Carlos de Aragón y de Navarra, príncipe de Viana

Por . 3 febrero, 2016 en Edad Media , Reseñas
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Carlos de Aragón y de Navarra, el príncipe de Viana por antonomasia, fue un personaje determinante en algunos episodios de la historia del reino de Navarra, de Castilla y de la Corona de Aragón. El contexto histórico en el que vivió fue tremendamente complejo y, a través de su vida, a través de biografías de la calidad historiográfica como la que Vera-Cruz Miranda acaba de publicar en Punto de Vista Editores, se puede conocer más a fondo la historia peninsular de mediados del siglo XV.

A continuación reproducimos uno de los epígrafes del libro de Miranda.

 

San Carlos de Viana

principe-vianacubiertaLa muerte del príncipe de Viana daba paso al nacimiento de un mito: San Carlos de Viana. La leyenda del príncipe comienza justo después de su muerte, no es una invención de siglos posteriores. Su santidad se inició mientras su capilla ardiente era visitada por los ciudadanos. En ese momento empezaron sus prodigios. En ese momento empezó la leyenda.

La santidad del príncipe de Viana generó una adoración fanática por parte de los ciudadanos de Barcelona y el pueblo catalán hacia la figura del primogénito. En efecto, y según anotaron los consejeros y los diputados en sus diarios, los milagros del príncipe comenzaron pocos días después de su muerte, mientras su cuerpo era velado en la sala del palacio real de Barcelona. Esto sucedió el día 24 de septiembre, tres días después de su muerte. Estos diarios describen los prodigios protagonizados por el primogénito. El difunto príncipe curó a una mujer paralítica, recuperó la vista de varias personas ciegas, curó a dos niños jorobados que se encontraban cerca del hospital, sanó a una mujer de cáncer y recuperó el habla de un mudo. Los milagros se sucedían día tras día, de día y de noche, lo que aumentaba el número de visitantes que iban a ver al difunto. La veneración crecía rápidamente.

Al morir el príncipe comenzó una adoración fanática por parte de los ciudadanos de Barcelona, que se vio aumentada al retrasarse el traslado del cuerpo al monasterio de Poblet a causa de los movimientos agitados en Cataluña. Carlos fue elevado a los altares por sus poderes curativos; se veneraba a San Carlos de Viana. Cuando se propagó la fama de los milagros, el cabildo y los clérigos de la catedral de Barcelona, establecieron turnos para que el cuerpo del príncipe estuviera constantemente velado. La devoción fue en aumento y aún continuaba diez años después de su muerte; se ponían cirios y la gente rezaba a Sant Carles en la imagen que tuvo en la catedral de Barcelona. Esta desmesurada veneración disminuyó hacia 1472, año en que terminó la guerra civil catalana y se reprimió cualquier representación de adhesión a la causa de la tierra o de hostilidad hacia el rey, momento en el que desaparecieron los testimonios documentales sobre este culto. Pero no fue hasta el año 1491, reinando Fernando el Católico, cuando el cuerpo del príncipe de Viana se trasladó al monasterio de Poblet, verdadero panteón de la familia real, desde la catedral de Barcelona donde había permanecido hasta entonces. Durante su traslado, la gente se acercaba a su ataúd y los milagros siguieron. Según parece, hubo un exorcismo de una niña mientras los restos mortales del príncipe pasaban por la villa de Sarreal.

A pesar de que después de la guerra civil la devoción popular fue decreciendo, la admiración hacia la santidad del príncipe perduró hasta tiempo después. En el siglo XVI, el monasterio de Poblet pidió permiso apostólico para sacar del cuerpo del príncipe el brazo derecho y montarlo como reliquia, esperando su canonización, solicitada años antes. El brazo permaneció custodiado en el monasterio hasta el siglo XIX, cuando fue trasladadó al monasterio de Valldonzella de Barcelona. En el año 1904 una benefactora del monasterio pagó una urna para depositar la reliquia. Ésta desapareció en el incendio del convento ocurrido en 1909, provocado como consecuencia de los movimientos anticlericales durante la Semana Trágica. Asimismo, ya en 1629 se había extraído parte de la pierna del príncipe con el mismo fin. Esta reliquia fue enviada al convento de Nazareth y desapareció en 1835. Tales hechos demuestran que la veneración por San Carlos perduró a través de los siglos.

El mito del príncipe de Viana surgió desde el mismo momento de su muerte, cuando comenzaron los milagros y fue elevado a los altares por los catalanes. Los diputados necesitaban una justificación para sus actuaciones, de manera que, si el príncipe había resultado una excusa perfecta en vida, también podía ser utilizado después de muerto. La mitificación del príncipe de Viana responde a unos intereses políticos. La prisión del príncipe había resultado la excusa perfecta para levantarse contra Juan II y la consecuencia muy beneficiosa para los diputados y consejeros del Principado. Sin embargo, la repentina muerte del príncipe dejó a las autoridades sin el pretexto para enfrentarse a la monarquía. La veneración del príncipe sólo existió en territorio catalán. En las crónicas escritas desde el reino de Castilla o de Aragón no se hace mención alguna a los milagros de San Carlos ni al fervor popular que se extendió por todo el Principado. Este hecho vuelve a demostrar que el intento de santificación del príncipe responde a unos intereses meramente políticos por parte de las autoridades de Cataluña con el fin de conseguir sus propósitos a través de la movilización del pueblo.

La situación política y social de Cataluña era compleja y todavía quedaban asuntos que solucionar. Se creó un nuevo personaje, San Carlos de Viana, que servía para seguir representando los intereses de los catalanes. Aquí comenzó el mito del príncipe de Viana y su supuesta santidad. Los fines eran políticos. Sin embargo, el pueblo no era consciente de esta manipulación y creía en los milagros realizados por San Carlos. Toda la posterior mitificación del príncipe de Viana, su leyenda, su santidad, su trágica existencia, el envenenamiento por su madrastra, la reina Juana, se originó en ese momento. No es una invención posterior, sino que fueron las autoridades catalanas quienes quisieron crear una leyenda entorno al príncipe de Viana para poder seguir teniendo una bandera de cara al pueblo que llegara a los sentimientos colectivos y así poder reivindicar sus exigencias, siempre camufladas bajo la corona de santidad de San Carlos. Posteriormente, los autores románticos únicamente tuvieron que retomar la historia que había comenzado justo con la muerte del príncipe y aprovechar todos los personajes para continuar con la leyenda forjada en tiempos medievales. La literatura romántica ha sido la culpable de transmitirnos la figura de un príncipe con un destino frustrado y esa es la imagen que ha llegado hasta la actualidad.


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