La leyenda y la verdad de Fitzcarraldo

Por . 5 abril, 2017 en Siglos XIX y XX
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fitzcarrald1Isaías Fermín Fitzcarraldo –luego conocido como Carlos Fermín– nació en 1862. Fue el mayor de los siete hijos del marino norteamericano William Fitzcarraldo, que se había establecido en Ancash y casado con una peruana. Su juventud fue borrascosa. Vivió la ocupación chilena de Lima y se dice que en una discusión de jugadores, después de terminar sus estudios, fue herido gravemente. Lo cierto es que se internó en la selva desde muy joven. Según Zacarías Valdés, secretario personal de Fitzcarraldo, empezó a trabajar en la selva en la cuenca del río Pachitea, que estaba virgen. Su primera remesa de caucho la vendió en 1887. En 1888 se casó en Iquitos con Aurora Velazco, hija de un acaudalado cauchero brasileño, Manuel Cardozo da Rosa, con quien se había asociado comercialmente. A partir de ese año comenzó con sus famosas y tristemente célebres “correrías”. Con una coalición de mestizos e indios campa (también llamados asháninka) desató una verdadera guerra a muerte contra los hostiles mashcos asentados en la zona de los ríos Madre de Dios y Manu.

A los 26 años ya se le conocía como “el más rico cauchero del Ucayali”. Fue un hombre tenaz, con voluntad de hierro, y un activo organizador. Movilizó desde Moyobamba y el norte de Perú a más de 300 indígenas de tribus distintas para ponerlos a trabajar con los campas del alto Ucayali-Urubamba formando un ejército de miles de hombres que le obedecieron gracias a los winchesteres. Para muchos, fue un depredador de la selva, un vulgar aventurero, un simple peón del colonialismo que en su afán de lucro destruyó y masacró a los nativos y desalojó a los indígenas de sus territorios ancestrales. Se dice que en una playa del río Carene fusiló a 60 indios que se habían negado a trabajar para él.

Los enfrentamientos fueron atroces. El cauchero incendió pueblos enteros, arrasando sus poblaciones. En 1892, acompañado de 800 hombres, atacó el pueblo de Sutilije y lo masacró. Tantos eran los cadáveres flotando sobre las aguas de los ríos que éstos bajaban tintos de sangre. En el departamento de Madre de Dios hay un pueblo que lleva el nombre de mashco rupuna (‘indios mashco quemados’) en recuerdo de aquella atrocidad.

En los años 1894 y 1896 realizó tres viajes a la cuenca del Madre de Dios partiendo de Iquitos. El primer viaje lo hizo con 300 hombres remontando el Ucayali, el Urubamba y luego el Camisea hasta sus cabeceras. Gracias a informaciones de los nativos, descubrió la existencia de otro río que corría paralelo al Camisea pero en sentido contrario. Decidió entonces cruzar la cuenca, para lo que tuvo que abrir trocha por aquella lengua de tierra y conducir herramientas y canoas al hombro hasta llegar al otro cauce. Descendió por los ríos Manu y Madre de Dios y arribó al pueblo boliviano de El Carmen. Esa hazaña, según  historiadores como Jorge Basadre, fue en Perú el descubrimiento geográfico más importante del siglo XIX.

Al llegar a esa zona se llevó la sorpresa de que ya estaba ocupada por los hombres de Nicolás Suárez. Fitzcarraldo se encontró con el boliviano en la ribera alta. Nicolas Suárez era otro magnate cauchero como él que se había hecho de la nada. Suárez y Fitzcarraldo, que se admiraban mutuamente, decidieron hacerse socios, repartirse el territorio y sacar todo el caucho por el paso del peruano. Fitzcarraldo nunca tuvo noción de lo que significaba la nacionalidad. Él era un empresario, un comerciante. No le interesaba si estaba en Bolivia, Brasil o Perú.

Tras regresar a Iquitos emprendió ese mismo año de 1894 su segunda expedición, llegando al mismo punto no por el río Camisea, sino por el Mishagua (ambos afluentes del Urubamba) para cruzar el istmo por el varadero de Serjalí y Cashpajalí. El tercer viaje es el más espectacular. En 1895, cruzó el istmo, que después llevaría su nombre, con la lancha Contamana. La desarmó parcialmente y la arrastró a lo largo de 9 kilómetros con la fuerza de 300 indios campa. La Contamana navegó por todo el río Madre de Dios y llegó con su propio motor a El Carmen.

En 1897, tras un encuentro con Vaca Díaz, otro cauchero socio suyo, murió ahogado en el río Mishagua al arrojarse para salvar a su socio que había caído al cauce. Muchos indígenas celebraron esas muertes.

 

Este texto es un extracto del libro del autor La serpiente líquida. Chamanes, mitos y ritos de un viaje amazónico, en proceso de reedición en Punto de Vista Editores.


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