, de identificar al director británico en sus efímeras apariciones ante la cámara. ¡Es el que sale del ascensor!, gritábamos. ¡El señor que cruza la calle! ¡El que pasea al perro! El cine de Hitchcock ofrece otros juegos posibles, pero que, en la infancia, no estaban a nuestro alcance: por ejemplo, identificar las obras de arte que inspiran determinadas escenas. ¡Un Magritte, un Braque, un Munch! Y, por supuesto: ¡un Hopper!

Por una parte tenemos a Alfred Hitchcock, gran aficionado al arte y coleccionista. En su colección figuraban obras de Paul Klee —su artista favorito—, Giorgio De Chirico, Georges Rouault, Maurice de Vlaminck, Raoul Dufy y muchos otros artistas. La lista de pintores cuyas huellas pueden distinguirse en sus películas es extensa: Dante Gabriel Rossetti, Man Ray, Salvador Dalí, Georges Braque, René Magritte, George Grosz, Edvard Munch, Félix Vallotton… y, por supuesto, Edward Hopper.

Por otra parte, tenemos a Hopper, gran aficionado al cine, cuyos cuadros inspiraron a cineastas tan diversos como Fritz Lang, Robert Mulligan, Carl Theodor Dreyer, Robert Siodmak, Roberto Rossellini, Michelangelo Antonioni, Peter Bodganovich, Terrence Malick, David Lynch, Wim Wenders, Clint Eastwood, Sam Mendes y otros muchos, hasta llegar al auténtico festival “hopperiano” de Gustav Deutsch.

La relación de artistas que influyeron en Hitchcock y de directores cinematográficos en quienes influyó Hopper podría extenderse hasta el asombro o el hastío. Vamos a detenernos, por lo tanto, en este punto, y a reunir tan solo dos nombres: Hopper y Hitchcock. Ambos, aficionados en extremo a la mirada a través de la ventana: una mirada que se identifica con la del voyeur, el observador del cuadro, el espectador del film.

 

Edward Hopper, Night Windows (Ventanas nocturnas), The Museum of Modern Art, Nueva York, 1928

Si hablamos de ventanas y de mirones pensamos de inmediato, por supuesto, en La ventana indiscreta (1954). Cada una de las ventanas que aparece en la película enmarca un cuadro de Hopper puesto en movimiento: desde la bailarina en ropa interior, presente en Ventanas nocturnas (MoMA, Nueva York, 1928) hasta las personas solitarias o las parejas y sus desencuentros, pasando por la arquitectura representada y la distribución espacial en su conjunto. Las ventanas, en general, y la visión que nos ofrece la cámara al adentrarse por una ventana —utilizada, por ejemplo, en las primeras secuencias de La sombra de una duda y en Psicosis—, son muy frecuentes en las películas de Hitchcock.

Alfred Hitchcock, Rear Window (La ventana indiscreta, 1954)

Otra referencia muy conocida es la de la casa de Norman Bates en Psicosis (1960), relacionada con la Casa junto a la vía del tren (MoMA, Nueva York, 1925). El cuadro de Hopper ya había inspirado la mansión de Gigante, dirigida por George Stevens en 1956. Entre 1964 y 1966, la imagen de la casa reaparece en la serie La familia Adams y, en 1978, en la película Días de cielo, de Terrence Malick.

Para la casa de Psicosis se construyeron, en parte, la fachada principal y la lateral derecha; el resto se completó con piezas procedentes de otro edificio que se había utilizado en 1958 para la película de Frank Tashlin Rock-a-bye Baby, conocida en España como Yo soy el padre y la madre. En realidad, no se construyeron las fachadas que cerraban por completo la casa hasta 1964, cuando se rodó Invitación a un pistolero, de Richard Wilson. La casa, convertida en un gran atractivo turístico, fue reutilizada en diversas series televisivas. Por otra parte, la vista de Phoenix, al comienzo de Psicosis, se relaciona con el cuadro titulado La ciudad (colección privada, 1927).

Edward Hopper, Stairways (Escaleras), Whitney Museum of American Art, Nueva York, 1919

El interior de la casa de Bates, rodado en estudios, ofrece otros puntos de contacto con la pintura de Hopper. Las escaleras, por ejemplo, remiten al cuadro Escaleras en el número 48 de la calle de Lille en París (Whitney Museum of American Art, Nueva York, 1906). Las inquietantes escaleras que Hopper presenta en la obra así titulada –Escaleras, Whitney Museum of American Art, Nueva York, 1919– hallan su reflejo en La sombra de una duda (1943).

La sombra de una duda, protagonizada por Joseph Cotten y Teresa Wright, muestra varios ecos de la pintura de Hopper, además de las citadas escaleras. Mencionaré solo cuatro: los planos urbanos, evocadores de obras como Calle de Gloucester (colección privada, 1928); la casa de la familia Newton, tan similar a varias de las casas pintadas por Hopper; la secuencia en la que la joven Charlie y su novio se hallan a las puertas de la iglesia, próxima a Verano (Delaware Art Museum, Wilmington,1943), y el puente que aparece en los primeros planos, de composición semejante a la del cuadro Puente de Queensborough (Whitney Museum of American Art, Nueva York, 1913), composición que reaparece en la visión del Golden Gate en Vértigo.

Alfred Hitchcock, Shadow of a Doubt (La sombra de una duda, 1943)

Las influencias pictóricas que se recogen en Vértigo (1958) son muy variadas. En el caso de Hopper, cabe mencionar la torre de la iglesia, muy próxima a algunas de sus representaciones de faros. En Marnie la ladrona (1964) hay también varias citas visuales a Hopper, entre las que destacan las vistas urbanas y el ambiente geométrico de la oficina, evocador de Oficina de noche (Walker Art Center, Minneapolis, 1940). Lo mismo se puede decir de las casas, calles y comercios de Los pájaros (1963), o de escenas como aquella, en Cortina rasgada (1966), en la que vemos a una pareja en ambos extremos de la habitación donde se hallan, dándose la espalda.

Alfred Hitchcock, Marnie (Marnie, la ladrona, 1964)

Hay un dibujo de Hopper, Sombras nocturnas (MoMA, Nueva York, 1921) cuyo encuadre en picado es recogido por Hitchcock en 39 escalones (1935) y Extraños en un tren (1951). En 39 escalones se reconoce también la huella de Hopper en la escena de una mujer que lee, muy parecida a la que se ve en el cuadro Compartimento C, coche 193 (colección privada, 1938).

Los mundos de Edward Hopper –sus ciudades, casas, campos, faros, oficinas, coches, cafeterías, estaciones, habitaciones de hotel–, así como las posturas y actitudes que, en muchas ocasiones, adoptan los personajes, hallan su fiel correlato en diversas películas de Alfred Hitchcock, quien en más de una ocasión reconoció, sin ambages, la deuda contraída con Hopper. El suspense de Hitchcock encuentra una espléndida expresión plástica en las pinturas de Hopper, donde, bajo una falsa apariencia de realismo, se esconden ámbitos más inquietantes y una tensa espera.


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  1. gravatar Rosa Responder
    septiembre 6th, 2015

    Muy interesante y añade muchas cosas a la entrada de tu blog “Las ventanas de Hopper”. Encantada de haber descubierto esta página.

  2. gravatar Suni Mocholi Responder
    marzo 25th, 2015

    Qué interesante esta aportación sobre Hopper y Hichtcock.