Repoblando en la Edad Media: los foramontanos

Por . 14 septiembre, 2015 en Edad Media
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“Exierunt foras montani de Malacoriam et venerunt ad Castella.”
Annales Castellanos Segundos.

La frase con la que comienza este artículo, que hace referencia al año 814 de nuestra era, es la única fuente altomedieval (aun siendo copia posterior de en torno al siglo XII, según se deduce del uso de términos como Castella, algunos de los fragmentos conservados sí parecen datar de los siglos IX y X) que se tiene sobre los foramontanos.

Poca información para lo mucho que se ha venido escribiendo sobre estas misteriosas primeras repoblaciones medievales peninsulares. Pero, ¿de qué hablamos cuando hacemos referencia a los foramontanos?

La invasión musulmana posterior al año 711 asienta en casi toda la península Ibérica un robusto poder ostentado por el islam. Tradicionalmente se ha pensado que ciertas bolsas de población cristiana pervivieron en las montañas del norte, ya sea en la cordillera Cantábrica o en los Pirineos, y aunque se ha demostrado arqueológicamente que el dominio del emirato se extendió incluso hasta el mar (con Gijón como punto importante de la administración musulmana), lo cierto es que esas fuerzas pronto fueron expulsadas hacia el sur, más allá de las montañas. El saqueo de Lisboa por parte del rey asturiano Alfonso II en el año 798 parece hablarnos de un reino impetuoso y con vigor, que posee resortes no solamente para defenderse de aceifas, sino también para lanzar dardos dolorosos más allá de sus propias fronteras.

De esa forma, a principios del siglo IX habrá dos causas fundamentales que empujarán a aquellos campesinos para iniciar las futuras repoblaciones cristianas en la Submeseta norte. El primero es la enorme densidad de población que los angostos valles norteños soportaban en aquella época, debido a la presencia de miles de personas huidas de los musulmanes que se habían establecido en unas tierras que apenas podían soportar tal explosión demográfica. El otro es la creación de una especie de pasillo de seguridad que cristianos y musulmanes habían establecido de forma casi tácita en el valle del Duero, y que actuaba como frontera natural entre ambos reinos. La visión de Sánchez Albornoz sobre un valle del Duero completamente despoblado posiblemente sea exagerada, pero sí que es bastante evidente que aquella tierra prácticamente virgen suponía un destino potencialmente apetecible para quienes se encontraban enclaustrados en las montañas del norte.

Es por eso por lo que el propio rey Alfonso II emprende una política de repoblación de esos lugares. Serán estas las primeras repoblaciones medievales, las más espontaneas y las que aparecerán más ligadas a un espíritu casi aventurero en sus protagonistas. Con posterioridad, las repoblaciones avanzarán con idéntico ritmo que la Reconquista, pero lo harán ya desprovistas de este espíritu pionero que dibuja a los primeros foramontanos.

Porque es ahora cuando surgen los foramontamos. Sobre quienes eran es imposible dar una respuestas clara. ¿Ese Foras Montani significaba que llegaban a las zonas montañosas del norte del valle del Duero desde fuera del monte o que iban fuera del monte? En otras palabras ¿eran cristianos que llegaban desde el sur huyendo de los musulmanes o antiguos visigodos que remontaban los valles desde la cornisa cantábrica para repoblar aquellas tierras? Seguramente nunca lo sepamos con claridad, aunque toponimia, inscripciones y ciertos aspectos jurídico-culturales nos empujen a decantarnos por la segunda opción, que es la que tomaremos de aquí en adelante como válida.foramontanos_monumento_foramontanos

Perfecto. Tenemos un territorio casi virgen y tenemos una serie de personas prestas a repoblarlo. Personas que viven en los valles cantábricos y que quieren trasladarse hasta la cara sur de esas montañas, siempre muy cerca de las cumbres para contar con la posibilidad de huida en el caso de que, a lo lejos, se empiece a distinguir esa nube de polvo que es garantía de aceifa musulmana.

En otras palabras, tenemos grupos de personas que se van a trasladar desde un especio territorial relativamente seguro y tranquilo, aunque pobre, a otro que es terreno de frontera, con todo el peligro que ello supone. Para el monarca esto es un movimiento positivo, no solo porque aumente el tamaño “real” de sus dominios, sino porque poner en funcionamiento económico nuevas tierras le reportará de forma indirecta nuevos ingresos en forma de tributo. Así que, ¿cómo convencer a aquellos pioneros para que abandonen la comodidad de su hogar para lanzarse a una aventura desconocida y con toda seguridad peligrosa?

La respuesta llega de la mano de una fórmula jurídica que se llamará pressura o aprissio.

Las presuras son instrumentos muy sencillos de explicar: cuando el individuo llega a un territorio sin dueño puede hacerlo suyo en la extensión que desee, siempre que consiga ponerlo en funcionamiento económico. En otras palabras, si cuentas con varios hijos que te ayuden en las tareas de desbroce y cultivo de la tierra podrás hacer tuya una porción mucho más grande que si estás solo en las mismas. Ojo, la clave aquí es que accedes a la propiedad del terreno, no a una concesión ni nada parecido. Muy ventajoso para el campesino, que puede convertirse en un hombre libre con apreciables propiedades, y también para el monarca, que consintiendo esta forma de acceso a la tierra se garantiza un flujo constante de repobladores que pondrán en valor económico esos terrenos.

Seguramente grupos de foramontanos remontaron todos los valles de la cornisa Cantábrica hasta llegar allende las montañas y establecerse allí. La interpretación más habitual de la crónica citada al principio identifica Malacoria con Mazcuerras, en Cantabria (y, efectivamente, allí se ha establecido una atractiva ruta de los foramontanos que combina etnografía, historia y naturaleza), pero el mismo movimiento debió de producirse en todos los valles. El siguiente paso será el de la concesión de diferentes fueros municipales a los villorrios que poco a poco van surgiendo al sur de la Cordillera, siendo el primero de ellos el datado en el año 824 en Brañosera. Pero eso es, seguramente, otra historia.


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  1. gravatar Diegu San Gabriel López Responder
    septiembre 14th, 2015

    Seguimos contribuyendo a perpetuar este mito de la historiografía franquista. Ni hubo “foramontanos” ni aquellos montañeses salieron de Mazcuerras o cualquier otro pueblo cántabro: http://mauranus.blogspot.com.es/2012/04/mitos-de-la-historia-de-cantabria-1-los.html
    Quién dio vida en los años 50 a la conversión de “salieron los montañeses fuera” en “salieron fuera los foramontanos” fue “casualmente” Víctor de la Serna, el mismo que como cronista vio explosivos rojoseparatistas en Guernica. Esta interpretación interesada de los Anales Castellanos Primeros fue superada ya en su día (http://portal.uc3m.es/portal/page/portal/conocenos/honoris_causa/discurso_jose_manuel_perez-prendes), pero en Cantabria no parecemos querer darnos por enterados.
    Un cordial saludo.

    • gravatar José Luis Ibáñez Salas Responder
      septiembre 15th, 2015

      No acertamos a ver qué tiene que ver el franquismo con esta interpretación a tu juicio superada, pero te agradecemos la lectura de este artículo. Esperamos que otros sí que sean de tu agrado, de los casi 500 que llevamos publicando o de los venideros.