América se aleja de España

Por . 27 diciembre, 2017 en Reseñas , Siglos XIX y XX
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queeresespanajlisEn las primeras décadas del siglo XIX tuvo lugar la emancipación de la inmensa mayoría de tus colonias americanas debido al descontento de buena parte de los americanos con la actitud colonial de los españoles, con la corrupción administrativa, con la desigualdad entre los criollos y los enviados por la metrópoli, con los monopolios que impedían el desarrollo de la economía de aquellos territorios… Todo ello se produjo al mismo tiempo que cuajaban las ideas europeas más liberales, fundamentadas a partir de la Ilustración dieciochesca, y llegaban los ecos de los éxitos de la independencia estadounidense desde 1776 y de la Revolución Francesa a partir del año 1789, modelos ambas para la emancipación de las colonias; a la vez que se daba ese vertiginoso acaecer del reinado de Carlos IV allá por 1808 con su vacío de poder y todo.

El caso es que cuando en 1814 Fernando VII recuperó el trono, la lucha independentista americana era ya inevitable y la reacción española convirtió el proceso en una auténtica guerra abierta que comenzó a inclinarse definitivamente del lado insurgente cuando en 1820 el triunfo del pronunciamiento liberal que supuso el aldabonazo al Trienio Liberal impidió el embarque de un gran contingente de tropas con destino a combatir a los independentistas americanos y por tanto permitió que estos últimos se acercaran a la victoria final.

Tus gobernantes, España, tardaron tantos años en reconocer la independencia a las nuevas repúblicas americanas surgidas en los territorios otrora hispanos y establecer relaciones oficiales firmes con ellas que ese abandono no sólo comercial de aquel mundo otrora tan importante, aunque deficientemente gestionado, acabó por suponer que fuera sustituida sobre todo por los emergentes Estados Unidos como potencia de primera influencia. Tan tarde como diciembre de 1836 fue cuando tu Gobierno comenzó a firmar tratados de paz y de amistad con las antiguas colonias, una serie de pactos que se extendieron desde el primero, firmado en aquel año con México, hasta el último, acordado ya en 1894 con Honduras; acuerdos que dejaron de incluir los tardíos reconocimientos de las diferentes independencias a partir del sellado con Perú en el tan lejano año 1879.

 

Este texto pertenece a la obra del autor ¿Qué eres, España?, recién publicada por Sílex ediciones.


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José Luis Ibáñez Salas nació en 1963 en Madrid. Se licenció en Filosofía y Letras y se especializó en Historia Moderna y Contemporánea. Editor e historiador, fue el responsable del área de Historia de la Enciclopedia multimedia Encarta, ha dirigido la colección Breve Historia para Nowtilus y ahora es promotor de nuevos proyectos en Sílex ediciones. Asimismo, dirige la revista digital Anatomía de la Historia y es editor de Santillana Educación y socio fundador de Punto de Vista Editores. Su último libro en Sílex ediciones es El franquismo.

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  1. gravatar JOSE LUIS IBANEZ SALAS Responder
    enero 16th, 2018

    Gracias. No es una reseña, es un extracto. espero que el libro te guste, en su caso. Un abrazo.

  2. gravatar Juan Madueño Criado Responder
    enero 16th, 2018

    Me ha gustado la reseña, seguro que el libro es interesante.

    Nunca está de más acercarse a los sucesos aquí descritos, desde prismas distintos, sin heroizar a ninguna de las partes contendientes, aunque si señalando los éxitos de unos, y las equivocaciones y fracasos de otros, que dan forma al hecho histórico en si: la Independencia de Iberoamérica, o del “Reino de las Indias” (nombre oficial del territorio en España).

  3. gravatar Jaime Responder
    diciembre 27th, 2017

    No puede olvidarse el excelente trabajo de la masoneria inglesa sobre el territorio español, incluida la misma España. Pasar por alto todo ello es absurdo. Todos los “libertadores” americanos eran masones iniciados por inglaterra y siguieron los planes de ésta.

    • gravatar JOSÉ LUIS IBÁÑEZ SALAS Responder
      diciembre 27th, 2017

      Hola, todo eso es muy discutible. Eso tan tajante que afirmas. En cualquier caso, la palabra ABSURDO hace que no merezca la pena contestarte. No sé por qué lo hago.