La visionaria Hildegarda de Bingen, una monja muy moderna

Por . 18 noviembre, 2015 en Edad Media
Share Button

Mucho ha costado sacar a la luz la figura de Hildegarda de Bingen, monja germana que vivió en el siglo XII, otra de esas mujeres sobresalientes y adelantadas a su tiempo cuyo nombre ha permanecido en el anonimato durante siglos. Aunque pudo disfrutar un poco de su fama mientras vivió, su recuerdo casi se perdió tras su muerte.

Vamos a hablar de una monja moderna en la Alta Edad Media, época en que a la mujer se le negaba todo acceso a la cultura y su papel en la sociedad era casi nulo. Hildegarda creó el primer monasterio autónomo femenino, su conocimiento de las enfermedades y sus remedios, todos naturales, le llevó a escribir diferentes libros. Su valoración del mundo y la responsabilidad del hombre en su conservación también le otorgan ser pionera de la ecología; creó nuevas palabras y letras, es decir, inventó una lengua artificial, labor que siglos más tarde se realizó con la creación del esperanto. Fue precursora, a decir de algunos, de lo que después sería la ópera, además de compositora de obras musicales. Llegó a ser consejera de personajes notables de la época, tanto políticos como religiosos. Pero eso no fue todo, también se embarcó en predicar en plazas e iglesias, aunque pertenecía a una orden de clausura. Y durante toda su vida tuvo visiones que podrían calificarse de premonitorias.

Nació mujer en una época en que ello significaba ser invisible. No tuvo casi formación literaria y desconocía incluso la gramática latina. ¿Era falsa modestia o es que intentaba ocultar su erudición en el tiempo donde solo la podían tener algunos hombres? Ella, en diferentes momentos se definió como “pobre criatura falta de fuerzas”, débil mujer en un mundo de varones, y todo lo que sabía se lo atribuía a Dios, regalo de la divinidad, como ella decía.

Según uno se adentra en el personaje, resulta más cautivador, con independencia de las creencias religiosas de cada uno. Es una de esas personas que no entiendes que hayan podido estar olvidadas durante tanto tiempo, porque la figura de Hildegarda de Bingen no fue redescubierta hasta la segunda mitad del siglo pasado.

Hildegard von Bingen nació el 16 de septiembre de 1098. Fue la décima hija de una familia acomodada alemana de la zona cercana a Alzey, en el valle del Rin. Desde el principio y hasta el final de su vida tuvo una salud débil y enfermiza. Conocía el latín hablado pero no era muy ágil con el escrito. Aun así, su obra está escrita en latín medieval. Eran sus secretarios quienes corregían y pulían sus escritos. Y, como ya hemos comentado, sabía manipular cuando era necesario para alcanzar sus metas. No se ha de olvidar que estamos hablando de una débil mujer en un mundo de hombres.

Cuando tuvo 8 años sus padres la entregaron a la abadesa del convento de Disibodenberg, Jutta de Apanheim. A la muerte de esta, en 1136, ocuparía su cargo en dicho cenobio.

Hildegarda murió en 1179, el 17 de septiembre, a la edad de 81 años, a pesar de esa mala salud que le acompañó siempre. Hasta en ello fue excepcional porque no hay que olvidar que la esperanza de vida en esos tiempos era de 36 años para las mujeres y de 41 para los hombres. Además ella comenzó su etapa más intenta cuando ya tenía 38 años.

La fama de esta mujer ha tardado mucho en llegar a nosotros pero han sido sus composiciones musicales las que han estado ahí siempre, conocidas y admiradas por los aficionados a la música clásica.

En la Edad Media no todas las mujeres eran insignificantes e invisibles. Había unas pocas, cuyo conocimiento ha llegado hasta nosotros, que participaban en la cultura. Estaban las trovadoras que componían para sus recitaciones y que recibían el nombre de trobairiyz. En el siglo XIII también se daban algunas escritoras famosas y representativas, como María de Francia, cuya identidad no conocemos, con el roman courtois. También destaca la monja alsaciana, y más tarde abadesa, Herrada de Landsberg, abadesa de Hohenburg, con su enciclopedia Hortus deliciarum (El Jardín de las delicias), en que se mezclan crónicas historias con técnicas agrícolas y conocimientos astronómicos, entre otros.

Y ya que estamos ha de citarse a Eloísa de Paráclito, famosa por su correspondencia epistolar con su amado Abelardo, con citas de los filósofos griegos y latinos y de la Biblia.

 

Su tiempo

La actual Alemania estaba formada en los tiempos de Hildegarda de Bingen por estados germánicos agrupados en el re-denominado Imperio Romano a partir del siglo XI, llamado Sacro Imperio Romano en el XIII y Sacro Imperio Romano Germánico a partir del XV.hildegard

Era una monarquía electiva en la que la nobleza escogía al rey. Y eran justo esos líderes quienes limitaban su poder. Los ingresos del monarca provenían de sus propiedades familiares y de las ofrendas de los clérigos. El Imperio no tenía capital, era el monarca el que se desplazaba de un lugar a otro y una de sus tareas principales era la contención de los príncipes rebeldes. La coronación del rey en Roma se inició con Otón I (936-973) y era tradición que el nuevo rey se desplazara a esa ciudad para ser nombrado emperador por el Papa. He aquí las connotaciones religiosas del imperio, que implicaba influencia en otros soberanos cristianos. El hecho de tener que ser coronados emperadores por el Papa, algo que ocurrió hasta 1508, da idea de esa relación religiosa.

El título Imperator Romanorum sería habitual bajo el reinado de Conrado II el Sálico (1024- 1039), primero de la familia Salia. Con Conrado III (1137-1152), que comenzó una nueva dinastía, la de los Hohenstaufen, empieza una época de apogeo para el imperio.

Durante los siglos XII y XIII dos familias principescas se estuvieron alternando en el poder en Alemania e Italia. Los Hohenstaufen de Suabia (gibelinos) y los Welfs de Baviera y Sajonia (güelfos), aliados del Papado. Debido a esta alternancia se produjeron una serie de guerras civiles que seguían mientas Conrado III, Hohenstaufen, dirigía la desafortunada Segunda Cruzada.

Estas luchas intestinas quedaron resueltas, de momento, cuando se eligió rey a Federico I, Hohenstaufen pero de madre güelfa.

Con Federico I Barbarroja (1152-1190) la idea de romanidad del Imperio toma fuerza como proclamación de independencia del emperador respecto a la Iglesia, aunque justo entonces es cuando se rebautizó al Imperio como “Sacro”. Pasó la mayor parte de su reinado entre Italia y Alemania intentando restaurar esa gloria imperial en los dos estados. Murió en el camino que le llevaba a unirse a la Tercera Cruzada. Este rey, este emperador, recibió en su palacio a Hildegarda de Bingen, nuestra protagonista, acto con lo que reconocía su valía.

Aunque ya había algunas, en esta época adquieren importancia las ciudades por el aumento de la población que facilitó una forma de concentración del poder económico. En el siglo XII se fundaron, por ejemplo, Friburgo de Brisgovia y Múnich. Trier, la antigua Tréveris, y Colonia seguían siendo importantes aunque su origen se remonta a la época romana. Este desarrollo de la ciudad es un fenómeno que se produce en toda la Europa occidental.

El gran crecimiento económico que se desarrolla se debe en buena ley a los adelantos técnicos en la producción agrícola (molino de agua, cultivo rotatorio, invención del arnés del caballo y arado de ruedas), todo ello propiciado a su vez por la disminución de conflictos bélicos.

Durante la Alta Edad Media, la creación y la recreación cultural se encontraban, sobre todo, en los conventos y monasterios. Con el nacimiento de las grandes ciudades, la cultura también se establece en ellas por medio de las universidades que se empezaron a crear.

Hildegarda nace justo cuando se está poniendo en marcha la Primera Cruzada, cuyos orígenes se encuentran en el llamado Cisma de 1054 que consistió en la separación de las iglesias cristianas de Oriente y Occidente. El patriarcado de Roma quedó separado de quienes formaron la Iglesia ortodoxa, que estaba integrada por Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén.

La petición de auxilio de Alejo Comneno al papa de Roma Urbano II para enfrentarse a los turcos selyúcidas, que amenazaban la ciudad, fue la oportunidad que vio el Papado de recuperar la primacía de Roma y reconquistar la hegemonía en todo el mundo cristiano, a la vez que encontró otra tarea para que los reinos europeos dejaran de pelearse entre sí.

Fue en 1095, durante el Concilio de Clermont, cuando se hizo la llamada a los cristianos para emprender la Primera Cruzada y liberar Jerusalén, que ya había caído en poder de los turcos. Por participar en la hazaña se ofrecía el perdón de los pecados.

La Primera Cruzada se dividió en dos partes: la llamada de los Pobres, dirigida por Pedro de Amiens, el Ermitaño, que en su camino se dedicó a atacar judíos para quedarse con sus bienes y que fue masacrada por los turcos al llegar a Constantinopla, y la denominada de los Nobles o Caballeros, dirigida por Godofredo de Bouillon y su hermano Balduino, por Raimundo de Tolosa, Hugo I de Vermandois, hermano de Felipe I de Francia, y Bohemundo de Tarento, entre otros. Terminó con la toma de Jerusalén en 1099.

Pero volvamos a la historia de Hildegarda y a contar de forma escueta sus logros.

Hildegarda de Bingen fundó dos conventos, el de Rupertsberg, cerca de Bingen, en 1150, a unos 30 kiómentros del de Disibodenberg, y el de Einbigen, en 1165, situado en Rüdesheim. Durante 1158 y hasta 1170, es decir, entre los 60 y los 72 años, hace cuatro viajes de predicación en iglesias y plazas, reprendiendo a unos por sus malas costumbres y descuido de sus obligaciones y previniendo sobre la herejía de los cátaros. Qué decir tiene que, aparte del valor de estas prédicas, estamos hablando de una mujer y monja de clausura, para más señas.

Fue al final de su vida cuando tuvo problemas con las autoridades eclesiásticas porque permitió enterrar a un noble excomulgado en el cementerio de Rupertsberg, aunque este hombre se había reconciliado con la Iglesia antes de su muerte, aspecto que no conocía el alto clero que obligó a Hildegarda a exhumar el cadáver del campo santo, a lo que se negó en rotundo. Esta desobediencia supuso la imposición de una serie de castigos a su convento, entre ellos, la prohibición de la música. El conflicto se resolvió un año después, cuando el obispo reconoció los detalles, con lo que todo quedó zanjado. Meses después, moriría.

 

Los libros de medicina de Hildegarda de Bingen

El gran conocimiento que tenía de plantas y minerales y su aplicación terapéutica le permitió a Hildegarda conocer y plasmarlo en una serie de libros de medicina que, aún hoy, son motivo de estudio. Physica –El libro de medicina simpley Causae et Curae –El libro de la medicina compuesta fueron escritos entre 1151 y 1158. Busca en ellos relacionar lo producido por la naturaleza y los seres humanos, adelantándose a lo que será la homeopatía.

En el primero, Physica, que consta de nueve volúmenes, describe las propiedades de plantas, animales y minerales y enumera sus propiedades curativas.

Causae et Curae consta de cinco libros y trata también sobre medicina. Recoge influencias griegas y cristianas.

Desde nuestro punto de vista actual estos tratados pueden ser calificados como superstición, pero hay pensar que tienen casi mil años y en su época fueron algo muy novedoso y adelantados a su tiempo. Ni que decir tiene que, además, fueron escritos por una mujer.

Como nota curiosa podemos ver que nuestra protagonista recoge incluso fórmulas para mantener los dientes sanos y fuertes, cómo enriquecer la dieta, incluyendo detalles para las mujeres con amenorrea. Recomendaba beber cerveza en vez de agua para alejar enfermedades porque esta, en aquellos tiempos, tenía pocas condiciones sanitarias.

He aquí unos ejemplos que lo ilustran, extraídos del libro Causae et Curae, en traducción de José María Puyol y Pablo Kurt Rettschlag:

 

Dolor de dientes. Si el hombre no purga los dientes con agua, lavándolos con frecuencia, surge a veces un livor en la carne que rodea el diente. Este livor aumenta y enferma la carne, y, a causa de este livor que se ha ido depositando alrededor del diente, nacen gusanos en los dientes y la carne de los dientes se hincha y duele”. […]

“El que tenga dolor de muelas, con un ligero corte en la vena o con una aguja, saje la carne que rodea el diente en cuestión, o sea en la encía, con una única incisión para que de ahí salga la sustancia infecta y se encontrará mejor”. […]

Cerveza. Por su parte, la cerveza engorda las carnes y proporciona al hombre un color saludable de rostro, gracias a la fuerza y buena savia de su cereal. En cambio el agua debilita al hombre y, si está enfermo a veces le produce livores alrededor de los pulmones, ya que agua es débil y no tiene vigor ni fuerza alguna. Pero un hombre sano, si bebe a veces agua, no le será perjudicial”.

 

Fue Hildegarda pionera en hablar del placer sexual en las mujeres y otras ideas avanzadas. He aquí unos ejemplos contenidos en el citado Causae et Curae:

 

“Cuando una mujer está en coyunda con el varón, el calor de su cerebro, que tiene dentro de sí el placer, prefigura el gusto de ese placer en la coyunda, así como la efusión del semen del varón. Después de que el semen cae en su lugar, el fortísimo calor del cerebro del que habláramos trae hacia sí el semen y lo retiene, después los riñones de la mujer se contraen y todos los miembros que en el tiempo de la menstruación están preparados para abrirse, se cierran enseguida, como un hombre fuerte que encierra alguna cosa en su mano”.

 

También sostiene que hombre y mujer están hechos a imagen de Dios, idea muy progresista para su tiempo. Dice que sin la mujer el hombre no puede ser llamado hombre y sin el hombre, la mujer no puede ser llamada mujer. Ninguno de los dos puede vivir sin el otro.

Desde luego invito a echar una ojeada a sus libros de medicina porque es muy curioso ver cómo se describían los problemas, tantos físicos como morales, y sus remedios.

 

Otros escritos suyos

Su obra Liber vite meritorum es una compilación de 35 vicios que están descritos de forma simbólica con seres alegóricos.

Con Lingua ignota, Hildegarda de Bingen crea la primera lengua artificial de la historia, que está compuesta por un glosario de unas mil palabras. También idea 23 nuevas letras, Litterae ignote, que constituyen un nuevo alfabeto. Ambas forman parte de los códices de Wiesbaden (Riesencodex) y de Berlín (Codex Cheltenhamensis). Hay diferentes teorías en cuanto al motivo por el que las creó, pero quedémonos con que podrían ser el germen de lo que más tarde llegaría a ser el esperanto, un idioma universal.

Sobre teología escribe El libro de los méritos de la vida (1158-1163), donde Hildegarda explica qué hacer para evitar o reducir el posible castigo futuro por la penitencia que se lleva en esta vida. El libro de las obras divinas, escrito entre 1163 y 1174, es otra de sus obras y trata de la armonía entre el hombre y el resto de la Creación.

 

Profecías apocalípticas

Desde muy corta edad, la que fue llamada Sibila del Rin, comenzó a tener visiones mentales, pero en estado de vigilia, despierta, en contraposición de otros místicos que sólo las tenían cuando entraban en estado de trance o éxtasis. Estas visiones venían, como ella decía, a través de una luz que iba acompañada de imágenes, formas, colores e incluso de música.

Charles Singer publicó en 1917, en su The Visions of Hildegard of Bingen, que estas visiones, por sus características, podrían ser un tipo de migraña. El neurólogo Oliver Sacks, recientemente fallecido, opinaba lo mismo y lo describe en su libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.

Hildegarda no empezó a recoger por escrito estas visiones hasta que no cumplió los 42 años de edad en que, dice, una voz le exhortó a ello. San Bernardo de Claraval fue quien la tranquilizó, en una carta que respondía a una misiva de ella, sobre sus iluminaciones y quien la alentó para que siguiera esta labor de escribirlas.

Se dice que predijo la crisis que se produciría por la irrupción del protestantismo, sobre todo en su país, Alemania, o la que podría anticipar el final de los Estados Unidos de Norteamérica por motivos naturales: terremotos, huracanes y tsunamis. Todo esto después de haber caído un cometa que produciría graves inundaciones y muchas plagas en todo nuestro planeta.

Y después de todo esto… llegaría el Anticristo.

La primera obra en que se describen estas visiones es Scivias (1141-1151), Conoce los caminos, compuesto por tres libros, el primero con seis visiones, el segundo con siete y trece el tercero.

En estos escritos colaboró el monje Volmar, que fue su secretario y amigo hasta su muerte acaecida en 1173. Estas visiones están acompañadas de ilustraciones, muy cromáticas, realizadas por los monjes con la dirección de Hildegarda. ¿Quién nos dice que algunas de las monjas de su monasterio no formara parte también de este grupo dedicado a ilustrar sus libros? Hay que tener en cuenta que en este cenobio convivían monjas y monjes, algo muy habitual en aquellos tiempos, eran los llamados monasterios dúplices. Los edificios estaban separados pero había salas comunes.

El papa Eugenio III tuvo noticias de su obra antes de que la acabase y durante el Sínodo de Tréveris leyó un fragmento a los asistentes y la animó a seguir con su tarea de escritura. Este apoyo del pontífice fue muy importante para continuar su carrera y conseguir el reconocimiento de su valía por parte de personas importantes y poderosas de su época. Le facilitó mantener correspondencia con los sucesivos papas, con los emperadores del Sacro Imperio Germánico, con la emperatriz Irene de Bizancio, Leonor de Aquitania y Enrique II, entre otros.

 

Y también compone música

La inspiración asimismo llevó a Hildegarda de Bingen a componer música apartada de los cánones del momento. Incluso creó una Symphonia Harmoniae caelestium revelationum que sorprende incluso por el nombre porque este tipo de pieza, la sinfonía, no aparecerá como forma musical específica hasta siglos más tarde.

Cuando ella habla de Symphonia se refiere a la relación armónica con quien nos ha creado, es decir, Dios, la tendencia hacia la armonía y no a lo que entendemos hoy como tal.

Hasta nosotros han llegado 77 composiciones musicales suyas que, además, tienen de novedoso que la palabra se correlaciona con la consonancia musical, algo poco habitual en aquellos tiempos.

Su Ordo Virtutum es uno de los primeros dramas litúrgicos. Una obra de moralidad en que interactúan el demonio y dieciséis virtudes. ¿Es esta una primera ópera?

 

Santa Hildegarda de Bingen

Hildegarda de Bingen, o deberíamos llamarla Santa Hildegarda, fue declarada doctora de la Iglesia el 7 de octubre de 2012 por el papa Benedicto XVI. Su festividad se celebra el 17 de septiembre, fecha de su fallecimiento, aunque su proceso de canonización había comenzado en 1127 por el papa Gregorio IX, que no acabó, y fue reabierto en 1244 por Inocencio IV, pero tampoco esta vez pudo finalizar su canonización. Aun así su nombre se inscribió en el martirologio romano y se comenzaron las peregrinaciones a su monasterio para visitar su tumba y sus reliquias porque se tenía constancia de su santidad. No fue hasta el 10 de mayo de 2012 cuando se la inscribe en el catálogo de santos en una canonización equivalente (sin haber pasado por el procedimiento ordinario).

Habría que señalar que solo hay 36 doctores en la Iglesia católica, cuatro de ellos mujeres: Santa Teresa de Ávila, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Lisieux y Santa Hildegarda de Bingen. La Iglesia considera doctor a un santo al que se le reconoce su erudición y el ser maestro de la fe para los fieles de todos los tiempos.

 

Hildegarda en los libros y en el cine

164514_net_szenenbildAdemás de la biografía que el monje Theodorich von Echternach escribió de ella entre 1180 y 1190 y a la que debemos agradecer la información que nos ha llegado sobre su vida, podemos encontrar, entre otros, los siguientes ensayos:

Hildegarda de Bingen, una vida entre la genialidad y la fe, de Christian Feldman, publicada en 1991.

Hildegarda de Bingen, una conciencia inspirada del siglo XII, de Régine Pernaud, publicada en 1998.

Hildegarda de Bingen y la tradición visionaria de Occidente, de Victoria Cirlo, publicada en 2009.

Santa Hildegarda de Bingen, de Ana Muncharaz Rossi, publicada en 2013.

En 2011 se publicó La mujer de las nueve lunas, novela basada en su vida, escrita por Carmen Torres Ripa.

En 2009, la directora alemana Margarethe von Trotta rodó una película, Visión, con la trayectoria de la santa como eje argumental, donde quien la interpretaba era Barbara Sukowa.


Share Button

Participa en la discusión

  • (no será publicado)