Antonio Amat, un activista y conspirador socialista

Por . 7 septiembre, 2015 en Siglos XIX y XX
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El historiador Abdón Mateos ha escrito para Punto de Vista Editores Socialistas de otro tiempo, una obra que recoge pequeñas biografías de personalidades del socialismo español del siglo XX y de la que Anatomía de la Historia publica a modo de adelanto la de Antonio Amat.

Antonio Amat, un activista y conspirador socialista

Nacido en Vitoria en 1919 en el seno de una familia de clase media, Antonio Amat Maíz cursó estudios de marina mercante y medicina en Valladolid, completando los de Derecho durante la posguerra, aunque nunca llegó a ejercer la abogacía. Fue condenado por primera vez en 1936 a dos años de prisión menor por un delito de amenazas.

 

Una vida en la clandestinidad

Después del triunfo de la sublevación de julio de aquel año 36 en Álava, se vio obligado a incorporarse a filas para combatir del lado franquista en la Guerra Civil, siendo nombrado, dado su condición universitaria, alférez provisional.

Ya bajo la dictadura franquista, durante la Segunda Guerra Mundial, en enero de 1944, quiso traspasar la frontera francesa pero fue detenido junto a varios nacionalistas vascos y procesado en un consejo de guerra en Burgos, presidido por tres generales, en diciembre de 1947. Permaneció en prisión hasta 1951, fecha en la que obtuvo la libertad condicional.

Tras las desarticulaciones de los comités centrales del PSOE y de la UGT de Euskadi en 1950, 1951 y 1952, entró en contacto con Juan Iglesias, enviado desde el exilio para la reorganización de las federaciones en la primavera de 1953. “Juanito” reorganizó el Comité Central de Euskadi y propuso que Amat se hiciera cargo del enlace general. De este modo, Amat, conocido con seudónimos como “Guridi”, “Solozábal”, “el Ciclista”, “el Vasco” o “el Francés”, asistió al Congreso de UGT de septiembre de 1953 junto al vitoriano Nicolás Edroso.

Las ejecutivas le encargaron que preparara un informe sobre la situación orgánica en Madrid, sede de las cinco ejecutivas clandestinas, e inmersas en una situación confusa desde la muerte en manos de la policía de Tomás Centeno. Amat estableció contacto con Teodomiro Menéndez y José María Fernández, que pretendían encabezar una nueva ejecutiva clandestina durante 1953 y 1954. La opinión de Amat fue negativa, recomendando que las ejecutivas en el exilio se convirtieran en dirección general de las organizaciones, haciendo los plenos de coordinación de las federaciones clandestinas las veces de una comisión ejecutiva.

Entre 1953 y 1957, Guridi consiguió restablecer el contacto con las principales federaciones socialistas, revitalizando también a otros grupos dispersos. Consiguió sintonizar con las nuevas generaciones de socialistas de clase media, consiguiendo la vinculación orgánica de grupos como como el Moviment Socialista de Catalunya y la Agrupación Socialista Universitaria (ASU) en Barcelona y Madrid.

Tras la organización de varios plenos de coordinación durante el bienio 1957-1958, logró la constitución de un comité central que elaboró una nueva posición política hasta la desarticulación general de noviembre de 1958. Durante su permanencia en prisión, estrechó sus contactos con toda la oposición antifranquista atrayendo hacia el partido socialista a militantes del PCE, del Frente de Liberación Popular o de Nueva República. Puesto en libertad en mayo de 1961, alentó la presentación de una ponencia radical al Congreso socialista de 1961 pero, poco después, renunció a permanecer en Madrid y encabezar una tendencia organizada.
5018d73fefa6337bacb07a928e0a22bb_400x400-300x300Después de su salida de prisión, para el líder socialista el tiempo de Guridi había finalizado. Desaparecieron sus optimistas expectativas en la revolución a la vuelta de la esquina para pensar, en cambio, que la patente transformación de la sociedad española obligaba a un cambio de estrategia, priorizando la reconstrucción del movimiento obrero.

Desde Vitoria, nombrado delegado sindical liberado, defendió la renovación y el giro de la política socialista desde dentro de los cauces de la disciplina orgánica, no apoyando las sucesivas tentativas de constituir unas ejecutivas clandestinas independientes del exilio. Participó en los plenos de las federaciones entre 1962 y 1970, desempeñando también tareas de coordinación clandestina hasta al menos 1971. Con ocasión de los plenos del comité de coordinación de 1963 y 1964 presentó propuestas críticas como el uso de los cargos en el Sindicato Vertical, la paridad interior-exterior, el reforzamiento del carácter federal de las organizaciones o la unidad de acción con los comunistas.

Logró organizar una sólida federación ugetista y socialista en Álava, provincia de escasa tradición socialista y fuerte inmigración, consiguiendo el reclutamiento de las nuevas generaciones obreras y antifranquistas. De todas formas, se puede decir que la era de mayor protagonismo de Amat abarcó, como en el caso de Francisco Román, la difícil década intermedia de la clandestinidad: 1954-1964. Durante el período de transición de las organizaciones entre 1971 y 1979 perdió casi todo protagonismo, cediendo de nuevo el paso a las nuevas generaciones, en el caso alavés con fuerte presencia trotskista.

Soltero, sin oficio alguno, enfermo de cáncer y controlado por la policía, que además de los encarcelamientos de 1944 y 1958, le había detenido en 1955 y 1964, se fue ensimismando, viviendo en los límites de la pobreza y del alcoholismo, y dedicándose al cuidado de su madre. Muerto Franco, rechazó participar en puestos directivos y ser candidato electoral, hasta su suicidio a finales de 1979 cuando apenas contaba con sesenta años. En una ocasión manifestó irónico ante Sergio Vilar que, en todo caso, le gustaría ser en un futuro democrático director general de Seguridad. La eterna víctima de la represión policial soñando con verse convertido en jefe de policía.

 

Amat, casi un personaje de Baroja

Antonio Amat fue ante todo un activista y un conspirador de tintes barojianos, que recuerda al personaje real y de ficción Aviraneta, rechazando todo protagonismo e incluso el desempeño de cargos —sólo se le conoce hasta la liberación de Ramón Rubial en 1956 la firma como secretario general del Comité Central de Euskadi—, cediendo siempre el paso a dirigentes con más veteranía o preparación intelectual.

Dentro de la clandestinidad socialista fue la personalidad más cercana a la figura del revolucionario profesional pues estuvo liberado durante 17 años, completando su vida con otros 10 años de prisión. De carácter extrovertido, vividor y mujeriego, se convirtió en un verdadero mito de la clandestinidad, uno de los principales héroes de la oposición antifranquista.

Aunque su biografía de juventud entre 1936 y 1953 es bastante oscura o, quizá, relativamente trivial, para alguno de los que le conocieron lo mismo había sido guerrillero en la zona franquista durante la Guerra Civil (cuando, en realidad, había sido oficial con el ejército franquista), organizado huelgas generales en Vizcaya como la de 1951 (cuando en ese momento debió ser excarcelado) o, posteriormente, vivido en la Cuba castrista (no parece que tuviera otra residencia que la de la calle Postas de Vitoria).

Simpatizaba con todas las acciones contra el régimen de Franco vinieran de Comisiones Obreras o del nacionalismo vasco radical. Partidario de cualquier método de lucha contra la dictadura, Amat lo mismo defendió el activismo armado entre 1953 y 1957 mediante lo que, en lenguaje cifrado se denominaba “antibióticos”, que el entrismo en Sindicatos o en Falange, la conspiración con los monárquicos o la unidad en la acción con el PCE.

Se puede decir que la cultura política de Amat estaba más cercana a la comunista o de las juventudes socialistas de preguerra —el oportunismo revolucionario— que a la del socialismo de posguerra. Como ha recordado la escritora y política italiana Rossana Rossanda, quien se entrevistó con Amat en 1962, el vitoriano representaba a un tipo de socialista distinto al del exilio, inmerso en la Europa de la Guerra Fría, pero diferente, también, de las nuevas generaciones que se hicieron con el control de las organizaciones durante los años setenta.

Desde antes de la generalización de la protesta obrera en 1962, Amat fue muy sensible a la necesidad de reconstruir al socialismo a partir de la reorganización de UGT. En esto discrepó abiertamente con Ramón Rubial, para quien la clandestinidad obligaba a dar prioridad a la reorganización del partido.


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