¿Cómo hemos llegado hasta aquí? 15Historia15

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Este es un recorrido por los tiempos anteriores a estos en los que los europeos nos hallamos inmersos tras milenios de historia, tras milenios de pasado, y pretende ser una demostración práctica de aquello para lo que sirve la Historia, la disciplina de los historiadores, esa indagación histórica que pretende explicarnos. Explicarnos a nosotros, los seres humanos… Que pretende explicarnos.

 

UNO. EVOLUCIÓN

 

9788497637749Aquel Big Bang fue la primera vez del mundo para los seres humanos (ha sido para nosotros, los humanos) muchísimo tiempo después de que el Homo sapiens sapiens dominara la Tierra. Cientos de millones de años después de que la vida —dando la murga desde hacía miles de millones de años a los geosinclinales y a la lava sólida de los volcanes muertos— fuera un milagro científicamente demostrado sobre el planeta de los nietos de los simios. Y ahora que sabemos que somos polvo de estrellas y que el fin del mundo no caerá sobre nuestras cabezas así como así, ahora somos más presente que nunca, porque el pasado no existe y el futuro nunca llega.

Australopitecos, Parantropos, Homo habilis, Homo erectus, Homo antecesor, Homo sapiens neandertalensis y tú y yo. No fue un camino de rosas ese de la evolución humana, ese de la hominización, ni una línea de progreso como la que suele dibujar a los antecedentes de los murcianos actuales tal que si cada vez fueran (ellos y los que no somos murcianos) mejores, más evolucionados. Llegamos hasta aquí a trancas y barrancas. Pero llegamos, se me dirá.

Y, sí, treinta mil años antes de hoy, ya sólo había una especie humana en el planeta Tierra. La tuya y la mía. Somos Homo sapiens sapiens, aunque a veces no lo parezca.

 

 

DOS. CON PIEDRAS

 

Cazadores-recolectores éramos. Lo fuimos durante millones de años. Unos depredadores natos. En aquellos oscuros y minerales tiempos de la Prehistoria, de lo que pasaba antes que la historia pero ya lo era: historia. Paleolíticos, inferior y superior. Comienzos eternos de la Edad de Piedra. No se generan excedentes, y si va a haber clases, que no lo sé, en estos tiempos no las hay seguro.

Inventaste la tecnología. ¿O la tecnología te inventó a ti, ser humano? Del muy primitivo clan y de la religión, aún animista, nació el arte: aquello que puede ser tal vez lo único que nos diferencia de (todas) las fieras. Religión, tecnología y arte. ¡Cuántos conocimientos ya en aquella noche de los tiempos de la que venimos!

¿Ya eras, ya éramos memoria y deseo?

 

 

TRES. Y CON PALOS (REVOLUCIÓN)

 

Y tras el Paleolítico, el Neolítico y hay hasta Mesolítico y Calcolítico. Todo tan lítico. Tan de piedras. Y tan de palos. Hace unos doce mil años, ese Homo sapiens sapiens que tanto había aprendido de los animales que cazaba y de las plantas que recogía, comenzó a pasar suavemente de la mera subsistencia a la producción de sus recursos, y lo que hizo fue inventar la agricultura y la ganadería. Eso es el Neolítico, la primera revolución de la Historia. Tres zonas del planeta son los focos donde aquel prodigio de primer dominio de la Naturaleza tuvo lugar: el hoy tan problemático y febril Próximo Oriente, la Centroamérica más septentrional y el norte de China (la tantas veces llamada milenaria, como si no fuéramos todos milenarios).

El sedentarismo derrota a la vida nómada y, con los primeros excedentes de producción, surgen los primeros oficios (y no, el primero no fue ese que te imaginas, el que dicen el más viejo del mundo): ceramistas que moldean los primeros útiles domésticos, sacerdotes que son más o menos magos y que funden con los astros al ser humano que comienza a civilizarse, los guerreros que defienden a unas comunidades prósperas de otras que quieren serlo o serlo más… y los jefes a punto de ser reyes. Y los siervos.

Ya hay pobres y ricos. Miseria y poder. ¿Lo de siempre? Y ya están aquí las diferencias de género.

 

 

CUATRO. DE METALES IMPERIOSOS

 

9788499671390La igualdad se reduce a pasos agigantados. Siete mil años antes de ahora, en los puntos de la Tierra donde los humanos empezaban a organizarse a tope para poder dar salida a sus nuevas necesidades, y a sus nuevas posibilidades, siguen creciendo las profesiones y ya trabajan hasta los imprescindibles funcionarios (todavía gozando de buena reputación). Esto es un no parar de vida y muerte. La historia ha comenzado con la escritura, aunque para mí que qué más da que se escriba o no para que haya historia.

Todo es cada vez más complejo y surgen las primeras ciudades, donde tardarán milenios en vivir la mayoría de los habitantes de la Tierra (como ya venimos haciendo desde hace décadas). Los dioses amparan ya al poder y le dan un sentido a la servidumbre, que se va extendiendo por donde se extienden la civilización y la cultura. Ya hay reyes en Mesopotamia y en Egipto hace cinco mil años, ya hay arados, ruedas y ya se trabaja el bronce.

Los reyes son reyes de la guerra y los primeros imperios ya dan una muestra de lo que la Historia sabe de la historia: el pasado del ser humano es una sucesión de imperios que en ocasiones conviven en áreas inmediatas pero que siempre, nacen, crecen, se reproducen envejeciendo y mueren.

 

 

CINCO. NACE OCCIDENTE

 

Hace unos cuatro mil años comenzó a crecer eso que llamamos civilización (no era la primera vez que ocurría, como sabes ya) en un lugar que llamamos Grecia, empezando por las islas que la salpican meridionalmente. Y dos mil ochocientos años más tarde la Edad del Hierro se hace presente. Faltan ocho centurias para que nazca Jesucristo cuando las ciudades-estado griegas asienten un átomo significativo del futuro de las sociedades civiles en lo que va a ser Europa, en lo que vamos a considerar Occidente (frente al Oriente incomprensible de los asiáticos y el Neolítico eterno de los africanos y las tardías civilizaciones americanas).

Inventamos la palabra democracia en Grecia, que no es poco, pero le queda un larguísimo recorrido para serlo. Y las palabras colonia y colonialismo. El mar Mediterráneo es el mundo de aquellas gentes que no quieren ser Oriente y que de Oriente se van en el siglo V antes de Cristo (a. C.: sí, contaremos así, antes, a. C., y después, d. C., de la venida al mundo del Dios de los cristianos).

Atenas es la buena y Esparta la mala, parece querernos enseñar la Historia. La mala, porque la buena Historia nos explica qué pasó en ambas en el alba de Occidente.

Un rey macedonio, ¿griego? sueña a lo grande en el siglo IV a. C. y su sueño casi lograr fundir las tradiciones de Oriente y Occidente: Alejandro Magno es uno de los más famosos protagonistas de la Historia pero sus sucesores no pudieron completar tan titánico esfuerzo casi antinatural. Lo que ocurrió fue que la historia acabó por ser la historia de dos mundos que comenzarán a dejar de mirarse hasta mucho después.

 

 

SEIS. ¿QUÉ HIZO ROMA POR NOSOTROS?

 

9788499672908De la monarquía a la república al imperio para acabar con otro nombre y otro sitio (bizantino, en la Grecia de la que tan bien se había apropiado). Roma. Palabras mayores (palabra mayor). Reyes, cónsules, aristócratas en definitiva que comienzan por conquistar la península donde más de dos mil años después nacerá tardíamente Italia y, en el siglo III a.C., hacen de la ciudad del Tíber la capital espléndida de lo que ya es una gran potencia. La primera de la historia occidental, que devendrá ya en nuestra era en imperial poderío. Definitivamente, en aquella centuria, con la victoria de Roma sobre Cartago, Occidente daba la espalda a Oriente por los siglos de los siglos (y hasta hace poco).

El estado militar en que devino Roma fue una dictadura dueña y señora del mare Nostrum en que convirtió al Mediterráneo, que exportó por donde su incesante actitud bélica expansionista le permitiera la cultura occidental que venía fraguándose desde hace ya más de 2.500 años.

Porque Roma es pura cultura occidental, y su prolongada existencia —todavía de base agraria pero de armazón abiertamente urbana— resultará tan fascinante que imitarla será una reiteración, a menudo fallida, en los siguientes siglos del pasado de Occidente. La más grande civilización de todos los tiempos fue, sí, la mayor potencia de la Edad Antigua, un tiempo que damos por terminado cuando la propia historia de Roma llega a su fin en el siglo V d. C., después del Cristo que nace cuando crece su esplendor y cuyos seguidores acabarán convirtiendo al floreciente cristianismo, desde el corazón del mismísimo Imperio romano, en una de las bases marmóreas de Occidente y de lo que habrá de dar en ser Europa.

En la antigua Bizancio, en la ciudad de Constantinopla, pervivirá el Imperio ya no verdaderamente romano durante algunos siglos más. Un Imperio de Oriente (más que de Occidente) que no podrá resistir más de diez siglos (ahí es nada) al islam que viene del más cercano Oriente. En Roma quedó nada más y nada menos que la más longeva institución de la historia occidental, que se tuvo por heredera de la cultura romana ya cristianizada: la Iglesia cristiana, pronto muy católica. Comienza la Edad Media.

 

 

SIETE. Y LO LLAMARÁN EDAD MEDIA

 

¿Quiénes fueron los herederos de Roma? ¿El mundo occidental, esa Europa emergente, se sumió en las tinieblas a la caída del mundo romano? Del siglo V al X, el Viejo Mundo (nuestra Europa, que es de la que más se habla aquí, de la que casi sólo se habla aquí) se vio conmovido por la llegada arrebatadora de gentes que venían del otro lado del ámbito mediterráneo: germanos, eslavos, árabes, vikingos (normandos, vaya) y magiares anunciaron con su presencia temible el futuro tras la Antigüedad.

En la antigua Bizancio que lleva tiempo siendo Constantinopla se prolonga a la manera griega la Roma civilizadora mientras en los nuevos reinos de los bárbaros se prefigura el feudalismo y su diferido régimen señorial que habrá de durar hasta el siglo XVIII e incluso el XIX.

Y el recién nacido mundo musulmán, el que podría haber sido el eslabón entre Oriente y Occidente, será un retransmisor de lo mejor (y lo peor) de ambos mundos. El islam del siglo VIII parece que se va a comer el mundo. Pero no lo hace del todo.

A los emperadores (romanos) les suceden los papas (de la Iglesia pronto católica, siempre cristiana), a los magistrados (romanos) les suceden los monjes (cristianos). La cultura occidental se cristianiza sin asesinar (del todo) a la razón de los primeros filósofos.

Esto que cuento no es ineludible, el pasado no es lineal ni progresivo. Que conste.

 

OCHO. SEÑORES MUY FEUDALES

 

9788499675275-1Feudalismo es la palabra. En los tiempos de sacros emperadores y papas civiles, nace la madre del régimen señorial y los monasterios preservan la cultura occidental. Estamental la sociedad violenta de aquellos siglos católicos, Europa, que va a Oriente, al más próximo, con sus Cruzadas divinas y tan fracasadas, crece en tierras y crece en gente, ignorante de sí misma. Ciudades y gremios en un mundo inmensamente rural aún donde las monarquías caminan hacia la recuperación de algo que había desaparecido tras la caída del Imperio romano, el Estado (al que le falta la nación para ser el futuro que es desde hace algún siglo).

Un auge económico coincide con el desenvolvimiento de las lenguas salidas del latín y con los siglos XI al XIII.

Y a estas alturas, ¿qué es el pasado, el presente de los seres humanos? ¿Hay un hilo conductor? El trauma, el poder, el progreso, la lucha de clases han sido esos hilos pero cada vez hay más consenso en considerar que la historia es un ten con ten entre la continuidad y el cambio, e incluso, tal vez, un mero flujo inexplicable.

 

 

NUEVE. LOS ÚLTIMOS SIGLOS MEDIEVALES

 

La Peste Negra se aprovecha del bajón de tu crecimiento atascado Occidente y el descenso a los infiernos parece que se va a llevar todo por delante. Pero no. El siglo XV sucede al XIV y la sangre del comercio y el aliento de las ciudades comienzan a dominar poco a poco la Tierra mientras el Sacro Imperio no cuaja y el Papado es incapaz de ser lo que no debe pero quiere. Más de cien años de guerras en centurias de violencia durante las que los que crecen son los reyes. No literalmente, claro.

La sociedad medieval sigue jerarquizada por los privilegiados que rematan su cúspide, justo debajo del monarca, en unos tiempos nada tenebrosos si bien terribles, donde se escucha ya la hierba que nace debajo del futuro para gestar un tiempo en el que el ser humano ocupará el centro del Universo.

Insisto, esto que cuento no es un proceso necesario, el progreso no es una línea recta ascendente. ¿El progreso, qué progreso?

 

DIEZ. EL RENACIMIENTO, AHÍ ES NADA

 

El Imperio bizantino deja de existir a mediados del siglo XV ante el avance islámico, esta vez de los turcos otomanos. Parece la espoleta decisiva para la expansión europea hacia lo que no es Oriente (y hacia Oriente también, ya puestos). Europa, más a Occidente, descubre América. Un Nuevo Mundo aparece y el mundo es ya un nuevo mundo.

Descubrir, explorar, conquistar, colonizar, dominar, explotar. Explorar para explotar. Y Dios baja algunos enteros a costa de nuestro ascenso, humanos que alumbramos el Estado moderno mientras la cristiandad se parte en otros dos trozos de los que nace el protestantismo.

Tiempos de Renacimiento, de un humanismo todavía con mucho Dios, tiempos del Imperio español en el que no se pone el Sol, tiempos de sustituir la fe como motor de los siglos por la ambición.

 

 

ONCE. OTRA REVOLUCIÓN PERO MENOS (LA CIENTÍFICA)

 

¿Has oído hablar de la crisis del siglo XVII, del llamado Siglo de Hierro? Pues ahora resulta que la espantosa crisis sólo repercutió en el mundo mediterráneo. Pero de hierro fue aquella centuria llena de guerras… una de hasta Treinta Años. El triunfo del absolutismo salvo en la Inglaterra ya tan peculiar (cuya predemocracia tardará en prender en Occidente) es el definitivo del Estado moderno. Y la Paz de Westfalia del año 1648 configura el futuro diplomático del mundo (del mundo occidental) al tiempo que marca el final de la hegemonía española (dejando a España ser cada vez más España y menos Europa).

Pero, por encima del lodazal de los campos de batalla, la duda metódica anuncia por fin el triunfo de la Razón y la ciencia se revoluciona: se trae del siglo XV a Copérnico, y Descartes y Locke y Galileo mueven la palanca del mundo filosofando e investigando.

Recuerda, explico el pasado, peor el pasado, la historia, no es algo ineludible, ni mucho menos predeterminado. Simplemente, ocurrió.

 

DOCE. LA ILUSTRACIÓN NOS ILUSTRA

 

marques-ensenada-cub-510x652¿El progreso es una línea ascendente desde el Australopitecus hasta las guillotinas de Francia? ¿Y desde la Francia revolucionaria a la Camboya jemer roja de sangre? En el siglo XVIII, se creyó que sí, hubo quien creyó que el progreso era el motor de la historia: el latido de la carrera de los seres humanos sobre la faz de la Tierra. Y esa creencia duró hasta hace poco.

Cuando el Antiguo Régimen era todavía el rey de Occidente y los privilegios de los estamentos poderosos eran una rémora para el crecimiento económico, el despotismo ilustrado se inventó un lema falso: Todo para el pueblo, pero sin el pueblo, que en realidad era Poco para el pueblo, y como siempre sin el pueblo. Pero algo era algo, la crítica de la razón empezaba a ser algo puro.

A Francia, que había sucedido a España el siglo anterior, le sucede la Inglaterra que ya es Reino Unido, a quien perder las Trece Colonias le acaba viniendo de miedo. Nace Estados Unidos, justo cuando las revoluciones política y económica llaman a las puertas de esta parte del mundo.

 

 

TRECE. REVOLUCIONES LAS REVOLUCIONES

 

 

Industrial y liberal, revoluciones del siglo XIX que vienen del XVIII y van al XX y aún perviven sus resultados en el XXI… Revolución Industrial, la del desarrollo económico, derrota de la agricultura, triunfo de la industria, goleada del capitalismo (triunfo del trabajo asalariado); revoluciones atlánticas (liberales mejor que burguesas, ¿qué no?), derrota pero no tanto de la nobleza, fin eso sí (o eso parece) del Antiguo Régimen, victoria del mérito frente al privilegio, camino no buscado hacia la democracia que dará en la democracia, en la formal, en la de los parlamentos y la prensa libre y en el sufragio universal, incluso universal-universal, no sólo masculino. Siglo XIX, revolucionario y fabril.

El Reino Unido es la madre de los nuevos tiempos, imperio que preludiará el de sus hijos norteamericanos, en la centuria en la que al carbón y los telares tan tecnológicos les sucederán el petróleo, la electricidad y la metalurgia hiperdesarrollada. Es el tiempo de los nacionalismos y de la Historia, esa disciplina que comenzará por convertir en científicas las invenciones de los nacionalistas y que empezará a tener poco en cuenta a los peatones de la historia que se agruparán como mejor vayan pudiendo para salir de la miseria y acercarse a los palacios: hablo de los obreros, de esos miembros de la clase obrera que al parecer no existió. ¿O sí?

Es este el tiempo en el que Occidente se reparte el mundo, incluso el mundo que no le corresponde, el mundo que, eso sí, acabará siendo Occidente, por las buenas… o por las malas.9788499674148-1

 

 

CATORCE. EL FINAL DE LA HISTORIA NO FUE EL FINAL

 

 

El siglo XX acabó con tantas cosas que casi acaba con la Historia, con la disciplina, y con la historia, con el paso del ser humano por la Tierra. La Gran Guerra será la Primera Mundial, con la que los rescoldos fantasmales del Antiguo Régimen terminaron de pudrirse, y la Segunda Mundial incluirá el Holocausto, punto de no retorno del horror en que también acabará el maravilloso sueño de la libertad que los rusos y los prorrusos y los amigos de los rusos transformaron en el infierno soviético, en el terror bolchevique, esa ciénaga que hizo que la némesis del nazismo fuera en realidad su rostro modelado por los estertores materialistas de la Ilustración.

El fracaso de la Razón estuvo a punto de volvernos locos a los homínidos que habíamos sido capaces de viajar a la Luna y lo seríamos de comunicarnos sin vernos ni escucharnos aunque estuvieran los océanos de por medio.

Menos mal que el siglo XX fue además el siglo del fútbol y el siglo del rocanrol, el siglo de Borges y el siglo de Picasso, el siglo del Estado de Derecho y el Estado de bienestar juntos. El siglo en el que el largo recorrido de la mujer por los tiempos del hombre, del hombre masculino, del varón, parecen empezar a posarse. El siglo de lo mejor y lo peor de los descendientes de aquellos Homos arborícolas que decidieron caminar erguidos para ver lo que la vida es, lo que la vida les iba a deparar: una Guerra Fría que a punto estuvo de hacer saltar por los aires el planeta cuando a los soviéticos y su socialismo real les hizo frente el triunfo occidental del capitalismo-con-sus-crisis y la democracia formal.

La centuria número 20, la de Hitler, Hiroshima y Stalin, dio comienzo prácticamente con la Revolución Rusa que traería al socialismo comunista y, prácticamente, legó a su fin con la caída del Muro que el socialismo comunista había levantado para no saber nada de la realidad.

Europa, ¿a dónde va tu Unión Europea?

 

 

QUINCE. BIENVENIDOS AL SEGUNDO MILENIO (TODO SON PREGUNTAS)

 

 

logoLlegados a este punto, habitantes del mundo libre, ese que ya es todo él Occidente (salvo el que no sabe serlo o no quiere o no puede y alimenta asícomosinquerer enigmáticos asesinos en serie), te haré unas preguntas. Dos para empezar: ¿más Estado o más iniciativa emprendedora, más filosofía o más educar en el mercado? ¿Más UE como final absoluto de las guerras europeas o más UE como refugio de los refugiados que huyen de lo que no quiere o no sabe o no puede ser Occidente?

Las civilizaciones que han llegado hasta aquí, ¿están chocando? ¿Tan muerto está el progreso, podrá la postverdad adueñarse del planeta Tierra?

Estamos en 2017 y yo detengo aquí este caleidoscopio posado sobre el pasado al que llamamos historia, ese que he pretendido explicar y comprender usando las herramientas de mi viejo y renovado oficio al que llamamos Historia, esa disciplina que como el teatro siempre está en crisis, pero, ya se sabe… ¿Crisis, qué crisis?


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José Luis Ibáñez Salas nació en 1963 en Madrid. Se licenció en Filosofía y Letras y se especializó en Historia Moderna y Contemporánea. Editor e historiador, fue el responsable del área de Historia de la Enciclopedia multimedia Encarta, ha dirigido la colección Breve Historia para Nowtilus y ahora es promotor de nuevos proyectos en Sílex ediciones. Asimismo, dirige la revista digital Anatomía de la Historia y es editor de Santillana Educación y socio fundador de Punto de Vista Editores. Su último libro en Sílex ediciones es El franquismo.

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