Leonor de Aquitania, dos veces reina

Por . 29 abril, 2015 en Edad Media
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Pocas son las mujeres que han logrado brillar por sí mismas a lo largo de la historia. Adelantada a su tiempo y al de muchas otras que vinieron detrás, la figura de Leonor de Aquitania no ha perdido actualidad pese a su lejanía en el tiempo.

 

Un personaje descollante

Su personalidad siempre ha despertado interés. Fue una mujer, en la Europa del siglo XII, capaz de vivir, casi, como quiso. Heredó un riquísimo ducado, Aquitania. Se casó con dos reyes: Luis VII de Francia y Enrique II de Inglaterra. Mujer muy culta, incluso para ser noble, madre de reyes: Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra, de las reinas consortes Leonor de Castilla y Blanca de Castilla, participó junto a su marido, el rey francés, en la Segunda Cruzada contra los infieles y tuvo un papel relevante en su tiempo cuando la mujer estaba relegada en todo y no se contaba con ella para nada.

Su figura aparece siempre en los principales estudios de aquel siglo, por ella misma y por su descendencia. Ha inspirado libros sobre su persona y su influencia o donde, al menos, juega un papel importante. Nos hemos formado una imagen de esta reina a través de la interpretación que Katherine Hepburn hizo en la película El león en invierno, en la versión de 1968 dirigida por Anthony Harvey. En el remake de 2003, dirigida por Andréi Konchalovski, es Glenn Close quien la interpreta, pero esta cinta es mucho menos conocida y de menor calidad. En el filme se recrea una supuesta reunión con su marido Enrique II, ya al final de su reinado en que se describe una relación amor/odio que bien pudo ceñirse a la realidad. Leonor de Aquitania aparece también en la película Robin Hood, dirigida por Ridley Scott en 2010. En esta ocasión es Eileen Atkins quien da vida a la reina. En España, a principios de ese año, la actriz María Luisa Merlo la interpretó en la obra de teatro dirigida por José Manuel Pardo, Yo, Leonor de Aquitania, con un monólogo que recrea sus años de cautiverio. El año pasado también se publicó un tebeo histórico: Leonor: La leyenda negra, de Arnaud Delalande, Simona Mogavino y Carlos Gómez.

 

Leonor reunía dotes especiales y muy importantes: inteligencia, riqueza y belleza, sin las que no hubiera podido triunfar de la forma que lo hizo. Ha sido y sigue siendo un personaje muy controvertido. ¿Era astuta para lograr lo que creía que beneficiaría a su familia, allegados y reino o solo se movía por interés personal sin importarle las consecuencias para otros? Eso es algo, me temo, que nunca podrá averiguarse. ¿Fue bruja y malvada? Lo que sí se puede afirmar es que se trató de una mujer muy inteligente y adelantada a su tiempo.

Fue criada en un ambiente culto. Guillermo IX de Aquitania, llamado el Trovador, impulsor de los famosos cantares de gesta y uno de los primeros poetas de Francia fue su abuelo y trató de inculcar a sus nietos el valor de la cultura. Lo siguió el hijo de aquél y padre de Leonor, Guillermo X, que educó a sus hijos de la misma manera, sin diferenciarlos por su sexo. Sus dos hermanos fueron Aigret, que murió en un accidente junto a su madre y que debería haber heredado el ducado, y Petronila, a la que estuvo ligada durante toda su vida.

 

La época de Leonor de Aquitania

Pero antes de centrarnos en la persona, hagamos una pequeña descripción del mundo que le tocó vivir. Para mostrar/explicar de forma ilustrativa la Europa de aquel tiempo se podría decir que su vida está a caballo entre dos importantes estilos: el románico y el incipiente gótico. Durante su reinado francés asistió a la célebre inauguración de la abadía de Saint Denis, cerca de París, primera iglesia construida en el nuevo estilo.

En el siglo XII se está desarrollando todo aquello que culminaría una centuria más tarde. El impulso del comercio mundial gracias a los avances en navegación permite el intercambio de mercancías de forma más rápida y barata: mejoran los barcos y los mapas, se utiliza la brújula para los viajes marítimos (comienzan a aparecer en este siglo en el Mediterráneo), se protege a las flotas comerciales de los piratas…

En cuanto a la población sabemos que, alrededor del año 1000, Europa cuenta con 36 millones de habitantes; cerca de 120 lo que conocemos actualmente como China y 80 millones India. Los europeos llegan a alcanzar los 80 millones antes de la Peste Negra del siglo XIV, lo que significa una mejora de vida apreciable durante los tres siglos anteriores a esa fatídica epidemia.

Egipto toma una gran importancia a través del gran puerto de Alejandría, ya que es allí donde los europeos adquieren la valiosa seda china.

África sigue siendo una parte poco explotada. Tan solo lo que conocemos hoy como Mali deja su aislamiento porque incrementa sus contactos comerciales, tanto con el área al sur del Sáhara como hacia el Atlántico.

Los turcos, aparte de combatir a los cristianos en las diferentes cruzadas, comienzan a entrar en India llevando consigo su religión, aunque no la imponen.

China participó también en el poderoso comercio de larga distancia, beneficiándose de los avances marítimos. En esa época ya tenemos por todas partes su apreciada seda, la pólvora y sus delicados productos manufacturados.

Durante el siglo XII, las culturas orientales fueron las más avanzadas, destacando la china en el uso de la impresión, publicación y circulación de libros.

En Europa está instalado el sistema feudal, que asegura el control de los agricultores por el señor, vigilante del avance agrario que alimentaba la transformación comercial que tenía lugar dentro del resto de la red del comercio global. La protección de los señores, junto a las más avanzadas herramientas como hachas y arados, combinado con el ganado, llevó a una masiva desforestación y es que se comienza a talar árboles para dedicar esas tierras al cultivo.

Europa en 1200 estaba más unida culturalmente que en tiempos anteriores, pero solo a veces. El catolicismo y sus líderes intelectuales ensalzaban las virtudes del aprendizaje del cristianismo. No era una zona tolerante para herejes, judíos o musulmanes.

Todo esto era caldo de cultivo para las Cruzadas, que no se podrían haber llevado a cabo sin los marinos y mercaderes de Venecia, Génova y Pisa, que transportaron a los cruzados tardíos y suministraron de materiales y alimentos sus reinos. De ahí el desarrollo comercial en esta zona del Mediterráneo. Aunque no olvidemos que eran la Iglesia, reyes y nobles quienes sufragaban esos gastos y el dinero era recaudado en forma de impuestos a sus súbditos

Aunque no había contacto europeo con América, no está de más dedicar unas pocas líneas para citar las culturas de aquella época.

El Imperio Chimú creció y prosperó en la región andina a orillas del Pacífico entre los años 1000 y 1200. Su economía se basaba, sobre todo, en la agricultura, que se extendió por la extensa red de canales que tenían aprovechando el agua de los ríos. La ciudad más importante fue ChanChan.

En Centroamérica vivían los toltecas, con su economía también basada esencialmente en la agricultura. Tula era su capital, destruida en 1160.

En Norteamérica se desarrollaba la cultura Cahokia (siglos X-XIII), famosa por sus túmulos, en la orilla del Misisipi, cerca de lo que hoy es San Luis. Cahokia también se llama su ciudad más importante, con 15.000 habitantes, aproximadamente lo que era Londres en aquella época.

 

 

Reina de Francia

En aquellos tiempos nació Leonor en Poitiers, en 1122. Hija primogénita de Guillermo X de Aquitania y Leonor de Châtellerault, tuvo como se dijo dos hermanos: Aigret y Petronila. Al morir el varón se convirtió en la heredera del rico y extenso condado de Aquitania, del que se tuvo que hacer cargo muy pronto debido al inesperado fallecimiento de su padre en 1137, con lo que se vio abocada al matrimonio, ya que en esa época si la mujer heredera no estaba casada corría el riesgo de ser secuestrada para arrebatarle con sus propiedades, al tener que casarse con el que la hubiera deshonrado. Así que el matrimonio, que había sido pactado con antelación, tuvo que agilizarse y con solo dieciséis años Leonor se convirtió en la esposa del que llegaría a ser un poco más tarde Luis VII de Francia, perteneciente a la dinastía Capeto.

Su marido no había sido educado para ser rey, sino para vivir dentro de la Iglesia, pero tuvo que abandonar Saint Denis para reinar en Francia debido a la prematura muerte de su hermano, que era el heredero, en un accidente. Luis, al principio, trató de complacer a su caprichosa mujer, que encontraba París una ciudad muy aburrida y fría comparada con el carácter y actividad de su añorada tierra.

En 1143 se produjo un hecho que cambió por completo el comportamiento del rey: el derrumbe de la iglesia en llamas en Vitry-en-Perthois, donde murieron muchos inocentes e hizo replantearse al monarca su forma de gobernar y volver a la religión. Y es que la guerra en que está incluida esta batalla había empezado por el apoyo que Luis había tenido que dar, presionado por su esposa, a la nulidad matrimonial de Raúl de Vermandois para permitir que se casara con Petronila, hermana de Leonor, con la que ya tenía un hijo. La anterior esposa de Vermandois, Leonor de Blois, era hermana del poderoso Teobaldo de Blois, conde de Champaña, señor muy importante en aquellos tiempos que tomó represalias ante esta afrenta y que derivó en esta conflagración, aunque anteriormente ya había otros motivos para estas desavenencias.

Luis VII tuvo varias influencias muy significativas durante el tiempo en que estuvo casado con Leonor. Una de ellas fue la de Suger, abad de Saint-Denis, al que había estado muy ligado mientras se educaba en estas propiedades de la iglesia. Suger fue el artífice de que se levantara ese templo, muy cerca de París, bajo la novedosa técnica del gótico. Su inauguración fue un gran acontecimiento en esa época. El rey siguió muy ligado a él hasta la muerte del abad, sobre todo a partir de 1143 en que tuvo una profunda vuelta a la religión.

La influencia de Bernardo de Claraval, personaje esencial en la historia de la Iglesia católica y de ese siglo, fue religiosa y política. Este monje cisterciense francés tuvo un papel muy importante en la Segunda Cruzada, de la que fue uno de sus principales predicadores. Impulsó la naciente Orden del Temple. Con él se expandió la orden del Císter por toda Europa. Se le canonizó en 1174.

No hay que olvidarse del importante poder que tenía la Iglesia en todas las facetas de la vida. Y que aún sigue teniendo.

 

Leonor en la Segunda Cruzada

La Segunda Cruzada se produjo a raíz de la invasión del condado de Edesa por parte del turco Zenghi en 1144. Edesa había sido tomada unos 50 años antes por Balduino de Boulogne, hermano del legendario héroe de la Primera Cruzada, Godofredo de Bouillon.

El propósito de esta Segunda Cruzada era reconquistar dicho condado, ya que éste fue uno de los primeros enclaves cruzados que se ganaron en la Primera Cruzada. Hay que señalar que, normalmente, cuando se conquistaba un territorio, los cruzados daban por terminado su peregrinaje y cometido y volvían a sus tierras. Pocos fueron los que permanecieron en la zona conquistada para defender el reino de Jerusalén después de la Primera Cruzada. También hay que decir que los que permanecían en Tierra Santa, francos, como se les llamaba, no eran vistos como amenaza por los líderes musulmanes. Para ellos, los cruzados no eran relevantes.

Leonor tenía un tío, Raimundo, hermano pequeño de su padre, casado con Constanza de Antioquía. Ante la perpetua amenaza de los sarracenos a su principado, pidió ayuda a su sobrina. Algunos historiadores apuntan a que éste fue el motivo por el que ella, junto a su marido, se embarcó en la Segunda Cruzada. Aun en contra de los deseos del poderoso abad Suger, Leonor recorrió sus tierras y convenció a muchos caballeros gascones y del Poitou a tomar la cruz. Y, según se dice, reunió más tropas en su ducado que las que su marido pudo juntar en todas sus propiedades.

Al igual que ocurrió en la Primera Cruzada, también a la Segunda acudieron mujeres pero, a diferencia de la anterior, en ésta se viajó no solo con un gran séquito de camareras y sirvientes, sino con trovadores que pudieran deleitarles durante el viaje, circunstancia que se le atribuye a Leonor de Aquitania. Este hecho fue muy mal visto por tan religiosos y tradicionales señores.

A su llegada a Constantinopla, acompañada por la emperatriz Irene, hermana del emperador del Sacro Imperio y esposa del emperador bizantino Manuel I Comneno, Leonor descubrió todo lo nuevo que le ofrecía el Este: manjares exquisitos como caviar, refinados vasos de vino, tenedores, bazares llenos de seda, aceites, perfumes, alfombras, pieles, el turbante, tocado que le fascinó y que llevó después a Francia y que supondría uno de los cambios de moda más significativos de la época. También los sombreros y los zapatos puntiagudos que se impondrían, asimismo, en los siglos siguientes.

Manuel Comneno, emperador de Bizancio, quien en secreto favorecía a los turcos, se encargó de confundir, primero al emperador Conrado del Sacro Imperio y, luego, a Luis VII de Francia, para que llegaran debilitados y sin suministros al desierto de Anatolia. A los dos les facilitó guías bizantinos que los abandonaron a su suerte.

Cuando Luis y su ejército se dieron cuenta de que estaban solos en un territorio totalmente desconocido y supieron la suerte que había corrido los alemanes al adentrarse en el desierto, optaron por cambiar su ruta por otra más larga. Aun así no pudieron evitar la gran derrota en el Monte Cadmos, que produjo muchas bajas entre los cruzados e hizo peligrar la vida de rey.

Tras tamaña desgracia se dirigen a Antioquía donde se reúnen con Raimundo, el tío de Leonor. Entonces tiene lugar una grave disputa que se agrava más aún porque Luis VII cree que tío y sobrina mantienen una relación amorosa que habría comenzado cuando los dos vivían en Francia. Luis VII abandona precipitadamente el principado y se lleva a la fuerza a Leonor con él. Esto empeora aún más su relación y Leonor amenaza a Luis con la nulidad del matrimonio por consanguinidad.

En su regreso a Francia se detienen en Roma, donde el papa, Eugenio III, trata de reconciliar a la pareja. Algo que debió conseguir porque más tarde Leonor queda embarazada de su segunda hija, Alix. La primera, María, había nacido en 1145, ocho años después de su boda.

Tras este viaje, que había durado 30 meses, Leonor fue culpada por sus contemporáneos de la serie de desastres militares que caracterizaron su cruzada, mientras que no hubo más que alabanzas hacia el valor y resistencia de su marido, Luis, que no fueron tales.

Cuando llega a Francia, Leonor ha dejado de ser una aburrida y rica mujer y se ha convertido en una mujer independiente, llena de experiencias del mundo, con una mente inteligente cargada de tesoros culturales y de formas de vida y de pensar que va a introducir en su patria y en Europa.

También había llegado al límite de su aguante y se empleó a fondo para conseguir la anulación matrimonial de Luis VII, que se le concedió el 21 de marzo de 1152.

 

Segundo matrimonio

Una vez más está soltera y en peligro, así que se desposa con Enrique Plantagenet el 18 de mayo del mismo año. No habían pasado ni dos meses. Enrique, duque de Normandía y conde de Anjou, hijo de Godofredo el Hermoso y Matilda, hija del rey de Inglaterra, era diez años menor que ella. Pero, se dice, desde el primer momento que se vieron hubo una gran atracción entre ellos. Leonor era todavía una mujer muy hermosa y lo siguió siendo hasta el final de su vida, si se tiene en cuenta los comentarios de su época.

A Luis VII, como es de suponer, no le sentó bien la boda: Leonor se había vuelto a casar muy pronto con otro y, para agravarlo, el matrimonio había unido casi todo el oeste del reino, lo que no favorecía para nada su gobernabilidad.

La coronación del nuevo matrimonio el 19 de diciembre de 1154 como reyes de Inglaterra, al morir Esteban I de Inglaterra, hermano de Matilda, significó un nuevo golpe. Además el 28 de febrero siguiente nació su segundo hijo, Enrique. Todo esto disgustaba mucho a Luis, que sólo había logrado tener dos hijas con Leonor.

Los años siguientes los vivió la reina entre Francia e Inglaterra, unas veces sola y otras con su marido, intentando mejorar las situaciones de sus territorios y vasallos y uniendo las diferentes facciones existentes en el país.

Tomás Becket fue un hombre que influyó mucho en Enrique II, que comenzó primero como hombre político para terminar siendo nombrado arzobispo de Canterbury. La relación al final se fue deteriorando mucho con un alejamiento importante. Tanto es así que se dudó de que el rey no hubiera tenido parte en su asesinato. Becket sería santificado en 1163.

Después de 14 años de matrimonio y 8 hijos, Enrique encuentra una amante a la que Leonor preocupa más que las otras que había tenido, Rosamunda, hija del caballero normando Gautier de Clifford. Enrique no duda, incluso, en presentarla en público. Se decía que Leonor la mandó matar, lo que no es cierto, ya que Rosamunda muere en 1173 mientras la reina está cautiva. Pero no vamos a adelantarnos en la historia.

Cuando se produce la ruptura, Leonor se dirige a sus territorios continentales y se instala principalmente en Poitiers dedicada a cuidar de sus tierras y de sus hijos, ya que logra reunirlos allí a todos, incluso a María y Alix, frutos de su primer matrimonio. Parte de su energía la gastó en idear una conspiración tras otra para levantar a sus hijos contra su padre y a hacer una política totalmente hostil a la de su marido. Incluso logra que todos sus vástagos apoyen al rey francés en contra de su progenitor.

La otra parte de su energía la dedica al placer y a la cultura. Es en estos momentos cuando se crean las famosas Cortes del Amor, que estableció con su hija María. ¿Qué se puede decir de ellas? El amor cortés se convirtió en la primera norma en las relaciones de pareja y las cortes se pusieron de moda y extendieron a casi toda Europa. Hoy las llamaríamos “terapia de parejas” y velaban también por el respeto hacia la mujer.

Por aquellos tiempos se recuperaron y recopilaron las leyendas orales que darían origen al mito del Rey Arturo y que cobrarían gran notoriedad gracias a Godofredo de Monmouth, clérigo y escritor autor de la Historia Regum Britanniae, crónica pseudohistórica de los reyes de Britania que Monmouth difundió y transformó en narraciones cortas, haciendo una libre interpretación de las mismas que dista mucho de ser cierta. Y es ahí donde encontramos el inicio de la leyenda artúrica, que también sembró la atmósfera para que en 1191, cuando los monjes de Glastonbury descubren las tumbas de dos personas, un hombre y una mujer, se basasen en una inscripción para determinar que se trataba de las tumbas del famoso rey Arturo y la reina Ginebra.

En 1170 su hijo Ricardo fue nombrado conde de Aquitania. Y ese mismo año Enrique corona a su hijo mayor vivo, Enrique el Joven, en Londres.

Siguen las rencillas y rebeliones entre padre e hijos y en 1173 Leonor cae prisionera de su marido cuando intentaba llegar a París para pedir asilo y sus hijos, sometidos, por fin, al poder de Enrique. Permaneció cautiva en varios emplazamientos y apartada de sus hijos durante 16 años.

Durante estos años se producen una serie de acontecimientos que van a ir socavándola: Juana, su penúltima hija, parte a Sicilia con 11 años para casarse con Guillermo II el Bueno; más tarde logra verla cuando Leonor se traslada a Sicilia con la esposa de Ricardo. Su hijo Enrique el Joven muere el 11 de junio de 1183, cuando solo contaba 28 años de edad, después de pedir perdón a su padre e interceder para la liberación de su madre. Ese mismo año, el 18 de septiembre, muere Luis VII.

A finales de 1184 el cautiverio se relaja y puede reunirse varias veces con sus hijos y con Enrique.

Godofredo el Joven, quinto hijo de la pareja, conde de Bretaña, muere en un accidente en un torneo en 1186. El único hijo varón de Godofredo, Arturo, llegará también a aspirar al trono de Inglaterra a la muerte de su tío Ricardo. En 1189, fallece Matilda, primera hija que Leonor tuvo con Enrique, y tercera por nacimiento.

Nada más morir Enrique, el 6 de julio de 1189, y conseguir la libertad, Leonor acomete una serie de mejoras en Inglaterra: establece medidas uniformes para sólidos y líquidos, unifica las medidas de longitud de telas e instaura una moneda válida para todo el país.

Prepara la coronación de su hijo Ricardo (que será conocido como Corazón de León) y se hace cargo del reino cuando éste parte para la Tercera Cruzada. También lo hará durante su cautiverio, pues Ricardo es secuestrado cuando vuelve de Tierra Santa. Además, para liberarlo, promueve una colecta de dinero, recaudando una gran suma a lo largo de varios años.

Leonor piensa en la necesidad de que su hijo Ricardo contraiga matrimonios antes de su partida a la Tercera Cruzada a fin de dejar bien atados los asuntos en su reino. Para encontrarle esposa, viaja a Navarra y la escogida es Berenguela, hija del rey Sancho VI. Parte con ella hasta Sicilia, donde se encuentra Ricardo a la espera de zarpar hacia Tierra Santa. Allí mismo tiene lugar el casamiento.

Una vez que Ricardo es liberado y vuelve del continente, tiene lugar su segunda coronación. Es entonces cuando Leonor se retira a la abadía de Fontevraud, de la que no saldrá hasta la defunción del rey. Tras la muerte de Ricardo, Leonor, a pesar de su avanzada edad (cuenta más de setenta años), se dedica a recorrer sus tierras y lo hace de forma rápida gracias a la buena comunicación que se ha establecido en ellas durante los años de paz y desarrollo económico. Con ese viaje pretende establecer alianzas y tratar de afianzar lazos para el reinado de su hijo pequeño Juan, llamado Sin Tierra, que siempre había sido el preferido de Enrique. Juan se convierte, así, en el último eslabón para mantener todo el reino unido.

Leonor llega al final de su vida. Ha sufrido la muerte de ocho de sus diez hijos. Solo le sobrevivirán el pequeño Juan y la que lleva su mismo nombre, reina de Castilla por su matrimonio con Alfonso VIII y a quien va a visitar para elegir entre sus nietas la que será la futura reina de Francia, Blanca. Con este matrimonio se unen el nieto de su primer marido, que será Luis VIII, y su nieta Blanca, que lo es por parte de su segundo marido.

Leonor de Aquitania murió a los 80 años, muy longeva para aquella época y, dicen, que con toda su dentadura intacta. Según qué fuentes se consulten, el fallecimiento se produjo el 31 de marzo o 1 de abril de 1204, en su querida abadía de Fontevraud.

 

La descendencia española de Leonor de Aquitania

Leonor de Aquitania tuvo dos hijas con Luis VII, los ya citados María y Alix. Y ocho hijos con Enrique II, cinco hombres y tres mujeres. Es con Enrique con quien comienza la dinastía de los Plantagenet.

Leonor Plantagenet, sexta hija de Leonor y Enrique, se casó con Alfonso VIII de Castilla, con quien tuvo, al menos, diez hijos, algunos de los cuales alcanzaron gran importancia histórica y son los que se detallan a continuación por ser españoles.

Quién no conoce a Berenguela, casada con Alfonso IX de León y madre de Fernando III el Santo. A Urraca, también casada con un rey, Alfonso II de Portugal. O a Leonor (1191-1244), hija de Alfonso VIII y esposa de Jaime I el Conquistador.

Por no hablar de Blanca, a quien vino a buscar su abuela a España casi al final de su larga vida, para casarla con Luis VIII de Francia (de cuyo enlace ya hemos hablado) y que sería la madre de Luis IX, conocido como San Luis de Francia. Se da el caso de que Blanca era tataranieta de la que fue primera reina en lo que se conoce como la actual España, Urraca I de León.

Por último, no debemos olvidar que española también lo era la esposa de Ricardo Corazón de León, Berenguela, hija de Sancho VI de Navarra, aunque no tuvieron hijos. Pero eso sería otra historia.


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  1. gravatar Allison Responder
    agosto 10th, 2015

    Ciertamente cuando una persona no sea ayudada por otras no
    sera consciente de ayudar a otros, asi que asi se hace,
    excelente pagina.

  2. gravatar Felipa Responder
    agosto 5th, 2015

    Gracias por la buena resena, un espacio muy bien trabajado
    ¿Como podriamos comunicarnos?.