Reynaldo Hahn, suave y nocturno

Por . 4 mayo, 2015 en Siglos XIX y XX
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“Después de la cena, Reynaldo Hahn se sentó al piano y cantó L’île hereuse de Chabrier. Al igual que en casa de Madeleine Lemaire o en su habitación del muy misterioso Hôtel des Réservoirs, en Versalles, Reynaldo cantaba con el cigarrillo a un lado de la boca, y su exquisita voz del otro, la mirada en el cielo, todo el pequeño jardín a la francesa de sus mejillas azuladas girando hacia la sombra y el resto de su persona, en rueda libre, detrás del piano, en una inclinación suave y nocturna…”

Así describe Jean Cocteau al músico Reynaldo Hahn en su libro Retratos para un recuerdo.

 

Reynaldo Hahn Echenagusia (1875-1947) era hijo de emigrantes europeos (de padre judío alemán y madre con ascendencia vasca) nacido en Venezuela que en 1879 se trasladó con su familia a vivir a Europa, estableciéndose definitivamente en Paris. Es allí donde en 1884 inicia estudios musicales en el Conservatorio de Música, teniendo el privilegio de ser alumno de Charles Gounod, Jules Massenet y Camille Saint-Säens, así como compañero de aula de Maurice Ravel.

Aquí podemos escucharle interpretando una melodía (Aimons-nous!) de Gounod sobre un poema de Jules Barbier:

 

Destacado alumno, compone con 14 años su primera obra, Si me vers allaient des ailes, inspirada en un poema de Victor Hugo; y más tarde, también con la misma influencia, Rêverie.

En 1898, basándose en la tragedia homónima de Jean Racine, compone la ópera Esther; y, en 1890, Chansons grises, serie de piezas inspiradas en siete poemas de Paul Verlaine.


Hahn era un hombre inquieto y elegante, de exquisita educación supervisada estrechamente por su madre, que destacó desde muy joven como pianista, cantante y compositor siendo invitado habitual en los círculos culturales parisinos. Es en uno de esos salones, el de la pintora Madeleine Lemaire, donde conoció a Marcel Proust en 1894 para iniciar una relación sentimental que duró unos años y que se convertiría más tarde en una profunda amistad que les uniría para siempre y marcando de manera indeleble la obra del escritor como queda plasmado en la abundante correspondencia que mantuvieron.

Algunos han querido ver a Hahn en el personaje del músico Vinteuil, a quien Proust atribuye la sonata ficticia nombrada en su libro En busca del tiempo perdido, puede que como muestra de agradecimiento por ser quien le dio fuerza y ánimo para concluir la obra con éxito. En cambio, otros críticos sostienen que se trata del compositor César Franck o que en realidad fue el propio Hahn quien sugirió la figura de Saint-Saëns al autor para que se inspirara.

Compositor versátil y prolífico, Hahn compuso óperas (l’Île du rêve, Le marchand du Venise, etc.), operetas (Ciboulette, Mozart o Brummel), ballets (Le bois sacré, sobre una obra de Rostand, y Le dieu bleu, a petición de Diaghilev para su compañía de ballet sobre un texto de Cocteau y Madrazo), conciertos de cámara, oratorios… Incluso dos bandas sonoras (Ciboulette en 1933, Sapho y La Dame aux camelies en 1934).

También colaboró como crítico musical en numerosas publicaciones (Femina, Le Figaro, La Flèche, Le Gaulois y La Presse) y escribió cinco libros (Du chant, La grande Sarah en homenaje a su gran amiga Sarah Bernhard, Notes, journal d’un musicien, L’Oreille au guet y. el último, Thèmes variés, una especie de testamento artístico).

Combatiente activo durante la I Guerra Mundial, por lo que fue condecorado con la Legión de Honor, algunas de sus obras las compuso durante la contienda, como las 5 petites chansons (Five Little songs) inspiradas en relatos cortos de Robert Louis Stevenson, y la ópera Nausicaa.

Al volver del frente se reincorporó a sus actividades artísticas, participando como director de óperas en las temporadas de París, Cannes y Salzburgo, además de seguir componiendo sus propias obras y aumentando su prestigio como crítico musical.

Su ascendencia judía paterna le acarreó muchos problemas durante la II Guerra Mundial, teniendo que refugiarse en el principado de Mónaco hasta la finalización del conflicto bélico. En 1945, al regresar a París de nuevo, ingresa en la Academia de las Bellas Artes de Francia y es nombrado director de la Ópera de París, cargo que ostentó hasta su fallecimiento.

Muere en 1947, dejando un legado de obras considerable en el que se ven reflejadas sus enormes ganas de vivir, su gusto por la investigación musical y la curiosidad intelectual que fue una constante a lo largo de su vida. Su imagen de bonvivant y su presencia en los salones de la sociedad parisina puede que contribuyeran a que su obra fuera considerada más “ligera”, comparándola con otros compositores contemporáneos suyos como Ravel o Wagner, provocando que se le relegara a un discreto segundo plano. Algo que es, sin duda, una verdadera lástima.


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Nacida en Barcelona tan sólo unos meses después del famoso Mayo del 68 cabría pensar que en mi carácter habría algo revolucionario. Nada más lejos de la realidad. Fui una niña dócil que sólo mostraba resistencia cuando se trataba de soltar los libros que me iban cautivando uno tras otro. Tal vez por eso es por lo que estudié Biblioteconomía y Documentación. Y por lo que sigo devorando libros además de intentar reseñarlos de forma mínimamente inteligible desde hace algún tiempo en una web literaria Anika Entre Libros (anikaentrelibros.com).

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