El Cantar de Mío Çid

Por . 24 abril, 2015 en Edad Media
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Punto de Vista Editores ha publicado Historia de la literatura española (en español), de Jesús Hurtado Bodelón, una obra de la que te reproducimos el epígrafe dedicado al Cantar de Mío Çid.

 

 

El Cantar de Mío Çid

 

La épica medieval, heredera de algún modo de la epopeya clásica, está compuesta por los cantares de gesta, poemas de extensión variable, pero tirando a largos, en los que se narran las hazañas de seres pertenecientes a la casta guerrera que han sido elevados a la categoría de héroes y que simbolizan la colectividad. Sus virtudes, dentro siempre del sistema de valores feudo-medievales, están exaltadas al máximo.

Los cantares de gesta (nótese el término cantar, pues eran recitados quizás acompañados de música o, por lo menos, entonados) aparecen en los momentos iniciales de las nacionalidades, cuando la comunidad necesita de elementos comunes con los que identificarse, aunque en la Península solo el reino de Castilla ha cultivado profusamente este género.

Además de otros (germánico, árabe, latino…) se ha apuntado como origen la épica francesa, muy desarrollada. No podemos negar la influencia efectiva que, en todos los órdenes de la vida, el país vecino ejerce sobre España. Algunos temas de su épica, como el de Roncesvalles, se cultivan aquí; calco francés es la expresión tan cidiana “llorar de los ojos”; etc. En estos dimes y diretes, hay quien afirma todo lo contrario: la épica francesa nace de la castellana y no al revés y se aportan argumentos para probarlo… Quizás lo más acertado sea considerar ambas épicas como ramas de un mismo árbol.

 

Los cantares de gesta

Los estudiosos que a se dedican a los cantares de gesta han agrupado en tres ciclos los cantares supervivientes, atendiendo a los temas de los que tratan.

El ciclo de los condes de Castilla, al que pertenece el mencionado Cantar de los Siete Infantes de Lara, considerado el más antiguo de nuestros cantares, porque, bueno, la reconstrucción de Menéndez Pidal se hizo sobre la Crónica de 1344 que, a su vez, recogería la versión del cantar de 1320, refundición al parecer de una primera versión hecha en torno al año 1000… Es una historia bastante truculenta: por unas cuestiones de agravios, Doña Lambra, esposa de Ruy Velázquez, no para hasta hacer matar a los siete sobrinos de su marido. Intervienen moros, cárceles y atroces venganzas que incluyen cabezas cortadas y padres destrozados por el dolor. Al hermanastro de los infantes, Mudarra, le es dado vengar su muerte, quemando viva a doña Lambra entre otras cosillas. El Cantar de Fernán González también pertenece a este ciclo. Se ha conservado gracias a la versión en cuaderna vía hecha por un autor culto integrante de la escuela del mester de clerecía. Otros cantares de este ciclo son: La condesa traidora o el Romanz del infant García.

El ciclo cidiano (o de El Cid) está compuesto, entre otros, por el Cantar de Mío Çid y por el tardío Cantar de las Mocedades de Rodrigo, de poco valor. El Cantar del rey Fernando, en el que se narra la división que el rey hizo de su herencia entre sus cinco hijos y el Cantar de Sancho II, con el famosísimo suceso del cerco de Zamora y la celebérrima traición de Vellido/Bellido Dolfos, son otros textos pertenecientes a este ciclo.

Y el tercer ciclo es el carolingio (o de Carlomagno). Se conserva un centenar de versos del Cantar de Roncesvalles, que sigue, pero sin imitar, la Chanson de Roland francesa. En el Cantar de Bernardo del Carpio, este héroe leonés se alía con los árabes y navarros y vence a Carlomagno.

De los restos de otros cantares de gesta no pertenecientes a estos tres grupos temáticos destacamos brevemente el Cantar de la campana de Huesca por ser de tema aragonés. En él se nos narran los hechos acaecidos durante el reinado de Ramiro el Monje, de1134 a 1157. Este rey, obligado a dejar el claustro y tomar la corona siendo anciano, decide poner fin a las rencillas entre los nobles mediante el expeditivo y resultón sistema de decapitarlos a medida que se personan ante él.

 

Cantar de Mío Çid

 

Partes y argumento

El Cantar está dividido en tres partes: el cantar del destierro, el de las bodas y el de la afrenta de Corpes.

Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, es desterrado de Castilla por el rey, el recién coronado Alfonso VI. Malos consejeros enemistan al monarca con el más preciado caballero de Castilla. Antes de abandonar tierras burgalesas, deja a su mujer, doña Jimena, y a sus hijas, doña Sol y doña Elvira, al cuido de los monjes de San Pedro de Cardeña. Va conquistando a los moros diferentes plazas y penetra en tierras de Huesca, protegidas del conde de Barcelona, al que también vence. En varias ocasiones, envía al Alfonso regalos en señal de vasallaje.

En el cantar segundo, El Cid se hace con la preciada ciudad de Valencia. Manda más presentes al rey y le solicita que puedan reunirse su mujer e hijas con él. Este, no solo concede el perdón al caballero, sino que dispone que Elvira y Sol se casen con los condes de Carrión. El Cid, naturalmente, debe acceder. Se celebran grandes bodas en Valencia.

En el cantar tercero, los condes deciden marchar con sus esposas a sus tierras, allá en el reino de León. El Campeador no puede negarse. En varias ocasiones, los condes se han mostrado como cobardes. Los caballeros castellanos se ríen de ellos y los de Carrión planean vengarse. A la cobardía añaden el rencor. En mitad del camino de regreso, en el robledal de Corpes, Guadalajara, los esposos atan y golpean a sus mujeres y las abandonan, dándolas por muertas. Un caballero de El Cid que seguía a la comitiva por orden del Campeador, quien no se fiaba nada, las encuentra y se las devuelve al héroe que, agraviado, solicita al rey justicia. Finalmente se enfrentan dos caballeros de El Cid contra los dos condes. Vencen aquellos y doña Elvira y doña Sol se casan con los infantes de Navarra y de Aragón. La honra de El Cid es finalmente restituida.

 

Fecha y autor

La fecha de composición y el autor son dos de los secretos mejor guardados de la literatura española. Ríos de tinta se han escrito (y se han de escribir) acerca de este asunto… y eso que en los últimos versos el Cantar de Mío Çid viene fechado y firmado, (obsérvese, de paso, el temprano caso de leísmo):

 

“¡Quien escrivio este libro del dios paraiso, amen!

Per Abbat le escrivio en el mes de mayo

en era de mill e CC XLV annos.”

 

El problema es doble. Por un lado, los críticos consideran a Per Abbat o bien el autor del manuscrito o bien solo el copista (el verbo escribir puede significar también ‘copiar’ de una fuente anterior). Por otro lado, la fecha, 1245, que corresponde en el calendario actual a 1207, parece tener una raspadura que borraría otra C, con lo que se tendrían que añadir 100 años más, es decir, 1307.

Con respecto a lo primero, Menéndez Pidal consideró que el autor del cantar sería un juglar, que escribiría el texto en fechas muy cercanas a los hechos, en 1140, lo que explicaría su supuesto realismo geográfico e histórico. Más tarde modificó sus conclusiones y afirmó que a esta primera redacción se le uniría la mano de otro juglar que ampliaría el cantar con los elementos más novelescos. Su intervención se produciría pasado el tiempo y los recuerdos de la “verdad” en torno a El Cid podían haberse ido difuminando lo suficiente. El estudio de la lengua, de los detalles geográficos, etc., determinarían esta doble mano creadora.

La teoría de la doble autoría ha ido perdiendo apoyos. La mayoría de los críticos cree que el autor tiene que haber sido una persona culta, con conocimientos jurídicos, institucionales, legales y eclesiásticos, tal es análisis que del cantar se ha hecho. Este autor culto, quizás un clérigo, trabajaría sobre material preexistente (pensemos que hay dos obras escritas en latín que nos hablan de El Cid y que son anteriores al cantar: el Carmen Campidoctoris y el Poema de Almería, además del perdido Cantar de Sancho II entre otros), ya que la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, era muy conocida. Ajustando todo esto, algunos críticos consideran efectivamente a Per Abbat el autor del manuscrito.

Con respecto a la fecha de composición sucede algo parecido. Hay quienes la acercan mucho a los hechos narrados y quienes la retrasan hasta el siglo XIII. Cuanto más cerca de El Cid (que muere en 1099), más historicismo ven en el texto. Cuanto más lejos, más ven el cantar como obra de ficción. Sesudos análisis acerca de los datos histórico-geográficos que aparecen, las posibles interpolaciones (añadidos posteriores al texto), el estudio de la forma de las letras y la aparición de determinadas abreviaturas, la comparación con documentos de la época (es decir, la paleografía) ayudan a los críticos… a no ponerse de acuerdo. Finalmente, algunos estudiosos (los medievalistas Antonio Ubieto, Timoteo Riaño, etc.) consideran 1207 como fecha válida, es decir, la que aparece en el cantar. Tanto discutir para acabar en el mismo sitio…

 

Consideraciones finales

Sea quien sea el autor o la fecha de composición, el cantar está magníficamente escrito. No puede ser obra de un juglar semianalfabeto. Mezcla realidad y ficción en dosis adecuadas, nuestro héroe aparece con características quizás exageradas pero no desmesuradas. Buen esposo, padre adorable, fiel amigo y vasallo, moderado en sus juicios y gran estratega. El cuadro que dela Edad Medianos ofrece el manuscrito es fresco, verosímil, dinámico, apetecible. El viejo y maltratado códice, guardado como el tesoro que es enla Biblioteca Nacionalen Madrid pero que podemos visitar en su edición escaneada desde el salón de nuestra vivienda, ha tenido numerosas ediciones, tanto en transcripciones del castellano de hace ochocientos años, como en castellano moderno o incluso adaptadas a “los más pequeños de la casa” que nos posibilitan el acercamiento a una de las obras cumbre de nuestra literatura.


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Jesús Hurtado Bodelón (Ponferrada, 1964) es profesor de instituto de Lengua española y literatura, profesión a la que se dedica desde hace dieciocho años. Se licenció en Filología Española por la UNED (Sevilla), tras haber comenzado estudios en las universidades de Granada y León. Su experiencia laboral, sin embargo, comenzó en el mundo de la televisión, en Andalucía, siempre detrás de las cámaras, como operador, ayudante de realización, etc. Historia de la literatura española (en español) es su primera obra publicada.

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