El genocidio armenio

Por . 6 septiembre, 2017 en Siglos XIX y XX
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La versión turca oficial por lo general ha situado la deportación de los armenios otomanos como una necesidad militar o una contingencia de guerra durante el conflicto de la Primera Guerra Mundial. No fue ese el caso.

En el transcurso de la guerra, tras una serie de derrotas militares, los gobernantes otomanos llegaron a creer que la cuestión de las reformas armenias se había convertido en una amenaza letal para la seguridad nacional y la integridad territorial del Imperio. Las decisiones de política relativas a los armenios se pueden ver así emanadas del contexto dual de la limpieza étnica general en Anatolia y las derrotas militares que transformaron la cuestión de las reformas armenias en un problema existencial de seguridad nacional para el Estado otomano.

 

Vayamos por partes. Los antecedentes

Inmediatamente después de la firma del Tratado de Berlín (1878), el sultán otomano Abdul Hamid II afirmó que los armenios no constituían una mayoría en las provincias en disputa territorial y que sus informes en relación a abusos por parte de las autoridades eran en gran medida exagerados o falsos. El 1 de octubre de 1895, unos dos mil armenios se reunieron en Constantinopla para solicitar la implementación de reformas, pero las unidades de la policía otomana convergieron en el mitin y lo disolvieron de forma violenta.

Pronto estallaron masacres de armenios en Constantinopla y, luego, en el resto de las provincias de Bitlis, Diyarbekir, Erzurum, Harput, Sivas, Trabzon y Van. En total, entre 100.000 y 300.000 armenios fueron asesinados.

Otro preludio del genocidio de 1915 fue el golpe de Estado organizado por oficiales del movimiento Jóvenes Turcos: Abdul Hamid II fue destituido del poder y Turquía se convirtió en una monarquía constitucional. El contragolpe que tuvo lugar a principios de 1909 se dirigió al gobierno de los Jóvenes Turcos, pero también derivó en pogromos contra los armenios, los cuales fueron percibidos como uno de los apoyos a la restauración de la constitución. El número de armenios muertos osciló entre 15.000 y 30.000.

Además, en 1913 el partido político Comité de Unión y Progreso fundó la Organización Especial, la cual participó en la destrucción de la comunidad armenia otomana. Pronto el Gobierno otomano influyó en la dirección que debía tomar la organización al fomentar la inclusión en sus filas de delincuentes recién liberados.

Alentados por el éxito de los estados balcánicos ante el dominio otomano (1912-1913), los armenios comenzaron a buscar ayuda extranjera para la solución de sus propios problemas. Esta búsqueda coincidió con las grandes potencias que negociaban cómo compartir los territorios que quedaban en manos del poder turco. El resultado final fue una serie de acuerdos bilaterales entre Francia, Alemania, Gran Bretaña e Italia, que dividieron a Anatolia en zonas de influencia económica. Era ineludible que la búsqueda armenia de ayuda extranjera daría lugar a una competencia entre las grandes potencias.

 

La amenaza armenia

Las partes llegaron a un acuerdo el 8 de febrero de 1914 que los otomanos se vieron obligados a firmar a pesar de su fuerte oposición. Según el acuerdo, las provincias orientales se iban a combinar en dos grandes provincias, y un inspector extranjero tendría autoridad sobre cada una de ella. Los armenios, beneficiados por estas reformas, fueron vistos en consecuencia como una amenaza seria y permanente a la propia existencia del Imperio.

En ese año 1914 es cuando empezamos a ser testigos de escaramuzas entre tropas otomanas y armenios que habían pasado al lado ruso para formar parte de unidades paramilitares. Algo parecido ocurría con varias tribus kurdas que también colaboraban con Rusia. La tarea de controlar a esos grupos recaló en la Organización Especial. Una de las medidas fue, por ejemplo, tomar represalias contra los familiares de armenios que utilizaban el territorio ruso para llevar a cabo acciones paramilitares. La misma suerte sufrieron los aldeanos que acogían a tales grupos. El castigo solía ser la deportación y la destrucción de sus aldeas.

Los batallones laborales de los soldados armenios empezaron a organizarse. Es necesario agregar que este procedimiento se aplicaba a todos los soldados cristianos, pero sólo incluía una parte de ellos como se necesitaba para la construcción de carreteras. La decisión pertinente se tomó cuando se declaró la movilización militar. Mientras tanto, los soldados armenios y otros soldados cristianos continuaron sirviendo en unidades de combate.

En enero de 1915 el ejército otomano sufrió su primera gran derrota a manos del Imperio ruso. En total, más de sesenta mil soldados fueron baja, la mayoría de ellos congelados en las nieves de las montañas del Cáucaso. Muchos soldados abandonaron el ejército y, para sobrevivir, se volvieron bandoleros. Desde Constantinopla se culpó de la derrota a los armenios de la región que habían tomado partido por los rusos. Otro contratiempo, aunque tal vez no de la misma magnitud, se experimentó en Egipto, cuando el Cuarto Ejército fue derrotado por los ingleses en febrero de 1915.

En ese mismo mes de febrero el Estado Mayor otomano dio a conocer la directiva del ministro de Guerra que pedía la remoción de todos los armenios que servían en las fuerzas otomanas. Todos los soldados armenios fueron obligados a devolver sus armas y se decretó que, sin excepción, los reclutas armenios ya no fueran empleados en ningún servicio armado. Así, fueron asignados a los batallones de trabajo desarmados. La transferencia de conscriptos armenios del combate activo a secciones logísticas pasivas y desarmadas fue un importante precursor del posterior genocidio.

El temor de una invasión inglesa y el fracaso en el frente ruso hicieron temer que el Imperio estaba a punto de desaparecer. Además, fue en aumento la culpa hacia las milicias armenias por considerarlas una quinta columna rusa dentro del territorio otomano. Así, durante febrero y marzo, los dirigentes unionistas comenzaron a difundir un relato exagerado y siniestro sobre el propósito de las actividades armenias en la guerra. La reivindicación de las revueltas armadas, por ejemplo, se convirtió en un chivo expiatorio a través del cual los dirigentes unionistas intentaron enmascarar, o al menos excusar, sus derrotas en el campo de batalla. Esta nueva propaganda anti-armenia sirvió como una de las razones principales para la eventual deportación masiva y aniquilación de la población armenia del imperio.

 

La gran masacre genocida sufrida por los armenios

Durante los siguientes meses, se informó de forma continuada al Gobierno de que los armenios estaban en abierta rebelión y que tal situación planteaba una seria amenaza para el Ejército. En realidad, las acusaciones de una revuelta armenia no tenían base y eran producto de fabricaciones, tal y como pondría de manifiesto en noviembre de 1918 la comisión para la investigación de crímenes que se formó para investigar la masacre de armenios (que acababa de tener lugar durante la Gran Guerra). Por lo visto, los incidentes que se tomaron para demostrar una rebelión armenia organizada no eran más que el trabajo de bandas de bandidos armados formadas por desertores militares musulmanes y no musulmanes.

marcha-armenios-575x323Es muy probable que la decisión de eliminar a la población armenia se tomase a finales de marzo. Como resultado de estas discusiones, se acordó que, si bien la Organización Especial se ocupaba de asuntos relacionados con los enemigos extranjeros, Behaddin Shakir, del partido Comité para la Unión y el Progreso (CUP), se ocuparía de los enemigos internos del país. En otras palabras, a Shakir se le encomendó la tarea de destruir la población armenia del Imperio.

De forma casi inmediata, unos 250 intelectuales armenios y líderes comunitarios residentes en la capital otomana fueron trasladados a dos centros de detención cerca de Ankara. Y en mayo de 1915 se amplió la geografía de las deportaciones armenias, todo bajo la legalidad gubernamental y, en especial, de Talat Pashá y el gran visir Said Halim Pashá.

Parece ser que el mecanismo de deportación fue el siguiente. Las órdenes de se transmitían por canales oficiales del Ministerio del Interior a los gobernadores provinciales, quienes luego los distribuían a las unidades de seguridad de la región. Durante ese movimiento se produjeron masacres en los convoyes, una operación supervisada por Shakir con órdenes de asesinato codificadas transmitidas a las provincias principalmente por los secretarios responsables del partido.

La deportación de la población armenia significó su aniquilación. Además, el abuso sexual generalizado fue parte integral del genocidio. Por ejemplo, se exhibió desnudos a deportados en Damasco, los cuales acabaron por ser vendidos como esclavos sexuales en algunas áreas, incluyendo Mosul a tenor del informe del cónsul alemán destinado allí. Este método supuso, de hecho, una importante fuente de ingresos para los soldados que los acompañaban.

Para los supervivientes de las largas marchas hasta su destino final se dispuso una red de 25 campos de concentración. La localización de esta red corresponde con la zona de la actual frontera entre Turquía, Irak y Siria. Aunque lo cierto es que algunos de los campamentos eran solo puntos de tránsito temporales. Otros, como los de Radjo, Katma y Azaz, fueron utilizados para fosas comunes y luego desocupados en otoño de 1915.

Las autoridades otomanas se negaron a proporcionar alimentos y agua a las víctimas, con el consiguiente aumento de la tasa de mortalidad. Esto confirma los informes de oficiales alemanes que había sobre el terreno de su aliado durante la Gran Guerra. En ellos se encuentran se encuentran numerosos pasajes en los que se dice que el plan no era tanto deportar a población armenia como su aniquilación. En total, el número de víctimas que se baraja como resultado del proceso oscila entre las 800.000 y el millón y medio.

Al maltrato físico, exterminador si se quiere, se unió la expropiación y confiscación de bienes. El 13 de septiembre de 1915, por la Ley Temporal de Expropiación y Confiscación, el Gobierno otomano tomó posesión de todas las propiedades armenias abandonadas. Eso incluía la tierra, el ganado y las casas.

 

De otro lado, se organizó una especie de ayuda internacional a las víctimas bajo la forma del Comité Americano para el Alivio Armenio y Sirio, establecido en 1915 justo después de que las deportaciones comenzaron. Fue una organización caritativa establecida para aliviar el sufrimiento de estos pueblos, liderada por el embajador estadounidense en el Imperio otomano Henry Morgenthau. Los despachos de Morgenthau sobre la matanza masiva de armenios ayudaron a galvanizar mucho del apoyo para la organización. En su primer año, el comité cuidó de 132.000 huérfanos armenios de Tiflis, Ereván, Constantinopla, Sivas, Beirut, Damasco y Jerusalén. Alrededor de 102 millones de dólares se utilizaron para auxiliar a los armenios durante y después de la guerra. En total, hasta 1930 el socorro humanitario se acercó a lugares de una amplia geografía, lo que se tradujo en una ayuda a alrededor de dos millones de refugiados.

 

Bibliografía

Akçam, Taner. A Shameful Act: The Armenian Genocide and the Question of Turkish Responsibility. Traducido por Paul Bessemer, Metropolitan Books, 2006.

—. The Young Turks’ Crime against Humanity: The Armenian Genocide and Ethnic Cleansing in the Ottoman Empire. Princeton UP, 2012.

 

Suny, Ronald Grigor, Fatma Müge Goçek, y Norman M. Naimark, ed. A Question of Genocide: Armenians and Turks at the End of the Ottoman Empire. Oxford UP, 2011.


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