Harriet Tubman: lucha y dignidad

Por . 12 octubre, 2015 en Siglos XIX y XX
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Hablemos sobre la guerra. Preparen adjetivos horrendos, cataclismos en forma de aforismos para definirla. Les dejo uno de Albert Camus: “Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mí es la soledad infinita”.

Pero la guerra es también una aceleración de la historia, un suelo tambaleante, una vía de escape por la que se cuelan héroes —los menos— y villanos —la mayoría de las veces—. O, como dijo un veterano de la División Azul que ocultaba sus ojos tras una gafas de sol, la guerra saca de nosotros lo peor y lo mejor (ojalá fuese esto último).

 

La guerra de Secesión

Harriet_Tubman_Civil_War_WoodcutNos marchamos a la guerra de Secesión. ¿Les parece? Fue una guerra muy sangrienta y tremendamente larga. Dos formas de entender el futuro de Estados Unidos se enfrentaron y venció el Norte, es decir, el capitalismo industrial e integrador racialmente hablando (en teoría). El país cambió tanto que en pocas décadas se convirtió en una potencia mundial.

Unas décadas antes de la guerra, en la de 1820, sin saber la fecha exacta, nació en Dorchester, Maryland, Harriet Tubman. Era negra y esclava, una ecuación muy simple en Estados Unidos a mediados del siglo XIX. Decidió Harriet huir junto con sus hermanos antes de que fuese vendida en 1849 usando la denominada vía del ferrocarril subterráneo. Después de muchas penalidades llegó a Pensilvania, donde exclamó: “Cuando supe que había atravesado la frontera, miré mis manos para comprobar si seguía siendo la misma persona”. Lo era, pero libre.

Es entonces cuando su conciencia comprometida le impide buscarse un trabajo y llevar una vida más o menos convencional en el Norte. Decidió volver a su tierra de origen para liberar a otros esclavos y, de paso, a miembros de su familia. Hasta 1897 no dio a conocer las familias que la habían ocultado, una de ellas fue la de Frederick Douglass, que le dio cobijo junto a once esclavos fugitivos. Su compromiso político no dejó de crecer. En 1858 conoció a John Brown, el famoso activista cuyo ataque a Harpers Ferry le costó la vida, pues fue juzgado y ahorcado.

Pero la guerra llegó en 1861. Tubman entendió que el conflicto sería el resorte que podría saltar el sistema esclavista del Sur. Desde los primeros meses prestó servicios de enfermera, pero conoció al general David Hunter, que liberó por su cuenta a esclavos que habían caído en manos de las tropas unionistas, lo que contravenía la legalidad vigente, pues los esclavos capturados eran considerados contrabando y pasaban a manos del Estado. De ahí que Tubman dijera en una ocasión: “Dios no permitirá que el señor Lincoln venza al Sur hasta que no haga lo correcto”. Pero Lincoln finalmente firmó la Proclamación de Emancipación en enero de 1863. Sintió así renovado su espíritu para vencer a la Confederación.

Se marcho a Port Royal, Carolina del Sur, donde operaba su amigo, el general Hunter. Pronto se encontró guiando a un grupo de exploradores a lo largo de la región, plagada de pantanos y ríos, muy similar a los paisajes en los que se crió en Maryland. Su grupo trabajó bajo las órdenes del secretario de Guerra Edwin M. Stanton, reconociendo el terreno y a sus habitantes. Posteriormente trabajaría con el coronel James Montgomery en la captura de Jacksonville, Florida.

Pero Tubman era una mujer que no se contentaba con misiones de reconocimiento o salvamento de esclavos fugados ni se ceñía a preparar brebajes para calmar la disentería de los soldados unionistas. Su espíritu indómito la llevó a pergeñar acciones militares o entrar en combate si fuese necesario con tal de acelerar el fin de la esclavitud. Y lo consiguió.Harriet_Tubman7784e39e1e295216d37ea5f2033f5cad

Tubman se convirtió en la primera mujer en dirigir un asalto armado durante la guerra de Secesión. Cuando las tropas del coronel Montgomery planearon asaltar la orilla del río Combahee, Tubman actuó como guía. La mañana del 2 de junio de 1863 comandó tres barcos de vapor a través de las aguas minadas hasta tierra firme.

Una vez en tierra, las tropas de la Unión abrieron fuego destruyendo las infraestructuras e incautando miles de dólares en comida y provisiones. Cuando las sirenas de los barcos sonaron, los esclavos de la zona entendieron que eran liberados y salieron corriendo hacia los barcos. Aunque sus propietarios armados de pistolas y látigos intentaron parar la huida, sus esfuerzos fueron inútiles.

Más de setecientos esclavos fueron rescatados en la operación. Los periódicos recogieron el patriotismo, sagacidad, energía y habilidad de Tubman. Unos meses después colaboró con el coronel Robert Gould Shaw, famoso oficial al mando del 54º de Massachusetts —compuesto de soldados negros— y que perdería la vida en el asalto al fuerte Wagner. Harriet fue testigo de la batalla: “Primero vimos el rayo, que eran las pistolas; y luego escuchamos el trueno que eran los cañones; y luego escuchamos la lluvia caer, que eran gotas de sangre cayendo; y cuando fuimos a recoger los campos eran hombres muertos lo que cosechamos”.

Colaboró con las tropas de la Unión hasta el final de la guerra, atendiendo a los esclavos recién liberados, realizando incursiones de exploración en el territorio enemigo. Además, periódicamente, realizó viajes a Auburn para visitar a su familia y cuidar a sus padres. Tras la rendición de la Confederación en abril de 1865 regresó por fin a casa.

 

Racismo tras ganar una guerra

A pesar de sus años de servicio, nunca recibió un salario regular y durante años se le negó cualquier tipo de compensación. Su estado no oficial y lo desigual de los pagos recibidos por los soldados negros, hicieron que el proceso de reconocimiento de su pensión por parte el Gobierno fuera sumamente lento, y no la recibió hasta 1899.

Cuando finalizó la guerra comprobó lo poco que habían cambiado las opiniones de los blancos sobre los negros. Por ejemplo, durante un viaje en tren a Nueva York, el revisor le ordenó que fuera al vagón de fumadores. Ella se negó, pero el revisor solicitó la ayuda de otros dos pasajeros, llegando a romperle el brazo, antes de arrojarla al vagón de fumadores. Durante el altercado otros pasajeros blancos no dejaron de insultarla y gritar al conductor para que la sacaran del tren.

Coincidiendo con el cambio de siglo, Tubman se implicó profundamente en la Iglesia Episcopal Metodista Africana de Sión. Durante sus últimos años trabajó para promover la causa sufragista. En una ocasión una mujer blanca le preguntó si creía que las mujeres debían votar. Harriet le contestó: “He sufrido lo suficiente como para creerlo”.

En 1911 su estado de salud era muy delicado y fue admitida en la residencia que se había construido en su honor. Un periódico de Nueva York narró su situación, incluidas sus penurias económicas. De forma espontánea se produjeron donaciones procedentes de estadounidenses anónimos. Rodeada de sus amigos y familiares, falleció de una neumonía el 10 de marzo de 1913.

Vuelve la imagen de Tubman a la actualidad, pues sustituirá al presidente Andrew Jackson en los billetes de veinte dólares, los de mayor circulación en Estados Unidos. Y la elección no ha sido fácil, pues se disputaron el puesto de honor, entre otras mujeres, Eleanor Roosevelt —esposa del presidente Franklin Delano Roosevelt—, Rosa Parks, famosa activista contra la segregación racial, y Wilma Mankiller, primera mujer jefa de la nación de los indios cherokee.20-dollar-bill-transfer-transferframe198


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Los capítulos de la Historia están plagados de héroes y antihéroes, de reyes y villanos, de conservadores y revolucionarios, de perdedores y ganadores, de desaires y tragedias, de sucesos extraordinarios y nimios, de avances y retrocesos… en definitiva, el gran libro de la vida, al que evidentemente siempre le quedan algunos capítulos por escribir. De ahí que publicara recientemente La guerra de Secesión, la guerra entre el Norte y el Sur, que tiene más de serial televisivo de la HBO que de un sangriento conflicto. Échenle un vistazo a mi web www.fernandomartinezhernandez.com

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