Operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial

Por . 21 noviembre, 2016 en Reseñas , Siglos XIX y XX
Share Button

brandemurgueses0cubiertaDurante la Segunda Guerra Mundial, no sólo acontecieron grandes batallas protagonizadas por los ejércitos aliados y del Eje, sino que también hubo un espacio reservado para, en definitiva, las denominadas operaciones especiales.

El libro Operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial, escrito por Manuel J. Prieto, recoge las más importantes de aquellas formas distintas de combatir, los engaños en los que primó el ingenio, las guerrillas en territorio enemigo… operaciones entre las que se pueden contar la toma del fuerte de Eben-Emael por los alemanes, el robo de una estación de radar en la Francia ocupada o el rescate de Mussolini en el Gran Sasso, entre muchas otras.

 

A continuación, reproducimos un extracto del libro de Manuel J. Prieto:

(Anatomía de la Historia agradece a la editorial La Esfera de los Libros su amabilidad a la hora de permitirnos traer a nuestros lectores el siguiente texto)

 

Brandemburgueses alemanes en Rusia, audacia y sangre fría

En julio se puso en marcha la operación Edelweiss, que contemplaba la captura de los campos petrolíferos del Cáucaso. Para conseguirlo sin que los rusos pudieron destruirlos, se contó con los Brandemburgueses, que habían ayudado durante toda la campaña rusa al resto de las tropas en sus labores de asegurar rutas, explorar y sabotear, así como en acciones contra los propios saboteadores rusos que actuaban contra los alemanes. Su forma de combatir se había mostrado mucho más efectiva cuando operaban con un afán ofensivo. Por ello, cuando la situación cambió en el frente del este, fueron alejados de la primera línea y emplearon cierto tiempo reorganizándose y formándose. Se diseñaron varias misiones o cometidos para ellos, como era la toma y control de determinados puntos geográficos, cercanos a los campos de Maikop, la destrucción de algunas líneas férreas y el sabotaje en torno a los puertos del mar Negro, para evitar que sirvieran de punto de entrada de refuerzos rusos. La operación contra los campos de Maikop era la más importante.

El teniente Adrian Freiherr von Fölkersam era el responsable, dentro de los Brandemburgueses, de una acción que obligaría a sus hombres a adentrarse de manera considerable en territorio enemigo y mantenerse en acción durante varios días, a la espera del grupo de tropas alemanas, mientras evitaban que los rusos destruyeron las instalaciones y las conducciones. Además, como era habitual, debían facilitar el movimiento del resto de unidades alemanas. Fölkersam pensó que la mejor forma de que los Brandemburgueses se infiltraran en territorio enemigo sería haciéndose pasar por hombres de la NKVD, el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, la organización rusa de seguridad que en realidad se movía con gran libertad y poder, llevando a cabo ejecuciones sin mayores miramientos, para intentar controlar el orden interno en el país. Con ese objetivo se seleccionó un grupo relativamente reducido de hombres cuyo origen era báltico y hablaban perfectamente ruso, además de algunos alemanes, también escogidos con especial cuidado, todos ellos con motivación personal contra Rusia, como el propio Fölkersam, que era un ferviente antisoviético.

En la operación participarían de manera directa contra los campos de Maikop sesenta y dos Brandemburgueses, mientras otros veinticuatro tendrían como objetivo un puente sobre el río Bélaya. Aunque la incertidumbre no permitía diseñar un plan exacto, que se pudiera seguir fielmente, sino más bien que dejaba un importante hueco para la improvisación, se puso en marcha una preparación y formación especial para los hombres que iban a simular que pertenecían a la NKVD, usando material y documentos incautados a los rusos. La disciplina, procedimientos, formas de actuar, así como el pensamiento político y las doctrinas que servían de base para la NKVD real, fueron estudiados y practicados sin descanso. Pero no fue eso lo único que hicieron, sino que también practicaron la forma de hablar y la jerga, la forma de dirigirse a los superiores, a los camaradas, a la población… Incluso practicaron el consumo desmedido de bebidas para desarrollar cierta tolerancia al alcohol y así poder salir airosos de una situación en la que tuvieran que beber para mantener la pantomima. Por supuesto, los uniformes y las armas, para cuyo uso también recibieron formación, serían los adecuados.

Lógicamente toda esta preparación tenía una motivación clara, más allá de la necesidad básica de pasar desapercibidos, estaba la necesidad de evitar que la NKVD real, omnipresente, sospechara de ellos y echara por tierra toda la misión. Ya antes de la guerra los rusos temían la presencia de espías y quintacolumnistas entre sus filas, por lo que habían desarrollado una paranoia y un escepticismo entre sus efectivos que hacían que el más mínimo detalle levantara sospechas. Después de varias semanas de duros combates y avances, en las que los Brandemburgueses contribuyeron afianzando las rutas, como era habitual, a primeros de agosto el punto más avanzado del frente tenía a unos cien kilómetros al suroeste los campos petrolíferos de Maikop de Neftegorsk.

Había llegado el momento delicado y temido por todos en el que los rusos podrían ver peligrar dichos campos y preparar por tanto su destrucción, siguiendo así con su política de tierra quemada. El ejército alemán avanzaba, pero no a suficiente ritmo ni afianzando el frente lo bastante como para que los rusos no tuvieran tiempo de preparar la acción de sabotaje de sus instalaciones. En esa situación y con los hombres de Fölkersam en primera línea de frente, precisamente donde eran más útiles en sus labores, una misión de exploración retornó hasta las filas alemanas y advirtió de la presencia de unos setecientos soldados del Ejército Rojo acampados en una localidad cercana. El líder de los Brandemburgueses, que tenía los campos de Maikop bajo su punto de mira, vio ante él la oportunidad de poner la operación en marcha. Al llegar la noche, no esperó más, y comenzó la infiltración en territorio ruso, dejando a sus espaldas a sus camaradas alemanes y sabiendo que comenzaba una misión muy arriesgada. Una prueba de esto último es que los Brandemburgueses no llevaban el uniforme alemán debajo de los de la NKVD que vestían. Sabían que en caso de entrar en combate o ser descubiertos, de nada les serviría, ya que estarían aislados. Además, el riesgo de llevar algo alemán encima podría acabar por provocar el desastre en caso de que se vieran en una situación delicada en la que alguien sospechara de ellos.

Como era habitual cuando se adentraban en las líneas enemigas, cada soldado llevaba una cápsula de cianuro para acabar con su propia vida llegado el momento y así evitar ser capturado y torturado. A la luz de la luna los alemanes comenzaron a caminar a través de los campos que entonces albergaban el frente, evitando ser vistos. Marchaban cautelosamente, ya que la cercanía de la primera línea podría hacerles víctimas de un ataque de los rusos o incluso de sus compatriotas. Al alba del 2 de agosto llegaron a la localidad de Krasnodarskiy, donde rodearon a un heterogéneo grupo de enemigos formado por ucranianos, cosacos musulmanes, georgianos e incluso siberianos.

Tras disparar sus armas para despertarlos a todos, los reunieron y Fölkersam, subiendo sobre un camión, les preguntó a voces qué estaba ocurriendo, si tenían pensado desertar o algo similar. Lo hizo con la forma de hablar severa y autoritaria que correspondía a un mando de la NKVD. Les dijo que Stalin había preparado todo para que los alemanes avanzaran como lo estaban haciendo, hacia donde Rusia quería que lo hicieran, ya que las montañas del Cáucaso serían la tumba del ejército fascista. Uno de los presentes se rio al escuchar aquellas palabras y los Brandemburgueses lo detuvieron y le preguntaron a Fölkersam allí mismo si debían ejecutarlo, a lo que este respondió que lo harían más tarde. Acabado el discurso, ordenó separar a los cosacos del resto de soldados rusos. El líder alemán dio a atender que los había condenado a muerte por desertores, por lo que los subió a un camión y salió rumbo hacia el norte, escoltado por dos coches. Paró poco después los vehículos y habló con el jefe del grupo de cosacos, diciéndole que dispararía al aire para que en la localidad creyeran que los había liquidado a todos, y que los dejaría libres. Deberían ocultarse durante un par de horas y luego dirigirse hacia el lado alemán, donde se entregarían.

Las deserciones de cosacos venían siendo habituales y por lo tanto aquella actuación no era extraña. Cuando volvió a la localidad donde estaba el resto de soldados rusos a los que antes se había dirigido y que habían escuchado tanto su charla subido al camión como los disparos, les dijo que debían dirigirse hacia el lado ruso, alejándose del frente, y que él se ocuparía de los ucranianos y del resto de traidores como acababa de hacer con los cosacos. Los rusos se subieron a los camiones y arrancaron en dirección al sur y, tras esperar el tiempo suficiente, los Brandemburgueses actuaron con el resto como lo habían hecho con los cosacos, dejándolos libres. Hecho esto, requisaron algunos vehículos y se adentraron en la caravana que huía en dirección al sur, alejándose de la zona que amenazaba directamente el ejército alemán.

El 3 de agosto, en el entorno de Armavir, los vehículos fueron detenidos por un grupo de verdaderos hombres de la NKVD, que se estaban ocupando de organizar y dirigir el caótico tráfico. El líder del grupo alemán se bajó del coche y se dirigió al hombre al mando, que le preguntó quién era. Fölkersam, con seguridad, le dijo que era el oficial Truchin de la Brigada 124 del NKVD, en una misión especial para Alekseis Zhadov, comandante del Sesenta y Seis Ejército, en Stalingrado. Aquello debió despistar o intimidar al interlocutor del alemán, ya que no dio muestra alguna de sospecha y aceptó la explicación, añadiendo además que estaba ayudando a dirigir las fuerzas rusas hacia Maikop y Tuapse y pidiéndole que estuvieran atentos, ya que se creía que algunos espías se habían infiltrado en la zona. Y sin más, les dejó continuar el viaje.

Casi en contra del sentido común, al llegar a Maikop los Brandemburgueses se dirigieron al centro de mando de la NKVD en la localidad, y su jefe siguió representando su papel como Truchin. Tuvo la suerte de que uno de los rusos que había presenciado todo lo ocurrido en Krasnodarskiy había hecho un informe para la NKVD sobre cómo él, Truchin, había eliminado al grupo de cosacos. Con esta información a su favor, se presentó ante el comandante de la NKVD en el lugar y le ofreció sus papeles de identificación así como los documentos acreditativos de su misión. El ruso le dijo que no hacía falta ningún papel, pero a pesar de ello se los mostró. Hablaron sobre los cosacos y sobre cómo acciones como la que había llevado a cabo Fölkersam servían de escarmiento a otros que también pensaran en dejar de luchar por Rusia. Los Brandemburgueses fueron alojados cómodamente, lo que les permitiría preparar con cierta tranquilidad el paso siguiente de su misión, pendientes siempre del continuo avance alemán, ya que podría provocar en cualquier momento la retirada de los rusos y por lo tanto la destrucción de las instalaciones antes de dejarlas atrás. Aunque en la inspección de las habitaciones que les asignaron, en un edificio cercano que había sido confiscado, no descubrieron micrófonos ocultos, siempre que hablaban de algún aspecto delicado lo hacían con la radio encendida y a buen volumen para que esta enmascarase lo que decían. Ya habían advertido a Fölkersam, en su papel de Truchin, que estuviera atento ya que se sospechaba que había espías infiltrados en la filas rusas, por lo que la falta de seriedad de algunos de sus hombres y la relajación con la que se tomaban su misión le llevó a avisarles de lo importante que era lo que tenían entre manos y todo lo que estaba en juego, entre otras cosas, sus propias vidas.

Hecho esto, y actuando como si estuvieran trabajando para el NKVD, algunos de ellos se acercaron a los campos y pozos petrolíferos y con la información obtenida prepararon un plan para evitar su destrucción. Por otro lado, Trunchin seguía afianzando su buena relación con el general Perscholl, el hombre a cargo de la NKVD en la zona, con el que pasó un par de noches bebiendo y charlando. Consiguió que el general le invitara a dar un paseo por las defensas de Maikop, lo que sería de gran valor para la misión alemana. Los rusos habían colocado su artillería en el punto por el que esperaban que llegaran los alemanes, preparando además una defensa antitanques. Todo ello le fue explicado a Fölkersam, al que además pidieron opinión, que por supuesto dio, asegurando que era una muy buena idea y añadiendo algunos consejos. A última hora de la tarde del 7 de agosto, la 13.ª División Panzer estaba ya al norte de Maikop y otras fuerzas se acercaban por el noroeste, lo que llevó a los Brandemburgueses a activar la parte central de su misión. El caos que se veía por las calles, donde incluso el pillaje era ya habitual mientras los rusos se disponían a huir, era un indicador, pero el hecho de que el general Perscholl hubiera desaparecido del centro de mando, llevándose con él el archivo, era la prueba final que necesitaban.

brandemurgueses1Fölkersam organizó a sus hombres en tres grupos. Uno debía desplazarse hacia el suroeste para prevenir la destrucción de las instalaciones petrolíferas, evitando que las cargas explosivas fueran colocadas, principalmente en los pozos. Harían creer a los rusos que lo iban a llevar a cabo que ellos, miembros del NKVD a los ojos de estos, se encargarían de ello. El segundo grupo se quedaría en la localidad de Maikop, cortando las comunicaciones rusas por teléfono y telégrafo. Fölkersam, que en principio iba a formar parte del primer grupo, había sido informado de que dos brigadas soviéticas se habían desplegado en posiciones defensivas al noreste de la ciudad, esperando a los soldados de la 13.ª División Panzer, que entrarían por aquella parte de la localidad. Seguramente por eso se integró en el tercer grupo de los Brandemburgueses, que tenía como objetivo evitar que las defensas fueran efectivas y permitir así que las fuerzas regulares alemanas, una vez que llegaran hasta allí, se encontraran los menos problemas posibles.

Todo estaba preparado y el 9 de agosto, moviéndose por Maikop en cuatro coches, los alemanes infiltrados llevaron a cabo varias operaciones de sabotaje, destruyendo centros de comunicaciones y edificios clave para los rusos. Fölkersam, por su parte, aprovechando los contactos que le habían proporcionado las horas que había pasado con el general Perscholl, se informó sobre la situación real. Cuando le dijeron que el ejército alemán estaba atacando desde el norte, Fölkersam les aseguró que el punto importante de ataque alemán sería otro, más al sur, lo que en realidad era totalmente falso.

Ante esta información, el mando ruso trató de verificar lo que le había dicho Fölkersam, Trunchin para él, pero no le fue posible establecer comunicación con posiciones fuera de la ciudad, precisamente por culpa de algunos sabotajes que los Brandemburgueses habían llevado a cabo poco antes. En esa situación, la mentira fue tomada por valiosa información y se ordenó a los rusos que esperaban en el norte la llegada del enemigo que se retiraran de aquellas posiciones, facilitando así, sin saberlo, el avance de este. Cuando le preguntaron a Fölkersam si se unía a ellos en el repliegue, contestó heroicamente que como oficial del NKVD permanecería fiel a su obligación a pesar del riesgo y no se unía a la retirada. Siguiendo con su labor, el tercer grupo se dirigió entonces hasta una posición rusa bien situada para hacer frente a los alemanes cuando llegaran hasta allí. Fölkersam advirtió al comandante de dicha posición que la misma había sido sobrepasada y quedaría aislada en breve.

El comandante no hizo mucho caso de la advertencia y, más bien al contrario, hizo algunas preguntas comprometidas, lo que elevó la tensión entre ambos, hasta que un informador ruso se acercó al comandante y le advirtió que la artillería rusa se estaba retirando, lo que cortó toda discusión y acabó por darle la razón a Fölkersam. El segundo grupo de los Brandemburgueses en Maikop entró en el centro de comunicaciones para el norte del Cáucaso y, actuando como si realmente tuvieran mando para ello, ordenaron a todos que abandonaran el centro. El NKVD, aseguraron, estaba evacuando la ciudad y ellos debían unirse al repliegue. De nuevo el hombre al mando del centro de comunicaciones no cedió a la primera y aseguró que solo porque la NKVD huyera él no iba a hacer lo mismo. Koudele, el alemán que se hacía pasar por el oficial al mando del grupo, respondió ofendido que no acostumbraba a repetir órdenes, pero ello no hizo cambiar de opinión a su interlocutor, que expresó su deseo de corroborar las órdenes y ordenó a uno de sus hombres que intentara hacerlo contactando con el exterior. Koudele, simulando estar fuera de sus casillas, gritó que sus órdenes eran volar el edificio antes de retirarse y que eso era justo lo que iba a hacer en quince minutos, estuvieran o no ellos dentro.brandemurgueses2

Aquello acabó por vencer la resistencia del hombre al mando del centro de comunicaciones y abandonaron sus posiciones sin perder un momento. Cuando los Brandemburgueses se hicieron con el centro de comunicaciones, dijeron a todas las tropas que llegaban que el avance alemán obligaba a evacuar la zona rápidamente, lo que acabó provocando que una tras otra, las posiciones rusas se levantaran y comenzaran a retroceder. Llegó un momento en que les pidieron, a través de un mensaje encriptado, que se identificaran, y entonces destruyeron las instalaciones con granadas y las abandonaron. En cualquier caso, cuando eso ocurrió su parte de la misión había tenido buenos resultados y la división Panzer alemana estaba ya en el extremo norte de la ciudad. El primer grupo intentó contactar por teléfono con algún mando del ejército ruso al que convencer de que diera a los que tenían que destruir las instalaciones petrolíferas la orden de que no lo hicieran, pero fue un intento inútil. Se separaron entonces para aumentar sus posibilidades de éxito y buscaron a los responsables de la destrucción directamente, para convencerles de que les dejaran a ellos llevar a cabo dicha labor.

Como era de esperar, y una vez que se descartó la opción de generar una orden desde arriba que abortara todo, fueron incapaces de contactar con todos los hombres que los rusos habían asignado a la destrucción. Finalmente se escucharon en la distancia algunas explosiones y eso llevó a otros hombres a activar la destrucción que tenían asignada. La parte más importante de la misión de los Brandemburgueses acabó, pues, por fracasar, por mucho que el resto de acciones hubiera funcionado a la perfección. Consiguieron salvar gran parte de los depósitos de petróleo, pero otras muchas instalaciones y conducciones fueron arruinadas. Una vez que los alemanes se hicieron con Maikop, el personal de la brigada especialmente montada para reparar y mantener las instalaciones petrolíferas se desplazó hasta allí, aunque al llegar comprobaron que los daños que habían causado los rusos en su retirada eran muy importantes, lo que supondría una gran cantidad de trabajo para que la zona volviera a estar operativa como centro de producción y abastecimiento.

Además, estos trabajos se verían complicados por los continuos ataques guerrilleros de los partisanos rusos, que asesinaban a los alemanes y además destruían todo lo que estaba a su alcance, ralentizando así el avance del trabajo reparador. En un informe alemán, realizado unas semanas después de la toma de Maikop, se indicaba que se tardaría años en reparar todas las instalaciones por completo, por lo dañadas que estaban y por el ritmo al que se desarrollaba la reconstrucción. Poco después algunas extracciones comenzarían a dar sus frutos, produciendo unos setenta barriles diarios, muy lejos de los miles de barriles que se esperaban.

La impresionante operación de Fölkersam y sus hombres es toda una hazaña que merece todo el reconocimiento por su capacidad de infiltrarse en el enemigo y por su ayuda a la toma de Maikop por parte del ejército regular, pero dicho esto, falló en el objetivo principal, evitar que la estrategia de tierra quemada rusa afectara a los campos petrolíferos. Ese objetivo era además uno de los elementos estratégicos de la operación alemana a gran escala en aquel frente, la operación Blau.


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Nací en un pequeño pueblo de Salamanca, Vitigudino, en los últimos días del año 75 del siglo pasado. Llegó un momento en que comencé a escribir un blog, allá por comienzos de 2006, dedicado a la Historia. Concretamente a la parte más curiosa, llamativa, anecdótica y amena de la Historia. El blog comenzó a rodar y vuelvo a remitirme a la metáfora nívea de la que ya he hablado para explicar la evolución del mismo. Después de todos estos años, el blog, Curistoria (http://curistoria.blogspot.com) se ha hecho grande y de él han salido un par de libros recopilatorios de entradas, algunas charlas en colegios, proyectos editoriales... Suelo colaborar de manera habitual con algunos programas de radio (Onda Cero y Punto Radio), también en torno a las curistorias (¿acabará alguna vez esta palabra en la RAE?). He llevado a cabo un buen número de proyectos para editoriales y otras entidades culturales, en torno siempre a los libros, la Historia e Internet, o si se prefiere, el mundo digital.

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