¿Es la religión el opio del pueblo?

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iglesia-rebelde-555x710Mi libro La Iglesia rebelde no es otra obra sobre curas fascistas o corruptos. Ni siquiera trata de curas, aunque salgan unos cuantos. Pretende, por el contrario, acercarse a los católicos españoles que entendieron que sus creencias estaban vinculadas a la lucha por la justicia. Quién espere una confirmación del viejo y superficial adagio de Marx, “la religión es el opio del pueblo”, se llevará más de una sorpresa.

Y es que mucho antes de que el filósofo renano escribiera el Manifiesto Comunista junto a su amigo Engels, ya había sacerdotes en España que defendían el liberalismo expresado en la Constitución de Cádiz. Gente como Diego Muñoz Torrero, que pagó su valentía con el exilio.

Más tarde, otros creyentes intentarían armonizar su fe con los principios democráticos, en la línea de los que intentaban en Europa figuras del calibre de Lamennais, el revolucionario autor de Palabras de un creyente. En esto, como en tantas otras cosas, nuestro país no fue una excepción.

Hay que desterrar el mito de que España is different, lo mismo que la fracasología que tiñe tantas visiones catastrofistas de nuestro pasado, como reacción de péndulo a la vieja historia apologética.

Por desgracia, las ciencias sociales no son ajenas al prejuicio que deduce las características del individuo a partir del grupo a que pertenece. Si alguien es católico, por fuerza ha de ser un reaccionario. En la Guerra Civil, sin embargo, hubo creyentes que se opusieron a Franco. Como el sacerdote Leocadio Lobo, todo un símbolo de una Iglesia que no se enfrentaba a las esperanzas de modernización. En el bando republicano, por desgracia, la persecución anticlerical no sólo produjo miles de victimas, también supuso un monumental error político.

Parecía, en principio, que ser de izquierdas equivalía a ser “comecuras”. Durante el franquismo, sin embargo, muchos cristianos desmintieron este prejuicio con su compromiso a favor de los más débiles. Fueran militantes de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), sacerdotes obreros o Cristianos por el Socialismo, por citar sólo tres colectivos.

Se llegó así a la paradoja que el régimen franquista, oficialmente católico, acabara persiguiendo a la Iglesia.

Lo comprobaron en sus carnes los sacerdotes que se manifestaron en Barcelona, apaleados brutalmente, o los  que pasaron por la Cárcel Concordataria de Zamora.

Cuando finalmente llegó la Transición, últimamente tan denostada, el problema religioso que había lastrado la Segunda República había dejado de existir.

La propia jerarquía eclesiástica había marcado distancias con el franquismo, liderada por el cardenal Tarancón, el hombre de Pablo VI en España. Todo ello no habría sido posible sin la existencia de los muchos cristianos que entendieron la fe, no como un acto privado de piedad, sino como un compromiso público a favor de los valores de libertad, igualdad y fraternidad.

 

[La Iglesia rebelde es un libro escrito por el autor, publicado en formato digital por Punto de Vista Editores que incide en una idea: la religión sirve para legitimar el poder pero también ayuda a la lucha subversiva.Francisco Martínez Hoyos propone un recorrido por la historia de los católicos progresistas españoles a partir de 1812, cuando sacerdotes de la talla de Diego Muñoz Torrero defendieron la Constitución de Cádiz. Los creyentes más contestatarios buscaron entonces la manera de armonizar fe y liberalismo, como en el siglo XX se intentaría hacer compatible fe y marxismo. El estudio presta especial atención al periodo de la dictadura franquista, en el que los militantes de diversos grupos confesionales se implicaron decisivamente en la oposición al régimen.]


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Nací en Barcelona, en 1972, hijo de murciana y granadino. La mayor parte de mi trayectoria profesional la he dedicado a analizar el progresismo cristiano, con una tesis sobre la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y una biografía de Alfonso Carlos Comín, el de cristianos en el partido, comunistas en la Iglesia, así como La Iglesia rebelde para Punto de Vista Editores. Sin embargo, en los últimos tiempos, mi interés se ha desplazado hacia América Latina. En el especial el periodo de las independencias, con mi biografía sobre Francisco de Miranda (Arpegio, 2012) o Heroínas incómodas (Rubeo, 2012), el libro que he coordinado sobre la mujer en las emancipaciones. A su vez, me atreví a entrar en el terreno narrativo con una travesura titulada Los españoles iban de gris (Rubeo, 2011). En cuanto a gustos, si algo me define son The Beatles, los Simpson y Perú. Y, naturalmente, la investigación histórica.

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