El último viaje de la fragata Mercedes

Por . 22 febrero, 2016 en Siglos XIX y XX
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La fragata Nuestra Señora de las Mercedes había partido de Montevideo el 9 de agosto de 1804, aunque provenía inicialmente del puerto de El Callao en el Perú. Iba cargada de oro y plata en monedas con la efigie de Carlos IV, telas de vicuña, quina y canela. El buque fue construido en los astilleros de La Habana en 1786, y soportaba unas armas de 26 cañones de 12 libras en batería y 8 cañones de a 6 en el alcázar y el castillo.

Antes de partir hacia su infortunio, viajaban en la nave casi 350 personas, 63 de ellas eran tropa de Marina y 18 del Cuerpo de artilleros, más 8 contramaestres, guardianes y un buzo, 3 carpinteros, 4 calafates, 2 maestros de velas, 51 marineros, 103 grumetes, entre otros profesionales propios de un barco de la época.

Y para alimentar a la tripulación los víveres previstos eran más de tres mil raciones ordinarias para 104 días, a razón de 345 plazas, 500 raciones de dieta y 91 días de aguada para las mismas plazas.

El viaje transcurrió con calma hasta el amanecer del 5 de octubre. A menos de un día de navegación de las costas de Cádiz, la Mercedes, capitaneada por el comandante José Manuel de Goicoa y Labart, y su flota de acompañamiento (compuesta por los navíos Medea, Fama y Santa Clara) divisaron la costa de Portugal, muy cerca del cabo de Santa María.

José Bustamante y Guerra

José Bustamante y Guerra

Sobre las siete de la mañana avistaron cuatro buques británicos. El comandante de la flota José de Bustamante y Guerra ordenó zafarrancho de combate y se dispuso a formar la clásica línea de combate. Ambos países estaban en paz en esos momentos, justo después de la Paz de Amiens.

El tratado, que significó el final de la Segunda Coalición contra Francia, dejó sin solucionar cuestiones muy importantes, por lo que la paz duró tan sólo un año. El Reino Unido organizaría la Tercera Coalición, declarando la guerra al Primer Imperio francés tras la llegada al poder de William Pitt.

Las fragatas inglesas, una flotilla con el HMS Infatigable como buque insignia, se componía de la Amphion, la Lively y la Medusa. Se situaron una a una, a barlovento de las españolas y a lo que se suele denominar tiro de pistola, la distancia suficiente para situar muy cerca el combés de cada buque.

Una vez emparejadas, los ingleses mandaron un bote a parlamentar con la Medea, que llevaba la insignia. Viendo que su bote se demoraba, el comodoro británico Graham Moore mandó llamar a su bote con un cañonazo y a continuación rompieron el fuego las demás fragatas inglesas.

Tan cerca los navíos unos de otros dificultó el manejo de los artilleros, que tenían poco margen para calibrar los disparos. Al poco tiempo vieron saltar la Mercedes por los aires, la Amphion había alcanzado de un disparo su santabárbara. La Fama se alejaba para escapar, pero la siguió la Lively, que era la más velera, hasta alcanzarla y también fue abatida por la Medusa, que era la que la tenía emparejada al inicio, quedando la Fama desarbolada, con su comandante, el capitán de navío Miguel Zapiain y Valladares, muerto, y la fragata con siete impactos a flor de agua, pues los ingleses después de arrumbar el velamen, tiraban a hundir.

La falta de combatividad de la marinería española impedía hacer una defensa eficaz, y la desigualdad entre las flotas era abismal. Prolongar más el combate hubiera constituido un final numantino. A las doce y media del mediodía, Bustamante rindió la escuadra. Las tres fragatas españolas fueron conducidas primeramente a Gibraltar, y después al puerto de Gosport, ya en Inglaterra.

La escuadra española perdió 269 hombres y contó 80 heridos, mientras que la escuadra de Moore sólo perdió dos marineros y tuvo siete heridos. El segundo comandante de la escuadra, Diego de Alvear y Ponce de León, que regresaba a la Península con su esposa Josefa Balbastro y sus ocho hijos, después de cumplir su misión en el establecimiento del trazado de los límites en Paraguay, perdió a toda su familia, salvo al primogénito.

La batalla fue duramente criticada por la prensa británica, que consideraba que el ataque estaba totalmente injustificado por haberse producido en tiempos de paz:

 

“Un gran delito acaba de cometerse […] La ley de las naciones ha padecido la violación más atroz: una potencia amiga ha sido atacada por nuestra fuerza pública en medio de una profunda paz […] sus leales súbditos han perecido en su defensa, infestando nuestras costas sus saqueados tesoros, y, como el de un pirata, nuestro pabellón tremola sobre el débil, el infeliz y el oprimido”.

 

Gran Bretaña obtuvo un copioso botín de más de tres millones de pesos. Sólo después de numerosas presiones, accedió a abonar los fondos de las soldadas a los marinos supervivientes por 230.634 pesos, negándose a abonar los 60.000 pesos correspondientes a los soldados fallecidos, cuyas viudas y herederos quedaron sin los ahorros ganados por el servicio de sus maridos y padres.

España declaró la guerra a Gran Bretaña el 14 de ese mismo año, un prólogo de lo que sería la desastrosa batalla de Trafalgar. Napoleón Bonaparte, que había sido coronado el día 2 como emperador, doce días antes, veía cómo tenía a España de aliada en su guerra contra Gran Bretaña.

La fragata Nuestra Señora de las Mercedes fue descubierta en mayo de 2007 y la polémica envolvió tan feliz hallazgo. España denunció judicialmente en los tribunales de Florida a la empresa cazatesoros estadounidense Odyssey Marine Exploration, con el argumento de que la Mercedes había sido expoliada ilegalmente en las costas portuguesas.

En enero de 2012, en un fallo que ya no admite recurso, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos rechazó el recurso de Odyssey Marine Exploration y obligó a la compañía a devolver a España las cerca de 500.000 monedas sacadas del pecio. Los caudales y los restos arqueológicos volvieron a España el 25 de febrero de 2012, pesaban más de diecisiete toneladas. Fue trasladado por dos aviones Hércules del Ejército del Aire desde Florida a la base aérea de Torrejón de Ardoz.


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Los capítulos de la Historia están plagados de héroes y antihéroes, de reyes y villanos, de conservadores y revolucionarios, de perdedores y ganadores, de desaires y tragedias, de sucesos extraordinarios y nimios, de avances y retrocesos… en definitiva, el gran libro de la vida, al que evidentemente siempre le quedan algunos capítulos por escribir. De ahí que publicara recientemente La guerra de Secesión, la guerra entre el Norte y el Sur, que tiene más de serial televisivo de la HBO que de un sangriento conflicto. Échenle un vistazo a mi web www.fernandomartinezhernandez.com

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