50 razones para ver El hundimiento

Por . 16 abril, 2015 en Reseñas
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Horror, espanto, crueldad, masacre… son algunos de los adjetivos que surgen en cascada después de visionar El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004).

Y lo más sorprendente es que lo narrado en el filme ocurrió realmente en la civilizada Europa hace poco más de medio siglo. Por eso hay que echarle un vistazo a la película, pues hay muchas razones para verla con tranquilidad. Ya saben, la primera de ellas no tiene por qué ser la más importante. Una película de este calado hay que entenderla como un mosaico de pequeñas verdades y de momentos únicos de inspiración, que cada cual puede indexar —¿se dice así, verdad?— como le plazca. A veces es una imagen, otras un diálogo o una atmósfera determinada que definen el universo (terrible, por cierto) mostrado durante el largometraje: los últimos días del III Reich. Fascinantes, ¿verdad?

1. Bajen a los túneles del metro y vean cómo un oficial impone una condecoración a un valeroso soldado que había atravesado las líneas rusas para enviar información, cualquier parecido con un cuartel es pura coincidencia. Que se lo pregunten a los heridos que gritan de dolor a su alrededor.

2. Nada mejor que ser un oficial de las SS y no sobrevivir a un mundo sin nazismo minutos antes de entregarse a los rusos. Nadie se extraña que los oficiales se salten la tapa de los sesos entre enfermeras y soldados a los que no les importa entregarse al enemigo.

3. Magda Goebbels, de soltera Magda Quandt, juega un nervioso solitario en una de las estancias del búnker después de haber asesinado a sus hijos, a los que les negó sobrevivir al nazismo.

4. Tal vez el actor Bruno Ganz sea el Adolf Hitler cinematográfico más convincente de la historia. Desde la primera escena nos ha atrapado y ya no hacemos conjeturas de su parecido o no razonable con el personaje.

5. Entre usted y yo: el cine alemán es limitado —excepción hecha de los años treinta—, pero si se dedica a contar su pasado, con nazis de por medio, la cosa cambia. El hundimiento es una buena prueba, toda una obra de arte cinematográfica.

6. “El Reich acaba aquí, buena suerte…”, le dice de manera irónica un comandante de una unidad Panzer al médico de las SS Ernst-Günther Schenck. Le habla desde un canal del río Spree, en la otra orilla ya están los rusos. El Reich de los mil años ya sólo controla calles de la capital.

7. Pues sí, las primeras tropas rusas en entrar en el búnker fueron mujeres, que se toparon con el ingeniero que mantuvo en funcionamiento los generadores eléctricos. La escena tan sólo se puede ver en la versión extendida del filme. Su primer botín de guerra fueron los vestidos de Eva Braun.

8. El sonido de las ametralladoras que se escucha de fondo constantemente y que cada vez se perciben más cerca de nosotros, meros espectadores de la batalla de Berlín.

9. La destrucción de las calles, de los edificios, del tendido eléctrico, de las conducciones de agua y gas, la falta de transportes y de comida, de comunicaciones, la oscuridad de las noches, la niebla producida por las bombas por la mañana y el aire irrespirable que huele a carne podrida y pólvora (menos mal que las sensaciones olorosas no nos llegan, nos las imaginamos).

10. No tienen ningún tipo de desperdicio las intervenciones del doctor Goebbels, incluyendo su testamento, al dictado y a la misma secretaria personal (una de ellas) de Adolf Hitler, son sencillamente de traca.

11. Cuando Hitler saluda a los gerifaltes del régimen con motivo de su cumpleaños —es una huida encubierta de la mayoría de ellos— se da la vuelta y se aprecia el temblor de su mano izquierda. Está afectado de la enfermedad de Parkinson.

12. Son muy conocidas las imágenes reales de Hitler en el jardín exterior del búnker pellizcando tiernamente la oreja de un niño voluntario (o no) de las juventudes hitlerianas al que le va a colocar, nada menos, una Cruz de Hierro de Primera Clase. En esta película asistimos a una recreación magnífica de ese momento desde el punto de vista del niño, Peter Kranz, uno de los ejes narrativos del filme.

13. Vemos todo un cañón antiaéreo de 88 mm, una pieza que causaba el pánico en las tropas aliadas cuando se utilizaba contra los tanques y la infantería. En esta película gobierna tan sólo sobre una calle y asistido por unos adolescentes.

14. ¿No tienen curiosidad por saber las comidas que preparaba Constanze Manziarly, la cocinera personal del Hitler, bajo tierra y escuchando las bombas soviéticas por encima de sus cabezas? Por cierto, a esta señora se le perdió el rastro en las ruinas de Berlín.

15. Métanse en la piel del radiotelegrafista del búnker, Rochus Misch. Al principio es fiel cumplidor de las órdenes de sus superiores, pero a medida que el universo bajo tierra se desmorona empieza a mirar con incredulidad lo que ocurre a su alrededor. Cuando se han suicidado los generales Wilhelm Burgdorf y Hans Krebs, decide marcharse.

16. El general de brigada de las SS Wilhem Mohnke —no se preocupen, hablaremos más veces sobre él— fue el encargado de la defensa del distrito gubernamental de Berlín y de sobrevivir a la batalla. Volvió a casa en 1955 tras su paso por las prisiones rusas.

17. El general Krebs, que fue agregado militar en Moscú, se presentó en el cuartel general de las fuerzas soviéticas en busca de una rendición ya imposible el día 1 de mayo. Esta parte de la tragedia la cuenta estupendamente Anthony Beevor en Berlín. La caída, 1945.

18. En la película se retrata fielmente la quema de documentos o su puesta a salvo ante el avance de las vanguardias rusas. Hasta en el mismo búnker Otto Günsche hace lo propio en un cubo cuando ya Hitler se ha suicidado.

19. Tanto nazis como soviéticos no permitieron el traslado de población civil en los combates que se producían en las grandes ciudades, llámese Stalingrado o Leningrado. Berlín no iba a ser menos. ¿Se imaginan una batalla así con los vecinos en sus casas?

20. Cuando los rusos se encuentran a unos doscientos metros de la Cancillería del Reich, unos soldados de la guardia personal de Hitler traen unos bidones de gasolina, un obús cae muy cerca de la puerta de entrada del búnker, que les salva de la onda expansiva.

21. Una de las hijas de Magda Goebbels, la mayor, Helga Susanne, advierte que algo raro pasa cuando su madre quiere darle un medicamento para que duerman tranquilas. Es uno de los asesinatos más fríos y crueles de cuantos se muestran en la película.

22. Hay cadáveres en muchas de las escenas de la película y los que siguen vivos no parece que se indispongan ante tanto horror. La muerte es un personaje más del paisaje. Son, en la mayoría de las ocasiones, soldados. Apenas hay tiempo de enterrarlos en esos días finales del Reich marcados por la vorágine de la destrucción.

23. Las tropas que defienden Berlín son una amalgama de cuerpos y unidades que se retratan fielmente. Se ven tropas de tierra de la Luftwaffe, Waffen SS, paracaidistas, oficiales de la Escuela Naval, Heer y los miembros del Volksturm.

24. Hasta en las últimas horas de existencia el III Reich se cobra sus víctimas. Patrullas de las SS y de la Gestapo recorren las calles destruidas en busca de disidentes —normalmente desertores del Volksturm—, que son ajusticiados con rapidez.

25. El testimonio de lo ocurrido se debe, entre otras personas, a una de las secretarias de Hitler, Traudl Junge, que murió poco antes del estreno de la película. El DVD se comercializó con otro en el que se reproducía una larga entrevista donde desgranaba sus sinceros recuerdos de aquellos tremendos días finales de la II Guerra Mundial en Europa.

26. Volvamos con el general de brigada de las SS Wilhem Mohnke. Es llamado al búnker por expreso deseo de Hitler. Antes de entrar, todos los soldados que le ven, se cuadran y alzan el brazo, así hasta que llega a las dependencias del Führer. Espectacular.

27. Blondi, la perra pastora alemana de Hitler —regalo de Martin Borman en 1941— aparece al principio y al final del filme. Muere envenenada en la mañana del 30 de abril de 1945 para probar los efectos del cianuro. La mascota, como millones de alemanes durante la II Guerra Mundial, se sacrifica por su dictador.

28. El mismo día del cumpleaños de Hitler se escuchan los primeros obuses soviéticos en el centro de Berlín. Una de sus secretarias, después de despertarse bruscamente por el ruido, comenta: “Vaya regalo de cumpleaños”. Era un viernes 20 de abril de 1945.

29. Apenas vemos a los soldados rusos, los podemos observar de refilón, cómo toman posiciones en la otra orilla del río Spree o avanzan por los cascotes de las calles, pero los sentimos cada vez más cerca, así como sus cañones o sus ametralladoras. Ya al final, cuando los alemanes entregan las armas, les vemos sonrientes, bailando y bebiendo vodka (evidentemente).

30. El médico de las SS Ernst-Günther Schenck acude a un hospital abandonado para recoger medicamentos que pueden ser útiles en el que se ha instalado cerca de la Cancillería del Reich. Hay papeles por el suelo y, lo más trágico, enfermos abandonados a su suerte que miran con temor al visitante inesperado.

31. ¿Cómo es posible que los soldados alemanes sigan luchando en las calles de Berlín en medio de esa matanza inútil? No huyen antes de que se cierre el cerco, no se entregan, hasta que se firma el alto el fuego anterior a la rendición sin condiciones, el 7 de mayo de 1945. Siguen animados, fumando, haciéndose algunas bromas. ¿Serán los seis años de guerra viviendo en un Estado militarizado?

32. Cuando se están quemando los restos de Hitler y Eva Braun en la puerta del búnker, la improvisada guardia de honor levanta el brazo derecho en señal de respeto por el cadáver. El silbido de unos obuses soviéticos provoca que se pongan a salvo en cuestión de segundos. Cómico.

33. ¿Qué les parece el aterrizaje de la mismísima Hanna Reitsch en la ciudad sitiada para rescatar a Hitler? Ni a Woody Allen se le hubiera ocurrido algo así en unos de sus guiones.

34. Las reuniones del Estado Mayor de Hitler decrecen a medida que se acerca el final, la última es con el general de brigada de las SS Wilhem Mohnke (nuestro viejo conocido encargado de la defensa del distrito gubernamental de Berlín), que le muestra un mapa donde le explica que aguantarán unas veinte horas. Hitler está en pijama.

35. Una nota más de surrealismo de la talla de Faemino y Cansado: Hitler mueve ejércitos imaginarios sobre un mapa. Los generales se miran unos a otros y, lo más llamativo, le siguen la historia entre sudores y palabras evasivas.

36. Heinrich Himmler conspira para hacerse con el poder. Se marcha de Berlín y negocia con los aliados, vía Suiza, a través de Folke Bernadotte. En una frase antológica le suelta a Hermann Fegelein cómo debe saludar a Eisenhower, si con apretón de manos o alzando el brazo.

37. Ya que ha salido su nombre, Hermann Fegelein es uno de los personajes más curiosos del drama, pues era el enlace de Himmler en el búnker. Arribista de las SS, pues se casó con una de las hermanas de Eva Braun, alcohólico, drogadicto, mujeriego, en fin, una joya. Fue fusilado en la calle por alta traición.

38. “Los bombardeos tienen algo positivo, es más fácil retirar los escombros que derribarlo todo”, así se explaya Hitler, con el sonido de las bombas de fondo ante un circunspecto Albert Speer, una joya del llamado nazismo bueno.

39. Otra frase elocuente: “El pueblo ha escogido su destino y ahora les cortarán el cuello”. Es de Goebbels. Miren muy bien qué papeleta meten en las urnas en las próximas elecciones.

40. Otra perla más, por boca de Hitler ante los ruegos del general Helmuth Weidling, recientemente nombrado comandante de la defensa de Berlín: “En una guerra como esta, los civiles no cuentan”.

41. Oficiales de las SS queman documentos en el jardín de la Nueva Cancillería, es de noche y uno de ellos fuma. De sus espaldas emerge Hitler, que ha salido a dar un paseo. Se cuadran, tiran los cigarrillos y siguen con su tarea.

42. Eva Braun y Magda Goebbels escriben sus últimas voluntades con las imágenes de fondo de la muerte de civiles y soldados durante la batalla. Hablan de sus joyas, del chocolate y de los cigarrillos, y de paso, del ideario nazi, mientras las bombas arrasan una ciudad y los adolescentes que sirven un cañón de 88 mm en la calle se suicidan antes de entregarse a los rusos.

43. Hitler busca inspiración en el retrato de Federico II de Prusia, que se ha llevado expresamente a su despacho del búnker. Durante horas lo mira extasiado.

44. Albert Speer abandona Berlín sin obedecer la orden Nerón, que se dictara en febrero de 1945. Escena memorable. Es de noche, Speer sale a la calle entre las columnas de la Nueva Cancillería devastadas por los bombardeos y echa la vista atrás, donde se quedan los sueños de un arquitecto.

45. Añadamos otra perla más de Hitler durante la película: “La vida no perdona al débil. El estúpido humanitarismo es una falacia de los curas”.

46. Suena el teléfono en el parking de la Nueva Cancillería. A Erich Kempka, chófer de Hitler, le encargan la difícil tarea de encontrar doscientos litros de gasolina para incinerar los cadáveres de Hitler y de su ya esposa Eva Braun.

47. La boda de Hitler es más propia de un guion de Rafael Azcona, por la llegada del funcionario que viene de no se sabe donde y que le pregunta a Hitler si es judío. Sería un buen papel para el actor Pepe Isbert.

48. Ante una muerte cercana, triunfa la desinhibición de los soldados y las secretarías en los ministerios. En el filme se retrata una de esas fiestas improvisadas, donde encuentran a Fegelein para ejecutarlo.

49. La última perla del ideario del nacionalsocialismo, por boca de Hitler durante una comida: “La compasión es un pecado capital. Sentir compasión por los débiles es una traición a la naturaleza”.

50. El cadáver de Hitler es subido para su incineración enrollado en una manta. El III Reich ha concluido, ni los soldados de las SS hacen el más mínimo gesto de respeto.


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Los capítulos de la Historia están plagados de héroes y antihéroes, de reyes y villanos, de conservadores y revolucionarios, de perdedores y ganadores, de desaires y tragedias, de sucesos extraordinarios y nimios, de avances y retrocesos… en definitiva, el gran libro de la vida, al que evidentemente siempre le quedan algunos capítulos por escribir. De ahí que publicara recientemente La guerra de Secesión, la guerra entre el Norte y el Sur, que tiene más de serial televisivo de la HBO que de un sangriento conflicto. Échenle un vistazo a mi web www.fernandomartinezhernandez.com

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  1. gravatar webpage Responder
    julio 15th, 2015

    Hola! imagino que has visitado mi weblog, por lo tanto he decidido
    devolverte el favor, trato de encontrar informacion con el objetivo de mejorar mi sitio, supongo que tengo
    permiso para utilizar alguna informacion, gracias.

  2. gravatar web page Responder
    julio 10th, 2015

    Me atrae mucho lo que ustedes han realizado,
    es un trabajo capaz y habil.