Los actores del nuevo catalanismo soberanista

Por . 22 abril, 2015 en Mundo actual
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El Viejo Topo acaba de publicar El catalanismo, del éxito al éxtasis (la génesis de un problema social), una obra del filósofo, sociólogo y politólogo Martín Alonso de la que adelantamos uno de sus epígrafes.

 

 

Los actores

En las ciencias sociales no hay inmaculadas concepciones, en tropología gastronómica, no hay platos por generación espontánea: hacen falta cocineros. La conexión entre la gramática superficial (el relato soberanista oficial) y la profunda (la génesis del problema social) son los actores, las figuras que han diseñado la geometría del ‘procés’. En este rubro opera una forma extrema del mecanismo sinecdoquial por el que ciertos sectores alcanzan una relevancia y un eco desproporcionados en relación a su representatividad; de ahí se desprenden esquemas de distribución asimétrica de los recursos que contribuyen a multiplicar la desigualdad según una dinámica que han analizado los estudiosos de las minorías activas (G. Mugny, 1981: 50).

Naturalmente la nómina completa del personal de cocina es amplia. De entrada podríamos distinguir entre actores individuales y colectivos o entre la sociedad civil y las instancias de lo político. Voy a seguir un criterio cruzado que mezcla estas categorías prefiriendo la escala temporal. De otro modo, los actores aquí convocados son los que han adquirido protagonismo durante el último acto del proceso. Me ocuparé en primer lugar de los políticos y luego de la sociedad civil.

 

 

1. ERC y el sistema de partidos

Desde el punto de vista político cabe distinguir retrospectivamente tres etapas. La primera sería el ventenio del populismo pujolista cuyo principal resultado fue la nacionalización blanda de la sociedad y cuyo artífice es Pujol –un verdadero hombre orquesta que encarna a la vez el partido (CiU), el pueblo y el país–. Posteriormente, el septenato del tripartito imprimió un giro al proceso con la puesta en marcha del Estatut coincidiendo con la alargada sombra de los escándalos. El último periodo se cierra con el hundimiento del PSC y la vuelta de CiU a la Generalitat. Para detectar a quién corresponde el protagonismo en esta última fase basta una pregunta clásica referida al proceso: Cui prodest? La respuesta no ofrece dudas, a la ERC de Junqueras en irresistible ascensión tras la debacle de 2010. Se presenta aquí un esbozo del actor que ha alterado acaso irreversiblemente el sistema de partidos en Cataluña.

ERC es un partido de aluvión en el que convergen socialdemócratas clásicos con izquierdistas, liberales, ultranacionalistas y militantes sin perfil marcado. Según Paco Soto (El siglo, 13/02/2006), la reforma del Estatuto fue el caramelo que los dirigentes entregaron a sus bases para que aceptaran la “alianza con los españoles” del PSC en el tripartito, mientras se producía la acumulación de fuerzas para el objetivo final: la independencia. El republicanismo y luego el nacionalismo se ha impuesto a la tercera pata, la izquierda. Así ERC frenó la creación de la comisión sobre el caso Pujol –no entraremos en una carrera para hacer de Torquemadas, argumentó Pere Aragonés tirando de un repertorio inédito (elpuntavui, 10/09/2014)–, salvó de la reprobación al consejero de Salud, Boi Ruiz, rechazando junto a CiU una moción presentada por ICV-EUiA (El País, 25/07/2014) y fue la excepción entre los grupos parlamentarios de la oposición al pedir la dimisión de Felipe Puig (sobre el que volveré) por la actuación de la policía catalana durante la huelga general del 14/11/2012 (Público, 13/12/12).

En un partido tan plástico pesa el perfil de sus líderes. Recién nombrado presidente, Oriol Junqueras definía así sus posiciones: “Sin el expolio fiscal, tendríamos superávit” (Público, 09/10/2011); una versión hipocalórica del “España nos roba” y un desvío del diagnóstico de la crisis económica. Y en la entrevista deja una perla que pone en evidencia la cocina de la historia natural: “¿CiU, PSC e ICV están por la independencia ahora mismo? No. ¿Por qué están? Por el concierto. [Tenía razón, hasta Carme Chacón estaba en ello]. Pues avancemos. Nosotros lo queremos todo. […] Si somos gradualistas es porque no nos queda otro remedio”. Y vale la pena transcribir la última pregunta para lo que viene luego: “La presidenta de Òmnium distingue los partidos nacionalistas que ‘acompañan’ la independencia de aquellos que ‘empujan’ por la independencia. Hay quien dice que ERC pasa de lo uno a lo otro”. Esta es su respuesta: “Sin comentarios… Nadie del mundo es más independentista que yo”. Por entonces formuló su escala de prioridades: primero Cataluña.

Enric Company encuentra que ERC es un partido con un gen rupturista (El País, 02/06/2014); y acaso por ello Culla, autor de la más autorizada monografía, atribuye a Junqueras el mérito de haber efectuado el relevo más pacífico de su historia (vilaweb, 25/03/2013). Sin duda los batacazos electorales previos facilitaron la tarea en un primer momento y luego tomaría el relevo el fervor independentista aguijoneado por una conciencia clara en la designación del enemigo principal. Por si fuera poco, su ascenso a costa de CiU le otorga una confortable posición por partida doble, como líder de la oposición y como algo más que socio parlamentario del gobierno; el titular del mando a distancia compartido con la vanguardia nacionalista de la sociedad civil, ANC y OC. “Nunca habíamos llegado tan lejos ni sido tantos”, exulta ante varios miles tras el acuerdo sobre la alambicada pregunta del referéndum (La Vanguardia, 15/12/2013), una expresión directa de la seguridad de tener el mando a distancia.

Acaso la confianza en su poder le ha llevado a reactivar el gen rupturista llamando a saltarse la legalidad. “Ha llegado la hora de saltarse la legalidad española. Ha llegado la hora de prescindir de la legitimidad española” declaró a El Mundo (14/09/2014). Marta Rovira, secretaria general de ERC, apostilla: “si tenemos que elegir entre obedecer el mandato democrático de los ciudadanos o bien una sentencia del TC, que nadie tenga dudas de que obedeceremos al primero” (El Mundo, 28/09/2014). Ha invocado la noble figura de la desobediencia civil para responder al veto de la consulta, pero como ha puntualizado Francisco Rubio Llorente (La Vanguardia, 29/09/2014), la desobediencia civil “que algunos propugnan hace referencia a la conducta de los ciudadanos, no a la actividad de los órganos de la Administración, que no pueden ampararse en ella para designar los miembros de los colegios electorales ni llevar a cabo las demás actuaciones que la celebración de un referéndum entraña, y menos aún para imponerla o recomendarla a los ciudadanos”. Salvando las distancias, la música de estos llamamientos a uno le recuerdan la reivindicación del Derecho a la rebeldía (1934) del canónigo salmantino y rector de Comillas, Castro Albarrán. Y aprovechando este Pisuerga, que riega también los maltratados prados de la memoria, uno debe recordar que otro clérigo, éste no mesetario sino de las familias pata negra y catedrático en el Seminario de Barcelona, Juan Tusquets, el inventor de la carpetovetónica tesis de la conjura judeo masónica, invitaba ardientemente a participar en la rebelión contra la república con la dialéctica dilemática del ahora o nunca que subyace en el Ahora es la hora: “O sacrificios heroicos o la anarquía […] nuestra generación tiene en sus manos el timón de la Historia”. Antes había señalado el camino: “hemos de dirigirnos al pueblo y atraérnoslo”, y una vez “que estemos unidos y organizados, luego que poseamos las posiciones estratégicas y que el pueblo nos respete y nos ame […] será juego de niños barrer la podredumbre que nos ahoga” (Tusquets, 1932: 200-203).

Salvando las distancias y las escalas. Pero la cautela no sutura una homología adicional que viene por el lado del esencialismo historizante: Asegura Culla que la historia es un “elemento crucial en ERC”. Sin duda este partido tiene un papel determinante en la parafernalia del Tricentario y varios de sus dirigentes han participado activamente en la reconstrucción mitificada de 1714 empezando por Junqueras. La connotación mítica se refleja en otro rasgo que ha adquirido relieve recientemente, la mezcla de mesianismo y demagogia. La última es “un rasgo intrínseco en el gen político de ERC”, escribe Valenti Puig (El País, 17/11/2013). Pero debo subrayar el aspecto de la mística. Acaso en el alegato más fundamentado del catalanismo Joan Ridao (2006: 20) echa en falta un “poder ideológico mítico”, una apreciación que coincide con las invitaciones a crear una mística colectiva en Pujol y que no desentona con la contribución de Junqueras a la búsqueda de vocaciones religiosas. Y a uno se le multiplican los interrogantes cuando se quiere establecer una pareja de hecho entre la izquierda y la mística, habida cuenta de que el rasgo distintivo de la izquierda es la ontología materialista. Acaso uno de los principales méritos de ERC y colindantes, pongamos Rubert de Ventós a título de ejemplo de la lista, es haber llevado a cabo ese truco de prestidigitación ideológica consistente en presentar el catalanismo como un programa de izquierdas, aureolado además del brillo de lo cívico (Ridao, 2006: 234), un aspecto este último puesto en cuestión por Miley (2007).

Para seguir con Junqueras y el mesianismo y desde su condición de doctor en Historia del pensamiento económico basta recordar su llamada-amenaza a paralizar la economía catalana para forzar la consulta (El País, 27/01/2014). (Durán le acusó entonces de “no tener dos dedos de frente”). A uno le recuerda, con los papeles cambiados, a aquella invitación lírica de Milosevic a comer raíces antes que abandonar una brizna de tierra en Kosovo. En uno de los actos de su campaña permanente recuerda en el Vallés Occidental la lucha obrera de los setenta contra el franquismo para concluir que la consulta independentista es otro episodio de la misma guerra (El País, 07/12/2013), una estrategia de lavado ideológico por asociación en la línea de Ridao. Pero la cosa no es personal; escuchemos al candidato de ERC a las europeas Josep Maria Terricabras: “No me preocuparía que Cataluña quedara fuera de la Unión Europea” (El País, 17/05/2014).

Ninguna de estas baladronadas ha sido obstáculo para que ERC se haya convertido en el actor político decisivo. Tampoco ello es fruto de alguna espontaneidad sino el resultado de una estrategia pertinaz que encontró en la indefinición incompetente del tripartito su primera estructura de oportunidad y maximizó sus opciones en la conjunción astral de la crisis, la corrupción y la vuelta de CiU a la Generalitat. En 2003 optó por Maragall contra Mas y uno malpiensa en esa presentación del ex president con el exconseller fraterno devenido número dos de ERC como una especie de devolución generosa con las divisas más cotizadas del momento, las identitarias. Pero fue un abrazo del oso, como lo está siendo su actual papel de socio parlamentario, para el que le sobran las fuerzas que no necesita su anverso de líder de la oposición. ERC ha hecho saltar el sistema de partido; se me ocurre la metáfora del fracking, un procedimiento para fracturar rocas mediante la inyección de un líquido a alta presión que permite extraer petróleo; la presión, para volver a la receta de Colominas anotada en la introducción. ERC ha utilizado la emulsión identitaria para hacer estallar los suelos de los partidos. Se ha valido de una fórmula bien probada, la del victimismo del destino robado, en virtud del cual se establecen formulaciones maximalistas que si van adelante se capitalizan como éxito y, si no, se registran como deuda para elevar la puja de las reivindicaciones en la siguiente tanda.

En muy principal lugar, como muestra la anécdota de Maragall, la emulsión identitaria ha funcionado como una bomba de fragmentación entre PSOE y PSC y ha convertido a este último en un pecio. Condescendiente, Junqueras, ni siquiera le pide que sea independentista sólo que se incorpore a “esta amplísima mayoría social, empresarial, política y sindical” –se le olvidó el clero– (La Vanguardia, 14/06/2014). Los sucesivos pulsos provocan correlativos desmarques y un escoramiento del resto del lado del soberanismo. Para muestra un botón: del 36 % de las europeas de 2009 ha bajado a un 14,3 % en las de 2014. En segundo término ha afectado también a la relación entre Convergencia y Unió; la salida de Durán de la secretaría general de la federación da cuenta de ello. ERC es sin duda el que más nueces ha recogido en la sacudida soberanista. Ha sido el partido más votado en las europeas (mayo 2014), las últimas celebradas, dos puntos por encima de CiU. No es de esperar por tanto que renuncie a la emulsión mágica. La memoria irónica me trae a las mientes aquel encuentro de Carod-Rovira y Rafael Ribó el 18 de mayo de 2000 en el que hablando de las izquierdas de Cataluña, coincidían en que ningún partido por sí mismo –apuntaban al PSC– puede erigirse en “pal del pallier”, porque la alternativa no ha de construirse “desde un solo partido” (Esquerra nacional, 20: 6). Veinte años no es nada para dar la vuelta a un argumento. En menos de veinte años ERC no sólo ha trastocado el sistema de partidos sino el propio tablero. Recordemos que empezó con un desafío a la entente socioconvergente que había gobernado durante el pujolismo; entonces la pugna era entre ERC, por un lado, y CiU-PSC, por otro. Hoy es soberanismo frente a constitucionalismo (unionismo), o, más contundente, España contra Cataluña. Valen los dos títulos de Ridao a los que sólo separan cinco años: Les contradiccions del catalanisme (2006), Catalunya i Espanya, l’encaix impossible (2011). Pero cada fase del problema crea su propia lógica, por eso no sirve de nada impugnar el presente desde la desautorización genealógica de sus progenitores. Hoy la tensión aparente, natural, es entre España y Cataluña; pero la tensión principal tiene lugar dentro del soberanismo y en particular entre Mas y Junqueras. Ante la perspectiva del descalabro electoral, Mas puede verse tentado de optar por la fuga hacia adelante operando una radicalización en la dirección de la sociedad civil más fundamentalista. Cuando declara que el ‘enemigo’ está en el exterior, opta por el expediente del chivo expiatorio para externalizar la responsabilidad de sus propias torpezas. El precio será enorme, porque la bomba de racimo fracturará de arriba abajo a la sociedad catalana.

Antes del 3 % ERC era el único pretendiente de la independencia, hoy son legión. Entre los recién llegados, ciertos sectores de la sociedad civil algunos emergentes y otros contagiados que pujan por ir más lejos que nadie y que han asumido un papel y un espacio que desborda nítidamente los cometidos habituales.

 

 

2. La sociedad civil

Las anécdotas son elocuentes. En la puesta en escena subsiguiente a la firma de la convocatoria de referéndum, Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural (OC) colocaron un reloj en la Plaça de Sant Jaume que señala la cuenta atrás hasta el 9-N. Una metáfora de quién marca la hora y la agenda en Cataluña en los tres últimos años gracias a las complicidades de los partidos soberanistas, el gobierno y los medios oficiosos y muchos de los alternativos. Diré unas palabras sobre cada una de ellos. Pero hay algo más que metáforas. En la portada de El Temps (09/09/2014) esta frase entrecomillada de Artur Mas debajo de una foto a toda página: “Guanyarem per neurones, no per testosterona”; y tres semanas más tarde esta declaración de Muriel Casals, presidenta de OC: “El presidente no se puede echar atrás” (El País, 29/09/2014). Que el lector decida si tal percepción corresponde al registro de la lógica o más bien al del ‘tenerla más larga’, con perdón.

Unas palabras sobre la organización y su presidenta. OC fue fundada en 1961; Javier Pérez Andújar la ha definido “como el Club Mediterranée disfrazado de Misiones Pedagógicas. Esta asociación fue creada por la más pura y dura oligarquía catalana y para saberlo basta con ser catalán, con pertenecer al cuerpo social y a la historia de esta nación, país, región o como le quieran o decidan llamar” (El País, 28/04/2014). El artículo suscitó enconadas reacciones, sobre todo rechazando el atributo de oligárquico. Cinco meses después, la presidenta trataba de templar gaitas en una entrevista: es un punto de encuentro de las clases medias; y rechazaba la acusación de oligárquica con una finta de nominalismo dialéctico: ¿cómo va a ser oligárquica si el nombre remite a una raíz latina que quiere decir todos? (sentitcritic, 08/09/2014). El argumento es valioso porque es circular, como se ha señalado en otro lugar a propósito de la sinécdoque: todos son todos los que son, es decir, los que están dentro del perímetro trazado por los titulares del ‘nosotros’ con mando en plaza, Òmnium catalanista. La entrevista de la que procede esta puntualización ofrece datos de interés. Muriel Casals, hija de exiliados republicanos, militó en Bandera Roja y el PSUC; cito este dato porque la coincidencia de trayectorias biográficas transfugadas de estos núcleos de la izquierda es un aspecto de peso para el análisis sociológico y político, también para dar cuenta de un tipo de estructura mental maniquea y agonística característica. Casals es profesora de Economía de la UAB donde ha desempeñado la función de vicerrectora. De modo que es una clase media bien asentada y por ello resulta en cierto modo atípico el radicalismo que denotan sus intervenciones. Voy a entresacar unos rasgos de su perfil: victimismo, mesianismo, apostolicidad y conciencia de elección étnica.

Victimismo: “Somos un país al que le ha caído tanto encima que es normal que estemos siempre pensando de qué mal hemos de morir”.

Mesianismo: en relación con los ciudadanos de nuestro país que tengan dudas sobre el proceso, “el objetivo es hacerlos entender que el futuro será mejor, tanto para los convencidos como para los no convencidos”.

Apostolicidad: “Nuestra tarea es convencer a los que no lo tienen claro y dejar claro a quienes nunca se dejarán convencer que siempre serán respetados”.

Dogmatismo: no deja la mínima posibilidad a que la persuasión pueda operar en sentido contrario.

Conciencia de superioridad: “Estaba convencida de que los catalanes somos los reformados del Sur de Europa, mediterráneos pero con un injerto nórdico”.

Cuando el papa mostró sus dudas sobre las ventajas de la secesión, Casals no tardó en replicarle: la unión de Cataluña ha sido forzada “por una derrota militar” (La Vanguardia, 13/06/2014). El papa mencionaba el coste de la implosión de Yugoslavia, Casals replica con el argumento de los saboteadores de Yugoslavia: el carácter artificial del Estado, la idea de una prisión de pueblos. Ensimismada en su propia sensación de poder ha invocado argumentos tan peregrinos como que la prohibición de la consulta puede amenazar la permanencia de España en la UE (La Vanguardia, 13/09/2014). Por recordar alguna otra de sus intervenciones: acusó en julio de 2011 en TV-3 a los padres que piden el bilingüismo de maltratar a sus hijos. En esa misma entrevista caracterizó como expolio, la palabra que luego recogería el célebre simposio, el trato fiscal del Estado español. En repetidas ocasiones ha sugerido la necesidad de “violentar un poco” la legalidad.

Pasemos al actor que personifica el soberanismo, la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Se creó el 10 de marzo de 2012, dos días después del nombramiento de los miembros de la Comisión de Conmemoraciones. Su ciclo vital coincide con la fase resolutiva, como dirían los homólogos del Norte del Ebro, del proceso. Su primera y actual presidenta es Carme Forcadell. Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Comunicación, ocupada sucesivamente como profesora de instituto, coordinadora de normalización lingüística y colaboradora en diversos medios preferiblemente nacionalistas. Es militante de ERC y fue miembro de la Ejecutiva nacional y concejala por ese partido en Sabadell –repárese en la malla–. Recién elegida formulaba su credo:

 

“Sin estado no tenemos nada, perderemos la lengua, la cultura, la identidad e incluso la dignidad. Hemos llegado a un punto insostenible, creo que la sociedad civil debemos exigir a nuestro Gobierno de la Generalitat, que explique al mundo nuestra situación. Tenemos un Estado, España, que nos ahoga económicamente para romper la cohesión social, nos ahoga políticamente con leyes centralizadoras para hacernos desaparecer y utiliza los tribunales de justicia en contra de la democracia y la libertad. […] Si la consulta no se puede hacer, hay alternativas: declaración unilateral de independencia o elecciones plebiscitarias con el objetivo de declarar la independencia.”

 

Claro que lo que se argumenta en los medios más serenos con la copla democrática es que lo que se quiere es el voto, el derecho al voto. Esta organización, así como OC, tiene una comunicación tan fluida con el gobierno como la otra puerta giratoria que conecta con las finanzas.

Ambas organizaciones, ANC y OC, se presentan como convocantes oficiales de las Diadas, pero tienen el aparato institucional del gobierno y medios como TV-3 a su entera disposición, como refleja alguien tan poco sospechoso en este punto como Enric Juliana (La Vanguardia, 14/09/2014). Sería interesante desglosar los perfiles de los más de 50.000 socios de ANC repartidos en 550 municipios y 30 ciudades de Cataluña y fuera; Juliana señala varios: socios vinculados a CiU y ERC, izquierda independentista, exPSC y exPSUC, retornados a la política no adscritos y profesionales independientes. Creo que habría que añadir un componente cristiano. Dos rasgos apunta Juliana que definen bien a la organización desde el punto de vista funcional: actúa como un partido por encima de los partidos (un rasgo que sólo es viable en contextos de unión sagrada, de Gleichschaltung añado) y ejerce una tutela de facto sobre CDC y ERC. Un editorial de El País (19/03/2014) afinaba en este registro: “Esta organización reclama la ‘calle’ como cosa suya y ha acordado una ‘hoja de ruta 2014-2015’ que constituye el diseño milimétrico de un golpe de mano contra la democracia representativa, a través de la imposición unilateral de una separación del conjunto de España”. En esa hoja de ruta se establece que “en cualquiera de los escenarios, el proceso es ya irreversible”. El historiador Joan B. Culla define a la ANC como “un órgano de agitación y propaganda”, a diferencia de CDC que “es un partido político”, por lo que, concluye: “no creo que Convergencia haga suya esta hoja de ruta” (El País, 20/03/2014). De hecho tres meses después, Mas tuvo que distanciarse de un documento de un sector de esta organización relativo a la creación del ejército en el que se especificaba que las Fuerzas Armadas catalanas necesitarían 47.696 militares en activo, 64.352 reservistas y 2.584 millones de euros de presupuesto. La Generalitat se desmarcó pero el portavoz del gobierno, F. Homs, felicitó a la entidad por su trabajo de movilización de los independentistas. Y luego formuló un propósito un punto risible: “los papeles de cada uno están muy bien asumidos por todo el mundo: la sociedad civil hace de sociedad civil y los políticos hacemos lo que nos toca” antes de invitar a “no hacer el ridículo” (El País, 04/07/2014). El ridículo, como las condiciones percibidas, es un resultado de la correlación de fuerzas, como describe el EPS. La psicología social tiene un espeso registro de situaciones típicas al respecto. Y una parte de ella incorpora los resultados de la antigua psicología de las masas, porque el propio hecho de la presencia de las masas en la calle genera una dinámica propia, con independencia del contenido de las reivindicaciones que las mueven. Por una parte, la propia configuración de un liderazgo que hace de sus presidentes, por ejemplo, Muriel Casals, de OC, u Oriol Junqueras, verdaderas vedettes. Por otra, y principal, desde el lado de los seguidores. Recuperemos las observaciones centenarias de G. Tarde (1986: 73):

 

“La gran excusa de las multitudes […] es su prodigiosa credulidad. […] Una multitud de hombres reunidos es mucho más crédula que cada uno de ellos por separado; porque el hecho sólo de tener su atención concentrada sobre un único objeto, en una especie de monoideísmo colectivo, los acerca al estado de sueño o de hipnosis, donde el campo de la conciencia, singularmente reducido, es invadido por entero por la primera idea que se le ofrezca. […] Las multitudes padecen verdaderas alucinaciones colectivas: los hombres reunidos creen ver o creen oír cosas que aisladamente no verían ni oirían nunca. Y cuando las multitudes se creen perseguidas por enemigos imaginarios su fe aparece fundada sobre razonamientos de alienados.”

 

El 14 de septiembre de 2014 TV-3 dedicó a ANC el programa ‘30 minutos’; la nota de prensa previa (e-notícies, 13/09/2014) adelantó algunos de los contenidos. Uno apunta a la función de cocina que vengo subrayando, de cocina de historia natural habría que añadir: “sin la asamblea, difícilmente se habría llegado a un punto impensable hace no más de dos años: que el próximo 9 de noviembre esté prevista la celebración de una consulta sobre la independencia de Cataluña”. Otro reconoce sin embozo una función central de galvanización: “En sus dos años de existencia, la Asamblea ha conseguido que la reivindicación soberanista –el proceso– se haya convertido en el centro de la agenda política tanto en Cataluña como en España y ha obligado a todas las fuerzas políticas a manifestarse sobre la cuestión”. Para volver sobre las limitaciones de la hipótesis de la espontaneidad o inmaculada concepción y la ventaja de la plantilla de los problemas sociales. Es un decir, la historia natural tiene la vida dura. Escuchemos de nuevo a Josep Ramoneda, exmaoísta de Bandera Roja, lo que no explica nada, que ha ejercido de analista y cocinero: “El resurgimiento del conflicto catalán es una derivada de la crisis de un régimen muy deteriorado en España como en Cataluña… El movimiento independentista actual surgió precisamente de la voluntad de pasar página del sistema CiU-PSC que durante los años del pujolismo se repartía Cataluña” (El País, 02/10/2014). Convengamos en el papel de la crisis, aunque es difícil llegar a esa convicción a partir de las declaraciones de nuestros protagonistas, pero no podemos convenir, ya se ha dicho, en la insinuación de la espontaneidad del ‘surgió’. Fue fabricado, y destacados miembros de CiU y PSC pusieron no su granito sino, por lo menos, su piedra como se refiere Mas al caso Pujol con una intención eufemística (El Temps, 09/09/2014).

Hay que completar el tema de la sociedad civil con dos observaciones, cualitativa la primera y cuantitativa la segunda. La cualitativa tiene que ver con la separación de papeles entre la sociedad civil y las instituciones políticas, que quedó apuntada en la sección tercera del capítulo segundo. Se pregunta con razón Kepa Aulestia (El Correo, 27/09/2014) “cómo el propio concepto de sociedad civil ha podido acabar subsumido en la reclamación, netamente política, de una consulta soberanista hasta orillar todas las demás causas por las que la gente tiene razones para protestar, incluida la indignación por el escándalo Pujol”. Ciertamente es así, hasta el punto de que el término recorte ha quedado recluido como determinante para el Estatut no para los atropellos múltiples a los servicios sociales, en un claro ejemplo de monocultivo identitario. Desde otro punto de vista, la puerta giratoria no permite establecer una división de funciones neta y sí apunta en casos a una colusión de intereses. El éxito de las movilizaciones no puede entenderse, aunque no sea la única motivación, sin la estructura de complicidades que siguió la estela de redes clientelares que penetraron la sociedad con el populismo pujolista (Vélez-Pelligrini, 2003: 140), combinando nacionalismo cálido y lluvia fina hasta crear esa cancha inclinada de la que ahora surge el clamor.

Como cuenta Antonio Fernández en El Confidencial (09/09/2013), el que una manifestación como la de 2012 tuviera el éxito que tuvo cuando la organización convocante se había constituido unos meses antes, necesita explicaciones adicionales. Y entre ellas hay que destacar una docena de entidades que prestan su ayuda e infraestructuras, que han recibido millones de euros de subvenciones en los últimos años y que constituyeron una plataforma denominada El Clauer, registrada a nombre de Òmnium y en la misma dirección que ésta. Son las siguientes: Òmnium Cultural, Cercle Català de Negocis, Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), Centre Internacional Escarré per a les Minories Ètniques i les Nacions (Ciemen), Fundació Catalunya Estat, Plataforma per la Llengua, Asociación Catalana de Profesionales (ACP), Plataforma pro Seleccions Esportives Catalanes, Ens de l’Associacionisme Cultural Català, Plataforma Sobirania i Justicia, Plataforma Sobirania i Progrés, Plataforma La Fábrica y Col-lectiu Emma. Son estas organizaciones las que aseguran la traducción en movilización de las decisiones de la ANC. Y para abundar en el asunto del monocultivo, a finales de 2011, a pesar de los recortes, Mas firmó un convenio con Òmnium para una subvención de 1.434.763 euros. Pero Òmnium recibió dinero público de otras instituciones como la de las Letras Catalanas o el Departamento de la Presidencia. Años antes Carod-Rovira pagó con dinero público –600.000 euros– su nueva sede y en 2010 aportó 75.000 euros para un acto de apoyo al Estatuto en Madrid. La Plataforma Pro Elecciones también ha sido generosamente subvencionada –entre 2006 y 2009 recibió al menos 4,6 millones de dinero público–, y 10,5 recibió Òmnium entre 2005 y 2010. Recordemos a efectos de influencia y de puertas giratorias que Muriel Casals, la presidenta de Òmnium Cultural, forma parte de la Comisión de Conmemoraciones. Y cada una de estas organizaciones recluta luego a estrellas del firmamento mediático. En el artículo de Antonio Fernández aparece una foto de Casals con el entrenador Guardiola, declarado soberanista como otras vedettes del firmamento futbolístico y glamoroso.

Y puesto que se ha hablado de ANC hay que remontar el curso; eso permite, en parte, desagregar la épica del clamor en la prosa de las biografías. La consulta de Arenys de Munt tiene tal poder simbólico que no ha dejado de festejarse. Al celebrar los cuatros años del acontecimiento, Anna Arqué aseguraba que esa consulta y las que le siguieron entre 2009 y 2011 fueron decisivas para consolidar el soberanismo porque “se normalizó la palabra y el concepto de ‘independencia’ y se transversalizó la demanda, que se asoció a un escenario positivo, festivo y alegre” (www.teinteresa.es, 13/09/2013). La misma fuente asegura que esas consultas sentaron las bases para la ANC. ¿Y quién es la fuente? Anna Arqué, de acuerdo con la biografía que ella incluye en su blog (siannararque.blogspot.com), viene de una tradición católica, tiene formación en el ámbito de la empresa y el marketing y es una persona que valora “los hechos locales e identitarios”. En el reverbero del editorial conjunto se la dibujaba como “uno de los rostros más atractivos de la nueva corriente independentista (El País, 20/12/2009). Poniendo de relieve su especialización en mercadotecnia y estrategias de comunicación presentó en varias ocasiones una ILP en favor de la consulta. Preguntada por el Estatuto, contesta “¿Qué estatuto? Eso ya no existe”. Añade que no ha tenido necesidad de militar en partidos políticos y menos hacer carrera en ese mundo porque ya tiene su vida y su empresa. Su función está en la sociedad civil como responsable de la Coordinadora per la Consulta sobre la Independència. Pero pese a sus declaraciones y a la frontera entre esos espacios, sin dejar de ser responsable de la Coordinadora entra como número dos en la lista de Joan Laporta –de quien se ha hablado– y se convierte en responsable de relaciones externas e internacionales (adivinen el matiz) de la coalición Solidaritat Catalana per la Independència (SI). Es un buen ejemplo de estas figuras que desempeñan funciones clave en el engranaje del proceso: emprendedores étnicos que promueven y naturalizan (normalizan, banalizan), ingenieros que diseñan y plutócratas que manejan el sistema de recompensas, pringue incluido. También es un ejemplo del aleteo de las puertas giratorias y de la nacionalización de la sociedad civil.

Y no hay que olvidar los actores individuales. Tras la Diada de 2014, al llamamiento de la ANC para crear una “Mesa de fuerzas políticas y sociales para el Estado propio” que recibió el apoyo de personalidades como el cantante Lluís Llach, la periodista Mònica Terribas o diputados del Parlament como Anna Simó (ERC) y Salvador Milà (ICV) (La Vanguardia, 13/09/2014). Y en el espacio interestelar otras figuras como la monja Teresa Forcades y su impulso al proceso constituyente.


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