Comprender a Ferrer Guardia (sin juzgarlo)

Por . 8 abril, 2015 en Reseñas
Share Button

En su propio prólogo a esta edición de su biografía de Francisco Ferrer Guardia, el historiador Juan Avilés Farré nos comunica su idea de “comprender el pasado, más que juzgarlo”, razón por la cual ha seguido investigando, a los ocho años de publicar su anterior versión, para añadir matices a lo que ya conocíamos sobre tan controvertido personaje.

Durante la Transición, fueron sus teorías pedagógicas las que llamaron la atención de los nuevos educadores, que buscaron en su Escuela Moderna una guía para cambiar el sistema educativo restrictivo y censurado que había privado a varias generaciones, durante la larga etapa del franquismo, del conocimiento de los grandes errores del pasado, tergiversados y acomodados a sus dogmatismos católicos a ultranza. Después, el interés decayó al tiempo que la educación iba recuperando sus cauces. Pero esta nueva biografía nos ayuda a no olvidar que Ferrer Guardia murió como mártir de su ideología.

Su educación fue autodidacta, formándose con las lecturas de Marx y Engels y de autores anarquistas. No era necesario tener un título para fundar una escuela, ni tampoco para ser profesor. Su proyecto pedagógico estaba basado en la confianza total en la ciencia, por oposición al dogmatismo religioso, y en el libre desarrollo de las capacidades del niño, y la propia voluntad de aprender, naturalismo pedagógico que tuvo como primer inspirador a Rousseau.

Pero no está muy claro que Ferrer Guardia pudiera compaginar su confianza total en la ciencia ─lo que la convierte en otra forma de religión─ con el libre albedrío del educando. Por esto seguramente ponía el énfasis en el porvenir, como meta de esa educación absolutamente espontánea que él esperaba conseguir. Avilés Farré nos recuerda, en frase de Todorov, que ‘el cientifismo, aunque se apoya en la ciencia, no es en sí mismo científico, sino que pertenece “a la familia de las religiones […] y que la educación debe limitarse a seguir la dirección espontáneamente adoptada por el niño”.

Su primera mujer, Teresa Sanmartí, que se sintió abandonada y alejada de sus hijas, llegó a pegarle tres tiros en plena calle. Por el contrario, las niñas le consideraban un padre amable y cariñoso y veían a su madre como una mujer amante del lujo. Sólo tres de ellas llegaron a la edad adulta (Trinidad, Paz y Sol) aunque fue esta última quien, sin apenas haber tenido contacto con él, dada su corta edad a la muerte de su padre, se dedicó a estudiar su obra y publicó una biografía, más fiel a sus sentimientos filiales que a los propios resultados de la investigación.

Léopoldine Bonnard, que a pesar de su mala relación con Ferrer profesaba sus ideas con verdadera fe, le dio un hijo, Riego, que nunca reconoció. Pero el gran amor de su vida fue Soledad Villafranca, quien con veinticuatro años se incorporó a la Escuela Moderna. Mujer de belleza indudable para los cánones de la época, su inteligencia fue alabada por unos y denostada por otros.

Era Ferrer Guardia un republicano avanzado, seguidor de Manuel Ruiz Zorrilla, a la sazón exiliado en París, por habérsele considerado promotor del alzamiento del 27 de abril de 1884. Y, siguiendo sus pasos, se afilió en 1890 a la logia Les Vrais Experts  del Gran Oriente de Francia, donde llegó al grado 31 y perteneció al capítulo Les Amis Bienfaisants y al consejo filosófico L’Avenir.

Pero Ferrer entendía la república como primer paso necesario para el triunfo de la anarquía. Partidario de una sociedad sin autoridad, e incluso de recurrir a la fuerza para oponerse a ella, a Ferrer se le achacaron más cosas de las que realmente hizo. Su actividad en este campo se redujo a la mera transmisión de mensajes entre los anarquistas españoles y los exiliados en Francia, aprovechando su trabajo como revisor de la compañía de ferrocarriles, y a la confección de panfletos (basados en las doctrinas anarquistas) que la policía parisina ─donde se instaló tras dejar su trabajo ferroviario─ le confiscó en diferentes registros, cuando su primera esposa le denunció ─si bien de forma anónima─ como anarquista.

En 1907 es absuelto en el proceso seguido por el atentado a Alfonso XIII perpetrado un año antes por el anarquista Mateo Morral, aunque es probable que colaborara con él.

Dos años después, se enfrenta a otro proceso, acusado de ser el promotor del movimiento de insurrección que acabó con la conocida como Semana Trágica, hecho éste que nunca pudo ser probado. Las protestas contra la movilización de reservistas para combatir en Marruecos, llevaron en el verano de 1909 a una espiral de odio contra la Iglesia católica, que para muchos, incluido Ferrer, encarnaba la opresión y el oscurantismo. Las protestas desembocaron en una huelga general, irregularmente seguida, que en Barcelona provocó la declaración del estado de guerra y fuertes escaramuzas entre rebeldes y gobierno, con gran cantidad de muertos y heridos por ambos bandos.

Pero lo más llamativo fue el violento anticlericalismo que llevó a la quema de un tercio de las iglesias y conventos y treinta escuelas religiosas. Finalmente detenido, tras innumerables interrogatorios y careos, el tribunal dio por buena la declaración de un testigo de “que Francisco Ferrer Guardia fue el principal inductor e instigador de  todos los tristes sucesos desarrollados en esta región durante los últimos días del mes de julio”… Se le abrió un consejo de guerra, que ─al contrario que los procesos civiles─ no admitía declaraciones de testigos y el fiscal pidió para él la pena de muerte como jefe de una rebelión militar: en base a frases tan peregrinas como “no me consta”, “se oía decir”, “habrá mandado”, y en documentos incautados a Ferrer en registros de 1892, y a pesar, también, de los ímprobos esfuerzos de su abogado defensor, la condena fue a muerte.

A Alfonso XIII le llovieron las peticiones de indulto desde todas partes, incluida (tardíamente) la del Vaticano. El 12 de octubre le fue leída la sentencia. Ferrer rechazó la capilla y los oficios del capellán castrense, respondiendo con total serenidad que no comulgaba en las ideas cristianas. Aprovechó su última noche para dictar su testamento ante notario y escribir sus últimas cartas. Según un testigo (…) moría tranquilo y contento, porque tenía fe ciega en el porvenir, porque se consideraba mártir de una hermosa doctrina.

Su última carta fue para Soledad y en ella concluye: “No puedo continuar, me toman la vida.” Sus últimas palabras, con los ojos vendados contra su voluntad, fueron: “¡Viva la Escuela Moderna!”

Todo cambió tras el fusilamiento. El clamor de este martirio que llegó de todas partes del mundo provocó una crisis de gobierno: Antonio Maura se vio forzado a dimitir, provocando una fractura en la alternancia entre los gobiernos conservadores y liberales. “Viva Ferrer” se convirtió en el grito más repetido en las principales ciudades de Francia, Italia, Alemania, Gran Bretaña, Suiza, Rusia, Rumanía, Grecia, Argentina, Paraguay… El mundo entero se manifestaba, clamaba por Ferrer Guardia, ‘mártir de la libertad y víctima del fanatismo’.

El aura romántica de este librepensador ha llegado a nuestros días, a través de ese martirio por la causa pedagógica que había orientado su vida, aún a pesar de tantos avatares que le infligieron no pocos sinsabores, tanto en su vida pública, en tanto que republicano y defensor de las ideas anarquistas, como en su vida privada, no exenta de misterio ni de aventuras amorosas. Su Escuela Moderna se adelantó a su época y ha servido de ejemplo a algunos educadores de hoy.

Francisco Ferrer Guardia. Anticlericalismo, pedagogía y revolución es, en definitiva, un ejercicio exhaustivo de investigación que nos proporciona todas las pautas para aproximarnos a este personaje, real y mítico a la vez, que destacó en una época en la que los acontecimientos se sucedían tan velozmente.

[box]

Francisco Ferrer Guardia. Anticlericalismo, pedagogía y revolución

 

 

Juan Avilés Farré

 

Punto de Vista Editores, 2014

[/box]


Share Button

Marisa Bou (Valencia, 1946) estudió Historia y Psicología en la Universidad de Valencia, aunque no se licenció. Ha escrito artículos para diferentes medios (Anatomía de la Historia, el blog de Punto de Vista Editores, Valencia Plaza o Los Ojos de Hipatia…) y también relatos cortos, algunos de ellos publicados en suplementos dominicales de la prensa local.

Participa en la discusión

  • (no será publicado)