Arturo… ¿historia o leyenda?

Por . 25 mayo, 2016 en Edad Media
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Si alguien a estas alturas tiene dudas sobre si el rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda fueron reales, ha llegado la hora de descubrir la verdad.

Porque, vamos a ver, quién no conoce a estos personajes que nos han acompañado desde nuestra más tierna infancia y han hecho volar nuestra imaginación hacia más de una aventura donde nosotros jugábamos un papel estelar. Estoy segura de que todos hemos tenido un personaje preferido en esta gran historia que ha llegado hasta nuestro tiempo.

Pero qué tiene este fascinante personaje de ámbito universal para que haya estado presente, con algunos altibajos, es verdad, a lo largo de toda la historia y aún hoy en día siga despertando el interés de los más jóvenes.

Los personajes de la corte de Camelot han inspirado infinidad de poemas, cuentos, novelas, esculturas, pinturas, musicales, documentales… Seguro que queda por ahí alguna faceta que no he mencionado.

Las cualidades que han podido influir en el florecimiento de nuestro protagonista cuando salió a la luz, es decir, en los siglos XI y XII y, particularmente en la corte de Leonor de Aquitania, donde comenzó su divulgación, podrían ser el ideal caballeresco, el amor cortés… y la Mesa Redonda.

En el ideal caballeresco, el caballero es a la vez aventurero y cortés. Se le proporciona una serie de virtudes, entre las que destaca el valor para soportar los sacrificios que le depara la defensa de los ideales y de las personas que lo necesitan. Aquí se incluye su entorno, sus vasallos y la Iglesia. Debe ser humilde para no vanagloriarse de sus hazañas. Los caballeros impartían justicia y eran leales a sus ideas y a su gente. La Corte, lugar donde viven, se convierte en el centro del mundo.

El personaje de Arturo que aparece en estos siglos XI y XII ejerce el papel del señor feudal, por lo que administra justicia, es el vigía de la tradición y la ley, el que difunde la verdad y el derecho. Y algo muy importante, cuida y defiende a su amada, aún a costa de su vida.

En la Europa medieval el amor cortés era un concepto que expresaba el amor en forma noble, sincera y caballeresca. El enamorado rinde vasallaje a su dama en todo momento y la respeta. Se eleva el estatus de la mujer y se la comienza a considerar como igual.

En cuanto a la Mesa Redonda, ¿qué es lo que simboliza? Ante todo tiene un significado político. Al analizarla desde nuestros días se ve, por un lado, como una institución democrática (si bien que anacrónica), un signo del ideal de la relación entre el monarca y sus caballeros, que están sujetos a las leyes de caballería. Y por otro como un signo de igualdad en que rey y caballeros están al mismo nivel porque no hay cabecera. Aunque no todos los estudiosos están de acuerdo sobre este significado.

 

Arturo por primera vez en los libros

El clérigo galés Godofredo de Monmouth escribe entre 1130 y 1136 una crónica pseudohistórica de Bretaña titulada Historia de los Reyes de Britania (Regum Britanniae) en la que cuenta la historia del rey Arturo. Monmouth recuperó y recopiló las leyendas orales que darían lugar al mito pero que, como se ha dicho, es poco histórica.

Veamos cómo describe este autor a nuestro personaje: Arturo es concebido por Igerma y Úter de Pendragón. Igerma era la esposa de Gorlois, duque de Cornubia y Úter, el rey de Britania.

El rey Úter se había enamorado de ella nada más verla cuando acudió a su coronación. Gorlois, que se había dado cuenta de ello, abandonó de inmediato el castillo donde tenía lugar la celebración, lo que Úter tomó como una gran afrenta.

Ante esta ofensa y la desobediencia de que volviera a la Corte, Úter reunió un gran ejército y se dirigió hacia el ducado de Cornubia para conquistarlo, por lo que Gorlois envió a su mujer al castillo de Tintagel, rodeado de agua y solo accesible por un estrecho pasillo de roca, para protegerla. Y él se atrincheró en la fortaleza de Dimilioc.

Úter no desistió y por medio de una droga elaborada por Merlín, mago galés que existió en aquella época, se convirtió en la apariencia de Gorlois, y con este engaño pudo acceder al castillo y a la cama de Igerma.

Esa misma noche es concebido Arturo y muere el verdadero Gorlois y, a partir de aquí, Úter, ya con su verdadera personalidad, vivió con Igerma y tuvieron además de a Arturo a Ana, que se casó con Lot, duque de Lil.

A la muerte de Úter se coronó a Arturo, “un joven de quince años de un valor y una generosidad sin precedentes. Su innata bondad le había granjeado tanto favor a los ojos del pueblo, que casi todos le amaban”, dice de él Monmouth.

En este mismo libro nos describe a Caliburn como “espada sin par que fue forjada en la isla de Avalón” y a Ron, “su lanza, que es larga y ancha, y se encuentra sedienta de sangre”.

Durante la campaña de Arturo contra los romanos, siempre siguiendo la Historia de los Reyes de Britania, le anuncian que su sobrino Mordred, que se había quedado a cargo del reino, había usurpado el trono y se había coronado rey y que la reina Ginebra se había unido a él, cometiendo adulterio.

Arturo vuelve a Britania y se enfrenta a su sobrino, que había conseguido reunir un gran ejército porque había logrado atraer a los que odiaban a su tío y a guerreros de Germania, que acudieron por la promesa que les había hecho de ofrecerles territorios. Después de algunas batallas con gran pérdida de hombres, Arturo hizo huir a Mordred y lo derrotó. Cuando Ginebra se enteró escapó y tomó los hábitos de monja y prometió vivir de forma casta.

Mordred volvió a rearmarse y continuaron las batallas, hasta que Arturo consiguió vencerle y quitarle la vida. Pero Arturo también fue herido de muerte y fue trasladado a la isla de Avalon para curarle.

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Antes de la obra de Monmouth, existían otras que pueden apoyar la figura verdadera, cierta, de Arturo:

Historia Brittonum (siglo IX) es un libro histórico del que existen varias versiones. Ha servido de base para escribir la historia de Gales y de Inglaterra. Algunas fuentes señalan a Nennius, monje galés, como su autor. Otras no están de acuerdo y sostienen que su autor es desconocido.

De esta obra se dice que es la primera que presenta a Arturo como figura histórica.

Annales Cambriae (aproximadamente del siglo X) está conformada por un conjunto de crónicas que detalla eventos de Gran Bretaña, sobre todo. Proviene de diferentes fuentes.

Su importancia, según recalca Ronald Hutton, se debe a que es el primer intento de localizar a Arturo en el tiempo exacto. Se dan dos fechas de batalla: 516, la de Badon, en la que Arturo llevó la cruz de Jesucristo en los hombros durante tres días y noches y los bretones ganaron. Y 537, la de Camlann, en la que Arturo y Medraut/Mordred perecieron y fue la muerte de Inglaterra e Irlanda.

Y Gododdin es por su lado un conjunto de poemas de elegía de héroes del reino de Gododdin donde encontramos una estrofa en que se habla de Arturo. Data de los siglos IX o X.

De todas formas, las tres obras están muy alejadas de la supuesta existencia de Arturo, en el siglo VI.

 

Lo único que podemos deducir es que no hay acuerdo entre los historiadores en si Arturo existió. Lo que está más claro es que, si vivió, no fue rey, sino más bien un jefe militar. En cuanto a personaje literario, seguimos con la misma discusión, algunos piensan que podría tener una base real y otros que es totalmente ficticio. No hay siquiera acuerdo sobre la procedencia de su mismo nombre, Arturo.

Lo que está claro es que la historia del rey Arturo se extendió por medio de la tradición oral. Y lo hizo primero a través de las tribus célticas a ambos lados del banal de la Mancha, porque los descendientes de los celtas britanos emigraron a Armórica (región costera del noroeste francés) y adaptaron historias y leyendas celtas al francés y al gusto de los que las escuchaban en aquel siglo XII.

 

Aparición de la Mesa Redonda

En 1155, Norman Wace escribe en anglo-normando Roman de Brut, que es una adaptación francesa de la Historia de Geoffrey de Monmouth donde desarrolla el ideal de cortesía medieval e introduce por primera vez la Mesa Redonda (Tabla Redonda según la habitual e incorrecta traducción al castellano).

Esta obra está dedicada a Leonor de Aquitania y algunos estudiosos creen que la intención de Wace podría ser la de identificar a Arturo, defensor de la igualdad entre el rey y sus caballeros, con Enrique II Plantagenet.

Se debe tener en cuenta la importancia, para la credibilidad de la existencia del rey Arturo, que representó el descubrimiento de dos tumbas en la Abadía de Glastonbury hacia 1190: un hombre y una mujer que, basándose en una inscripción, determinaron que se trataba de las tumbas del rey Arturo y la reina Ginebra. Desde luego, si ni siquiera se puede confirmar que Arturo y Ginebra existieron, menos se puede decir que dichas tumbas cobijaran los cuerpos de estos reyes.

 

¿Arturo, el malo?

En el primer cuarto del siglo XIII encontramos un poema escrito en francés antiguo, Yder, de autor desconocido, donde Arturo es descrito como celoso, hambriento de poder, cruel y malvado. Es mezquino y desleal.

En él, el joven Yder, hijo del rey Nuth, salva la vida del rey, sin saber quién es. Cuando conoce la identidad del hombre que ha salvado, espera alguna compensación o simplemente las gracias, pero no recibe nada de eso.

Arturo está celoso de la relación que tienen Yder y Ginebra (Guenloy en esta obra), celos que le hacen incluso desear la muerte del caballero. El autor expresa que los celos son algo cruel.

En otra parte del poema, Arturo olvida también sus obligaciones, porque recibe la visita de una joven para pedirle ayuda puesto que su señora sufre el sitio de su castillo, castillo que había sido concedido por Arturo al igual que su promesa de protección, pero el rey le responde que deberá esperar a que él asedie la fortaleza de Rougemont porque su dueño no le quiere reconocer como señor feudal. A Yder no le gusta este comportamiento y abandona la Corte. El narrador no indica que lo hecho sea indigno o incorrecto, pero se ve que los deberes del rey están desatendidos.

Llegamos a la segunda mitad del siglo XII, a Chrétien de Troyes, uno de los creadores de la novela moderna. Lo original de sus escritos es que contienen subjetividad y estructura narrativa. En ellos une las narraciones inventadas y el desarrollo de leyendas antiguas.

Este autor escribe la mayoría de sus primeras obras en la corte de los condes de Champaña, Enrique I el Liberal y su esposa María, hija del primer matrimonio de Leonor de Aquitania con Luis VII de Francia.

Chrétien de Troyes es el primero que dedica a Arturo y a sus caballeros cinco novelas de índole cortés: Erec y Enide; Cligès; Yvain, el Caballero del León; Lancelot, el Caballero de la Carreta; y Perceval, el Cuento del Grial, que quedó sin acabar. Están escritas en francés en versos octosílabos pareados. Chrétien de Troyes también escribió un poema a Tristán e Isolda, pero que se perdió.

Chrétien fue quien introdujo en la literatura artúrica por primera vez al caballero Lancelot y, además, su relación adúltera con Ginebra. Así mismo fue el que primero mencionó por escrito el Grial en una novela.

En Erec y Euride, de Chrétien, aparece Ider, hijo de Nut, que suplica por su vida cuando se ve vencido por Erec en un torneo. En esta obra se habla del ideal del amor, aunque este debe encontrarse en el matrimonio.

El Grial, en sus inicios, no tenía connotaciones cristianas, ni estaba asociado a ningún recipiente que hubiera contenido la sangre de Cristo, como es en este caso. Al principio podría haberse asociado con el cuerno de la abundancia y rituales de fertilidad (tradiciones galesas e irlandesas). Más tarde se convertiría en la vasija que contenía la hostia y que alimentaría al rey herido, al rey Pescador en la novela de Chrétien, Perceval, aunque sin detallar sus orígenes ni propiedades. En esta obra de Chrétien se trata como un elemento mágico. La describe como un gran plato, una fuente un poco honda sobre la que se podía servir pescado a la mesa. Va precedida por una lanza de cuya punta se desliza una gota de sangre.

Como Chrétien no terminó esta historia, su final ofrece diferentes continuaciones. Uno de los escritores  que se atreven con ello, alrededor del año 1200, y del que desconocemos el nombre, hizo protagonista del cuento a Galván y representó al Grial como una vasija y la lanza como la de Longino, el que hirió a Jesús en el costado cuando ya estaba clavado en la cruz.

Robert de Boron es el primero que nos narra el largo peregrinar de esta reliquia santa. Se conservan solo dos poemas en versos octosílabos, José de Arimatea y Merlín, este último no completo. Los compuso entre 1190 y 1205. Describe por primera vez el Grial como la copa de la Última Cena utilizada por José de Arimatea para recoger la sangre de Jesús cuando estaba ya crucificado, con lo que le da aquí un significado cristiano y una perspectiva histórica.

 

Pero el rey Arturo no está solo

Hay que resaltar que si bien el mundo artúrico se crea alrededor del rey Arturo, son sus caballeros quienes van a la aventura, quienes extienden el ámbito de los personajes y dan lugar a muchas obras. Y lo que es muy importante, van a la búsqueda del Grial.

De ahí que la mayor parte de la literatura del siglo XII se centre menos en Arturo y más en otros personajes, como Lancelot, Perceval, Galahad, Ginebra y Morgana.

Antes de Chrétien de Troyes se había extendido por la Francia cortesana, gracias a los conteors, o trovadores, una leyenda trágica celta, la de Tristán e Isolda. Más tarde esta historia también se integraría en el mundo artúrico haciendo de Tristán un caballero más de la Mesa Redonda.

Y hay que hablar ahora de los lais de María de Francia, escritos a finales del siglo XII. Los lais son poemas narrativos cortos que van acompañados con música. Los titulados Lanval y Madreselva, mencionan al rey Arturo y a sus caballeros de la Mesa Redonda. De su autora se sabe muy poco. Algunos la identifican con María de Champagne, la hija de Leonor de Aquitania y Luis VII. Otros, con María, abadesa de Shaftesbury. Lo único cierto es que nació en Francia.

En la península Ibérica la influencia de Arturo se introdujo por medio de la esposa de Alfonso VIII de Castilla, Leonor Plantagenet, hija de Enrique II de Bretaña que, según cuentan, traía una copia de la obra de Monmouth.

No hay que olvidar que Enrique II y Leonor de Aquitania realzan la figura de Arturo y la Tabla Redonda porque favorece sus intereses. Uno de sus nietos recibió incluso el  nombre de este monarca idealizado. Se trata del hijo póstumo de Godofredo, tercer vástago de esta pareja real.

En Cataluña se había introducido antes, como podemos comprobar en el Ensenhamen (poema largo de contenido didáctico y crítico) de Guerau de Cabrera, escrito en lengua provenzal en 1160. Está dirigido a su juglar Cabra y en su segunda parte detalla los temas literarios que los juglares deberían conocer para transmitir entre los que se encontraba, claro, los del rey Arturo.

El conjunto de romances artúricos conocido como Vulgata, escrito en francés de autor o autores no conocidos, data de 1215-1230 y consta de Estoire del Saint Graal (o Joseph Abarimathie), Estoire de Merlin (y una Suite Merlin), Lancelot, Queste del Saint Graal y Mort Artu. Al final todos, rey, caballeros y reina, mueren.

También la épica alemana se ve influida por el mundo artúrico. Wolfram von Eschenbach elige Percebal, la obra incompleta de Chrétien, para adaptar y enriquecer su Parzival (1200-1215), dividida en dieciséis capítulos o libros. Tiene una espléndida introducción en que se narra la vida del héroe del grial Gahmuret. Sobre la influencia de este autor hablaremos más tarde.

Chrétien describe el Grial como un recipiente, Von Eschenbach como una piedra “del origen más puro” con propiedades mágicas.

Obra muy importante es La muerte de Arturo, de Thomas Malory. Obra acabada en 1469 y editada en 1485 por William Caxton, primer impresor inglés. Es un libro de caballería, que podemos situar entre la Edad Media y la Moderna. Aunque el autor es inglés, se inspiró en los autores franceses. Esta novela tendrá mucha influencia en los autores posteriores. Como anécdota se puede indicar que fue la que serviría siglos después de base a la película Excalibur.

 

El renacimiento artúrico

Durante los siglos XVI, XVII y XVIII la producción artúrica en literatura fue más escasa. No despertó de nuevo hasta el siglo XIX, con el movimiento romántico.

No obstante, se podría señalar la satírica obra de teatro La tragedia de las tragedias, escrita por el dramaturgo y novelista inglés Henry Fielding y estrenada en 1733. En ella el padre del protagonista pide al mago Merlín que le ayude a que su mujer conciba un hijo, lo que así sucede, aunque nace un diminuto Tom Thumb que al llegar a la edad adulta entra al servicio del rey Arturo.

Idylls of the King (Idilios del rey), de Alfred Tennyson (escritor romántico británico), publicado en 1859, adapta la historia artúrica al periodo y moralidad victoriana. Consta de doce poemas, que Tennyson dedica al príncipe Alberto, marido de la reina Victoria, y puede interpretarse como una alegoría a los problemas sociales de la época.

Esta obra iba a traducirla el dramaturgo y poeta español José Zorrilla, que al final escribió Ecos de las montaña (1868) acabando yendo más allá de la simple traducción. Fue ilustrada por Gustave Doré.

En aquella época hay que señalar la importancia de los pintores que se llamaron a sí mismos Hermandad Prerrafaelistas, influidos, en algún aspecto, por la leyenda artúrica y a la que dieron una gran popularidad. Encontraron muchas ideas en los poemas de Tennyson y, en menor medida, en Malory. Podemos citar a Edward Burne-Jones, William Morris y Dante Gabriel Rossetti entre ellos.

El Arturo victoriano fue un hombre de la época, aunque con vestuario y contexto medieval, pero actual en carácter y sentimientos. Realmente es una metáfora que sirvió para expresar el idealismo y las aspiraciones de ese tiempo.

Mark Twain también fue inspirado por Arturo y escribió Un yanki en la corte del rey Arturo, en 1889, donde crea una obra humorística en la que critica las instituciones del pasado. Se burla de las antiguas glorias, tan de moda en esa época romántica. Introduce conocimientos tecnológicos de su tiempo, ya que traslada a un estadounidense en un viaje en el tiempo al siglo VI, hasta la corte de este rey inglés.

En el siglo XX continúa la influencia de Arturo como modelo de monarca idealizado. Un arquetipo que se extiende a todo el mundo. Los japoneses ven su figura en Kairo-kó, escrito por Natsume Soseki en 1906.

Terence Hanbury White (1906-1964) escribió cuatro novelas artúricas entre 1939 y 1958 que reunió con el título The Once and Future King (El rey que fue y será), conocidas en España como Camelot. Más tarde se publicó la quinta, El libro de Merlín.

Estas historias escritas por White están llenas de fantasía, pues su autor construye nuevas escenas y otorga rasgos “curiosos” a los personajes.

También John Steinbeck se vio bajo la influencia de Arturo y publicó, en 1976, Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros, donde reescribe sus aventuras con un lenguaje asequible a su tiempo. Muy amena, le costó a su autor años de investigación sobre el tema, si bien sobre todo está inspirada en La muerte de Arturo de Thomas Malory.

Desde 1995 a 1997 Bernard Cornwell, escritor y periodista británico, escribió la trilogía de El señor de la guerra, formada por El rey del invierno, El enemigo de Dios y Excalibur. Están narradas por uno de los capitanes de Arturo.

Douglas Monroe escribe en 1993 21 lecciones de Merlín. Son historias basadas en el rey Arturo y Merlín que forman un curso de introducción al druidismo.

61-sicpe9l-_sx326_bo1204203200_Marion Zimmer Bradley, escritora estadounidense, escribe Las nieblas de Avalon, una saga de cuatro volúmenes hecha desde la perspectiva de los personajes femeninos y publicada en 1983.

En estos últimos decenios, la literatura artúrica ha ido incorporando y adaptando las nuevas ideas políticas, sociales y culturales e incluso tecnológicas a su ámbito.

Desde febrero de este año 2016 puede leerse en español el libro Los ladrones del Castillo Ruinoso, del escritor británico Terry Pratchett, que es una antología de cuentos que comienza con el que da título a la obra en que un caballero, Ralph, por orden del rey Arturo tiene que liberar el Castillo Ruinoso, que está rodeado de dragones.

 

Arturo y sus caballeros en la literatura hispánica

España no ha estado al margen de la influencia de la materia de Bretaña ni de su renacer. Como ejemplo, podemos citar unas cuantas obras que van desde finales del siglo XIX hasta nuestros días:

José Zorrilla (1817-1893): Los ecos de las montañas (1868).

Emilia Pardo Bazán (1851-1921): La última fada (1919).

Álvaro Cunqueiro (1911-1981): Merlín e familia (1955).

Xoxé Luis Méndez Ferrín: El amor de Artur (1982).

Soledad Puértolas: La rosa de plata (1999).

Paloma Díaz-Mas: El rapto del Santo Grial (2001).

Manuel Vázquez Montalbán (1939-2004): Erec y Enid (2002).

César Vidal Manzanares: Artorius (2006), en el que el protagonista es Lucius Artorius Castus, oficial romano que vivió entre los siglos II y III, que se cita como antecedente histórico del rey Arturo por sus gestas.

Joseba Sarrionandía ha escrito cuatro historias breves sobre el tema en la primera década del siglo XXI.

Pero vamos a entretenernos en La historia del rey Arturo y de los nobles y errantes caballeros de la Tabla Redonda: análisis de un mito literario, del año 1983, escrita por Carlos García Gual, donde se dice que en el siglo XII era mucho más famoso como héroe gracias a los relatos de tradición oral que como personaje histórico. Y la cultura o conocimiento se extendía a todas las clases sociales justo por esa forma de expansión, que llegaba a toda la población gracias a los conteors, narradores juglarescos, contadores de historias.

Explica que en la Fuente Hermosa de Núremberg, construida entre 1385 y 1396, hay un personaje que representa al rey Arturo. Esta fuente consiste en una pila de agua octogonal de la que se levanta una pirámide con 40 personajes. Nuestro personaje forma parte de lo que se denomina el grupo de los nueve héroes universales.

Caxton, impresor y editor inglés del siglo XV, en el prólogo que hace a La Morte D’Arthur, de Thomas Malory cita a estos nueve héroes, que merecen ser recordados: tres paganos (Héctor de Troya, Alejandro el Grande y Julio César), tres judíos (Josué, David y Judas Macabeo) y tres cristianos (Arturo, Carlomagno y Godofredo de Bouillon).

Pero esta fuente no es la representación más antigua del rey Arturo que ha llegado hasta nuestros días. García Gual indica en este libro que la más antigua se encuentra en la catedral de Módena, en una arquivolta de la Porta della Pescheria (1100-1120), en la que aparece nuestro protagonista con cuatro de sus famosos caballeros defendiendo un castillo y a una dama, que se supone que es la reina Ginebra. Y esto, cincuenta años antes de la primera novela artúrica que haya llegado a nosotros.

Y si seguimos con curiosidades, podemos mencionar que el castillo de Wewelsburg fue reconstruido por los nazis para hacer de él un centro de reunión de la cúpula de las SS. La llamada Sala de los Generales tenía una mesa redonda al estilo de la del rey Arturo. La mesa de roble contaba con asientos para doce caballeros. Es sabido que se utilizó una vez, en mayo o junio de 1941 a propósito de la Operación Barbarroja (plan de invasión de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial).

Para los fans de la saga de las Guerras de las Galaxias hay que señalar que incluso los personales del film Star Wars tienen influencia de los habitantes de Camelot. Merlín puede estar encarnado por Obi-wan Kenobi, Lancelot por Han Solo y Leia como Ginebra. Para el personaje del rey Arturo habría dicotomía: la parte demoniaca la representaría Darth Vader y el bien, Luke Skywalker.

 

La materia de Bretaña en el cine

Aunque no es la primera que se realizó, sí quiero destacar en primer lugar la película de animación Merlín el encantador (1963), porque fue con la que descubrí a nuestro personaje.

El argumento está basado en el narrado por T. H. White. Fue el decimoctavo y último estreno de Disney antes de su muerte. Un detalle curioso es que Merlín tiene un rasgo que siempre nos recordará a Walt Disney, su nariz.

En la actualidad Disney está preparando una película con actores reales basada en este filme, cuyo protagonista también sería Merlín.

Pero muy anterior es la cinta, muda, Parsifal, producida por Edwin S. Porter en 1904, basada en la ópera del mismo nombre de Richard Wagner.

En 1949, Tay Garnet dirigió la cinta musical Un yanqui en la corte del rey Arturo, basada en la obra del mismo título de Mark Twain. Fue interpretada por Bing Crosby, Rhonda Fleming, Cedric Hardwicke, William Bendix, Murvyn Vye, Virginia Field, entre otros.Un_yanqui_en_la_corte_del_rey_Arturo-696762606-large

Los caballeros del rey Arturo, dirigida en 1953 por Richard Thorpe, fue interpretada por Robert Taylor, Ava Gardner, Mel Ferrer, Anne Crawford, Stanley Baker y Felix Aylmer, entre otros.

No debemos olvidar Los caballeros de la Tabla Cuadrada, de los Monty Python (1975).

Russ Mayberry dirigió cuatro años más tarde la comedia Un astronauta en la corte del rey Arturo, con los actores Dennis Dugan, Jim Dale, Ron Moody, Kenneth More, John Le Mesurier.

Excalibur  es una película de producción britano-estadounidense de 1981. La leyenda del rey Arturo que cuenta está basada en la obra de Sir Thomas Malory La muerte de Arturo. Fue dirigida por John Boorman y protagonizada por Nigel Terry, como Arturo, y Helen Mirren como Morgana. Contó asimismo con actores que, años después, alcanzaron la fama: Patrick Stewart, Gabriel Byrne y Liam Neeson, entre otros.

Arturo es presentado en la película como el Rey Herido, cuyo reino se convierte en un páramo que será rescatado gracias al Grial. Curiosamente, el Grial no está inspirado en el Santo Grial cristiano, sino en la simbología celta del caldero mágico. Boorman justificó la simbología utilizada aduciendo que la película no está basada en la verdad histórica, sino en la verdad mítica.

En El primer caballero (1995) encontramos de nuevo la leyenda de Camelot y el rey Arturo. Sean Connery interpreta a Arturo y Julia Ormond a Ginebra. Richard Gere en el papel de Lancelot. La cinta fue dirigida por Jerry Zucker.

Del mismo año es Aventuras en la corte del rey Arturo, dirigida por Michael Gottlieb. Con Thomas Ian Nicholas, Joss Ackland, Art Malik, Paloma Baeza, Kate Winslet y Daniel Craig entre los actores.

De 1995 también es la cinta norteamericana, esta vez de animación, La espada mágica: en busca de Camelot.

Tendremos que esperar nueve años hasta que Antoine Fuqua dirige El rey Arturo (2004), interpretada por Clive Owen, Keira Knightley y Stellan Skarsgård, Stephen Dillane, Ioan Gruffudd, Til Schweiger, entre otros. El productor, Jerry Bruckheimer, quiere contar el origen del mito, el hombre real que está tras la leyenda, sin magia.

 

Series de televisión

El rey Arturo es una serie de anime (manga) japonesa de 1979 dirigida por Masayuki Akehi y Tomoharu Katsumata. Se compone de 30 episodios de una duración de 30 minutos.

En 1998 se emitió la miniserie Merlín, compuesta por tres episodios de una duración de 180 minutos cada uno. Fue dirigida por Steve Barron, con Sam Neill, Helena Bonham Carter, Miranda Richardson o John Gielgud en el reparto.

Las brumas de Avalon es una miniserie estadounidense del año 2001 basada en los libros de Marion Zimmer Bradley, en la que cuatro mujeres están en la cúspide del poder y son las que marcaron la vida del rey Arturo. Estuvo dirigida por Uli Edel y formaron parte del reparto Anjelica Huston, Julianna Margulies, Joan Allen, Caroline Goodall, Samantha Mathis y Michael Vartan.

En septiembre de 2008 se estrenó la serie británica Merlín, que se prolongó durante cinco temporadas y 65 episodios. La particularidad que tiene se debe a que, en la trama, tanto Arturo como Merlín son muy jóvenes.

 

Música

El compositor inglés Henry Purcell compuso en 1691 Rey Arturo, ópera en cinco actos. Los protagonistas eran actores, ya que la mayor parte de la obra es de texto hablado.

Las óperas de Wagner que tienen influencia del mundo artúrico y de la búsqueda del grial en particular son Tristán e Isolda, Tannhauser, Parsifal y el ciclo de El anillo del nibelungo. Parsifal está inspirada por Wolfram von Eschenbach y la búsqueda del Grial que trató en su obra Parzival.

En España, Isaac Albéniz compuso entre 1898 y 1902, con letra de  Francis Money-Coutts, la ópera Merlín. Debería haber sido la primera de una trilogía de tema artúrico pero, aunque después trabajó en Lancelot, no llegó a terminarla. Guinevere hubiera sido la parte final.

El musical teatral Camelot, con música de Frederick Loewe y letra de Alan Jay Lerner, se basa en las cinco novelas de T. H. White. En 1960 se estrenó en Broadway con Julie Andrews y Richard Burton como protagonistas. Siete años después se llevó al cine dirigida por Joshua Logan e interpretada por Richard Harris y Vanessa Redgrave en los principales papeles. Este musical fue todo un éxito en Estados Unidos por el hecho de que el presidente John F. Kennedy por ejemplo veía en la leyenda artúrica un modelo ideal de sociedad.


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