La España del maquis (1936-1965)

Por . 11 noviembre, 2015 en Reseñas
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En La España del maquis (1936-1965), el historiador José Antonio Vidal Castaño levanta ciertos velos y pone en cuestión mitos y valoraciones escasamente matizadas en las que la épica domina sobre la lírica y la dramática; antepone lo cualitativo a lo cuantitativo, apreciando los hechos y los datos en función de las pasiones e intereses que tejieron los escenarios de lucha. Escenarios en los que una escasa y sacrificada minoría luchó a muerte durante un tiempo -más de dos décadas- extremadamente prolongado. Los partisanos no fueron héroes ni demonios, sino hombres y algunas mujeres atrapados en la grieta de un compromiso político sin esperanzas de victoria contra una dictadura implacable que apenas dejaba resquicio a la supervivencia.

La guerrilla organizada, el maquis, con raíces en la Guerra Civil (creación del XIV Cuerpo de Guerrilleros), se consolidó en el exilio republicano en Francia al calor de las victorias aliadas sobre el Eje en la Segunda Guerra Mundial. A partir de la fracasada invasión del Valle de Arán, los vaivenes de la Guerra Fría influirán notablemente en el desarrollo del ‘movimiento guerrillero’ así como el estado anímico y social de los perdedores de la Guerra Civil, las condiciones “objetivas” y la correlación de fuerzas existentes en la España de Franco. Los aportes de la literatura, el cine de ficción y los documentales han sido incorporados para ofrecer una mayor comprensión de la temática expuesta.

Un libro apasionante publicado por Punto de Vista Editores del que a continuación adelantamos a nuestros lectores uno de sus epígrafes.

 

La España de los años cuarenta

Los años 40 fueron de los más duros de la España del siglo XX. No solo todo se veía en blanco y negro sino que el país vivía económicamente bajo un régimen de autarquía, cerrado, sin contactos con el exterior. Pese a los horrores de la Guerra Civil, la población se elevó a cerca de 26 millones y medio. Los problemas más persistentes seguían siendo el hambre, las enfermedades infecciosas en forma de epidemias y la represión política y social, que afectaba a una buena parte de la población. Eduardo Haro Tecglen escribió en El País Semanal (junio de 1994): “El hambre se hizo larga, muy larga (…), pero la guerra había devastado lo poco que había mejorado durante la II República”.

espana-maquisAquellos Tiempos de silencio, según la magnífica novela de Luis Martín-Santos, fueron años de dolor y sumisión para los vencidos, de cruces en las calles y plazas como homenaje permanente a los “caídos por Dios y por España”; de continuas procesiones donde sonaba el himno nacional remarcando la complicidad de la Iglesia con el Estado; tiempos de miseria e infamias, de niños robados, de escuelas donde se cantaba el Cara al Sol o el Yo tenía un camarada, donde se jugaba en calles sin asfaltar a la peonza y las canicas. Años donde se leían tebeos protagonizados por personajes como Carpanta (sinónimo del hambre), el Guerrero del Antifaz, de Manuel Gago (versión del héroe español), o Roberto Alcázar y Pedrín, de Eduardo Vañó (apología del señorito fascista). Este último, iniciado en 1940, fue el emblema de la Editorial Valenciana (factoría del entretenimiento juvenil), y el de más larga duración. También se escuchaba la radio durante horas para llenar el vacío de unas vidas sombrías con los “discos dedicados”, los concursos y las radionovelas; una España que se aferraba a las quinielas (apuestas baratas), los toros y el fútbol de “la furia española”. Una España en la que agonizaba el teatro a manos del cine y se imponían como figuras del espectáculo Manolo Caracol, Imperio Argentina, Estrellita Castro, y Concha Piquer, la gran cantante valenciana asimilada como musa del franquismo.

Era el país que se alimentaba, cuando podía, de boniatos, algarrobas y pan negro, alubias, lentejas, y en las mejores ocasiones, de verduras “robadas” en el campo; para festejar, unas copitas de Anís del Mono o Brandy Fundador de Domecq. También se comían pipas de girasol, aunque por cierto, esta costumbre fuese introducida durante la Guerra Civil por los soldados soviéticos que apoyaban al EPR. El cine era la primera de las diversiones y la más barata, y en las salas de barrio se ofrecían “sesiones continuas”, en las que estaba presente la guerra, el heroísmo militar, como en Los últimos de Filipinas, Escuadrilla o ¡Harka! (1941) y el recuerdo del valor de las “tropas nacionales” en El crucero Baleares (1940), Alhucemas (1948) o El santuario no se rinde (1949). El propio Caudillo, con el alias de Jaime de Andrade, escribió el guión de la película Raza (1941), cuya dirección encargó a José Luis Sáenz de Heredia para marcar la pauta de por dónde debía ir el cine nacional. Para Gabriel Cardona y Rafael Abella la cinta representó “la culminación más sublime de todos los tópicos en boga en aquellos exaltados momentos”. Las “estrellas” de cine eran los Alfredo Mayo, José Nieto, Luchy Soto o Luis Peña. Años después, en 1976, la magistral película de Basilio Martín Patiño, Canciones para después de una guerra, recreó sin argumento ni diálogos, a través de canciones populares de la época –Rascayú o Se va el caimán- montadas sobre imágenes (fotos, carteles, filmaciones), aquella España sufriente.

La información oficial “El mundo entero al alcance de todos los españoles” venía de la mano de la empresa estatal Noticiarios y Documentales (NO-DO), y de su noticiario que se proyectó obligatoriamente en todos los cines, al iniciarse cada una de las sesiones. Pueden obtenerse numerosos detalles sobre su implantación y desarrollo en un libro curioso y divertido de Rafael Abella y Gabriel Cardona, Los años del NODO, basado a su vez en una serie producida por RTVE.

Las relaciones humanas en la España de Franco estaban bastante deterioradas por persistir los odios de la guerra que llevaban a marginar a determinadas personas y familias enteras de la vida social por haber sido “rojos”. Las “gentes de bien” eran las personas de misa diaria que seguían las normas de la comunidad y las acataban sin discusión, aparentando ser los más caritativos. El juego estaba prohibido, así como los establecimientos dedicados a diversiones que tuvieran como componente esencial los bailes o situaciones cercanas a cualquier relación sexual. Esto no significaba que no funcionaran clandestinamente casinos de juego, prostíbulos, etc. Se vivió el apogeo del estraperlo y el mercado negro.

Muchas personas adictas al nuevo régimen de Franco, o que fingían serlo, hicieron grandes fortunas con la aquiescencia de las autoridades que miraban a otro lado a cambio de sobornos; formas de corrupción que han llegado hasta nuestros días. Mientras tanto, la mayor parte de la población sufría escasez de los alimentos y artículos de primera necesidad, no pudiendo rebasar más que ilegalmente las cartillas de racionamiento establecidas al efecto. Mujeres con maridos en la cárcel o el exilio se prostituyeron en ocasiones para dar de comer a su hambrienta prole. Los acuerdos de 1947 con Argentina aportaron el trigo y la carne necesarios para paliar las hambrunas. Era época de grandes fumadores de lo infumable. Se fumaban Ideales, Celtas cortos o, en su defecto, tabaco picado y liado a mano, o por medio de una maquinita que se podía comprar en el estanco. Tabacalera distinguía entre picadura corriente y “selecta”. Los cigarrillos americanos Camel, en 1941, costaban 5 pesetas (una fortuna), el cine de sesión doble, 1 peseta, y un periódico -se leían más que ahora- 15 céntimos. Era una España negra, hostil, oscura, con frío, con largas colas de racionamiento, donde aún se podía palpar en el ambiente la hostilidad entre vencedores y vencidos.

 


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Nací en la valenciana Benimamet un 27 de febrero. Estudié Magisterio, me licencié en Filosofía y Ciencias de la Educación y me doctoré en Historia Contemporánea de España por la Universidad de Valencia. Ejercí durante muchos años como profesor titular de Geografía e Historia. Colaboré y colaboro en prensa escrita y digital: Levante-EMV, El País CV, Diario de Valencia, Noticias al Día, Cambio 16, El Noticiero Universal, Cuadernos Republicanos, El Viejo Topo, Hispania Nova... Fui premio de relatos Noche del Terror (Rentería) y finalista del Premio Internacional de cuentos Max Aub.

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