Los hombres del 20 de Maine

Por . 25 enero, 2016 en Siglos XIX y XX
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Joshua ChamberlainEl Regimiento 20º de Maine —hablamos de la guerra de Secesión— y el coronel que lo comandaba, Joshua L. Chamberlain, protagonizaron el hecho de armas más heroico, estudiado, representado e ilustrado de toda la Guerra Civil estadounidense. La unidad se creó el 20 de agosto de 1862. Entonces era comandada por el coronel Albert Ames (1835-1933), que dejó el mando después de la batalla de Fredericksburg, en mayo de 1863.

Fue asignado el regimiento al Ejército del Potomac, en concreto, a la tercera brigada —compuesta por el 16º de Míchigan, el 12º, el 17º y 44º de Nueva York, y el 83º de Pensilvania— de la primera división del V Cuerpo y así hasta el final de la guerra. Sumaron en un principio 1.621 hombres, pero, tras un agotador año en el frente, tan sólo podían contar en sus filas con unos 389 infantes.

Tomó el mando el coronel Joshua L. Chamberlain dos meses antes de la crucial batalla de Gettysburg. Había nacido el 8 de septiembre de 1828 en la ciudad de Brewer, en Maine. Antes de la guerra fue profesor en el Bowdoin College en Brunswick, Maine, donde impartió clases de Retórica. Sus estudios superiores le convirtieron en coronel sin apenas instrucción militar.

 

Julio de 1863, inicios de la famosa batalla de Gettysburg

El regimiento había caminado en cinco días unos 160 kilómetros y cuando llegaron a la colina Little Round Top siguiendo las instrucciones del coronel Vincent, después de cubrir en el último día una marcha de unos 20 kilómetros desde Baltimore Pike, se encontró ante la arriesgada misión de mantener la posición a toda costa. Contaba la unidad con unas 60 balas por hombre y poca experiencia en combate, cuando Chamberlain se colocó junto a los colores de su regimiento y situó a sus hombres en dos filas.

Durante cuatro horas se produjeron las acciones más sangrientas de la batalla de Gettysburg, en lugares que el paso del tiempo ha trasformado en míticos, en las rocas glaciales de Devil’s Den, Peach Orchard, Wheatfield… Sin embargo, los confederados no lograron penetrar en la línea que se extendía por Cemetery Ridge.

La Unión resistía a través de una delgada línea que cada vez se parecía más a un anzuelo. Los hombres del 20º de Maine escuchaban los disparos de mosquetes y cañones en el valle, puesto que la espesura del bosque no dejaba ver el campo de batalla. Recorriendo la línea, Chamberlain daba ánimos a sus hombres para que cargaran sus mosquetes y atendieran las órdenes del corneta.

Desplegó astutamente una compañía, la B, al mando del teniente Walter G. Morris más a la izquierda, como una reserva táctica, y ocultos para asegurar el flanco, se les unieron catorce tiradores de primera, que había huido de los combates de la base de la colina y provenía de otras unidades. El soldado Theodore Gerrish, del 20º de Maine, describió la batalla:

 

“Diez minutos habían pasado desde que formamos la línea, pero no teníamos indicios del enemigo. De pronto se escuchó: ¡Mirad! ¡Mirad! Exclamaron los hombres de nuestro regimiento a un tiempo. La carnicería comenzó, nuestra unidad fue cubierta de humo y fuego”.

 

Los hombres que subían colina arriba eran los soldados del 47º de Alabama, unas siete compañías, y del 15º de Alabama, que se encontraban al mando de William C. Oates (1833-1910). Tampoco era un soldado profesional y se había hecho cargo del regimiento apenas dos meses antes. Pronto se inició el fuego, los confederados colina arriba disparaban a medida que avanzaban, los federales respondían con cargas de fusilería sin coordinar, las nubes de pólvora ascendían por las copas de los árboles y apenas despejaban ver el campo de operaciones.Carga del 20º de Maine

Después de batidas infructuosas de sus hombres y de sangrientos ataques frontales, el coronel Oates cambió de estrategia. Hizo marchar a todo su regimiento a su derecha, para intentar una maniobra de flanqueo. Al darse cuenta, cuando observaba desde unas rocas, Chamberlain convocó a sus oficiales para explicarles sus nuevos planes: crearían una nueva línea en ángulo recto a su izquierda.

Sacó los hombres necesarios de su línea de batalla y, con la ayuda del capitán Ellis Spear (1834-1917), dobló la distancia a la que se encontraban los estandartes. Sin embargo, el ángulo recto no era más que una V en la que las líneas de soldados se juntaban peligrosamente en apenas 45º. Mientras tanto, Chamberlain observaba junto a la bandera del regimiento y tras sus soldados los movimientos del enemigo.

Nuevos ataques confederados sobre las siete de la tarde llegaron incluso al cuerpo a cuerpo, pero la línea de hombres encaramados en la colina seguía resistiendo precariamente, sin munición y no por mucho tiempo. Tan sólo sumaban 228 hombres. Chamberlain tenía que tomar una decisión trascendental si se producía un nuevo ataque confederado: no podía retirarse y no podía aguantar una nueva embestida de los rebeldes.

Cuando un nuevo ataque confederado se veía en la linde del bosque, se hizo un silencio y se oyó a continuación una voz gritar:

 

“¡Calen bayonetas…!”.

 

Era Chamberlain, consciente de que no le quedaba otra opción que atacar colina abajo. No podían seguir luchando y si se retiraban a la cima, el flanco izquierdo de la Unión se borraría del campo de batalla. Volvió a traer el flanco izquierdo del capitán Spear con la mayor rapidez posible y lanzó una carga con la bayoneta calada en dos oleadas, como si se tratase de una puerta que barriese la colina.

Con la corneta de fondo, los hombres gritaron con sus mosquetes en posición y lanzaron un ataque que abatió de un plumazo a los confederados en la más absoluta de las sorpresas. El teniente Holman S. Melcher dio diez pasos al frente.

 

“¡Adelante, adelante, muchachos…!”.

 

Le siguió el sargento abanderado y su escolta. Los soldados ocultos de la compañía B salieron de su escondrijo en el momento más oportuno. Oates se salvó de ser capturado de puro milagro.

Después de la batalla confesó: “Corrimos como una manada de ganado”. Se capturaron más de 400 prisioneros, los hombres del 47º y el 15º de Alabama huyeron a retaguardia. En otras partes de la líneas se aguantó a los rebeldes, sin embargo, a la altura del 16º de Míchigan, un poco más al norte, tuvo que actuar y dar ánimos a sus hombres el propio coronel Vincent que, con una fusta en mano, regalo de su mujer, gritaba: “¡Muchachos no les den ni una pulgada…!”. En ese momento fue alcanzado por una bala y moriría cinco días más tarde en un hospital de campaña.

 

La gloria y la muerte

Chamberlain alcanzó la gloria y recibió la medalla del Congreso treinta años después, el 11 de agosto de 1893, cuando ya había llegado al generalato y hubiera desempeñado en tres ocasiones el cargo de gobernador de su estado natal. La Unión había mantenido la izquierda en Gettysburg, uno de los hechos decisivos de la batalla, pues haría cambiar de estrategia al sagaz general confederado Robert E. Lee.

En la actualidad, el 133º batallón de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos es el heredero de la unidad creada en Maine. Cuando el regimiento fue disuelto el 16 de julio de 1865 habían caído en combate 147 hombres, otros 146 por enfermedad, 381 resultaron heridos y 15 fueron hechos prisioneros. La gloria en el campo de batalla se la ganaron con creces los hombres del 20º de Maine.


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Los capítulos de la Historia están plagados de héroes y antihéroes, de reyes y villanos, de conservadores y revolucionarios, de perdedores y ganadores, de desaires y tragedias, de sucesos extraordinarios y nimios, de avances y retrocesos… en definitiva, el gran libro de la vida, al que evidentemente siempre le quedan algunos capítulos por escribir. De ahí que publicara recientemente La guerra de Secesión, la guerra entre el Norte y el Sur, que tiene más de serial televisivo de la HBO que de un sangriento conflicto. Échenle un vistazo a mi web www.fernandomartinezhernandez.com

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  1. gravatar AItor Pérez Blázquez Responder
    enero 25th, 2016

    Buenos días:

    Excelente artículo. Enhorabuena por el mismo y por traernos este interesante e importante momento de la más famosa batalla de la Guerra de Secesión.

    Un saludo.

    Aitor Pérez.