Las conspiraciones del 36. Militares y civiles contra el Frente Popular

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portada_las-conspiraciones-del-36_roberto-munoz-bolanos_201903261804“Quizá el interés por la Guerra Civil española se base en la nostalgia por parte de los que la vivieron, desde la derecha y la izquierda, y en el romanticismo político por parte de los jóvenes. Después de todo, hay motivos suficientes para presentarla como ‘la última gran causa’. No fue casual que la contienda inspirara a los más grandes escritores de la época de un modo que no se ha repetido en ningún conflicto posterior. Sin embargo, dejando de lado la nostalgia y el romanticismo, es imposible exagerar la verdadera importancia histórica de la guerra; más allá de su impacto en la propia España se convirtió, en gran medida, en el centro de gravedad de los años treinta”.

La opinión de Preston (La Guerra Civil española) sobre la trascendencia del conflicto español para sus contemporáneos fue compartida por un historiador ideológicamente tan alejado de él como Nolte (Después del comunismo. Aportaciones a la interpretación de la historia del siglo XX). Pero, esa importancia ha superado a las personas que lo vivieron, como se refleja en los más de 30.000 libros escritos sobre el tema. De hecho, no sólo constituyó el acontecimiento central de la historia de España del siglo XX, cuyas consecuencias se extiende hasta nuestros días, sino porque tuvo una notable influencia mundial, como reconocieron Preston y Nolte, no sólo en los años treinta, sino también en las décadas posteriores.

Así, los vencedores de la contienda, que desde el primer momento la presentaron como el triunfo de la España “eterna” sobre el comunismo internacional, o más ampliamente, sobre una supuesta conspiración judeo-masónica-bolchevique, aprovecharon esa posición ideológica para presentar al franquismo como un régimen cercano a los postulados del Bloque Occidental durante la Guerra Fría (Preston, La Guerra Civil española), siendo aceptado dentro del mismo por la administración norteamericana del presidente republicano David D. Eisenhower, lo que permitió superar el aislamiento al que había sido sometido el régimen por sus relaciones con los estados fascistas derrotados en la II Guerra Mundial. Por el contrario, los perdedores intentaron presentarse como los defensores de la democracia contra el fascismo, intentando recabar así la ayuda de los aliados para derrocar al general Francisco Franco Bahamonde. Algo que no consiguieron. Sin embargo, en la actualidad, como señala Thomàs (La República del Frente Popularreformas, conflictos y conspiraciones), esas dialécticas simplistas aparecen superada. Pues, cuando se inició el conflicto había tan pocos judíos, comunistas y demócratas liberales en un bando como fascistas –y también demócratas– en el otro.

Pero, más allá de estas interpretaciones, la mayoría de los libros sobre el conflicto se han ocupado de estudiar las causas que lo provocaron, la sublevación que se desencadenó entre el 17 y el 20 de julio o el propio desarrollo de la guerra entre 1936 y 1939. Por el contrario, el estudio de las diferentes conspiraciones que tuvieron lugar en el periodo republicano, incluida la que desembocó en la rebelión que comenzó en el mes de julio de 1936 ha tenido menos interés. Es cierto que entre 1939 y 1943, el periodista franquista Joaquín Arrarás publicó su monumental Historia de la cruzada española, con ilustraciones de Carlos Sáenz de Tejada. Pero, esta obra que todavía sigue utilizándose –a veces sin citarse– adolecía de un planteamiento erróneo: su autor quiso presentar la rebelión que estalló en julio de 1936 como un alzamiento nacional. Para hacerlo no dudó en aceptar los testimonios de personas que no jugaron ningún papel en la conjura, y atribuyó responsabilidades en la misma a otras que murieron durante el conflicto. El resultado fue que en numerosas provincias se explicaba la existencia de complejas tramas conspirativas con anterioridad al 17 de julio que realmente nunca existieron. Veintiséis años después de que Arrarás terminase su obra, salió a la venta Historia de la Guerra Civil española: perspectivas y antecedentes, escrita por el historiador Ricardo de la Cierva. En este libro, se estudiaba la conspiración del general de brigada de Infantería Emilio Mola Vidal, “El Director”, tanto desde el punto de vista político como desde el castrense. El resultado de ese trabajo fue la definición del concepto de frente cívico-militar para definir los dos componentes que había tenido la sublevación de julio de 1936. Sin embargo, no abordó su análisis de forma sistemática, ni enlazó las operaciones golpistas que la precedieron con la de “El Director”, ni investigó su desarrollo en la totalidad de las provincias españolas.

En el siglo XXI han aparecido también un conjunto de obras que han abordado en tema de la conspiración de Mola. Pero, ya fuese porque su tamaño era reducido –Puell (Los mitos del 18 de julio) y Cardona (La República del Frente Popular)–, o porque no fuese el tema central –Alía Miranda (Julio de 1936: conspiración y alzamiento contra la Segunda República), Aróstegui (Por qué el 18 de julio… y después), Martínez Bande (Los años críticos: República, conspiración, revolución y alzamiento), Moradiellos (Historia mínima de la Guerra Civil española) o Platón (Así comenzó la Guerra Civil: del 17 al 20 de julio de 1936: un golpe frustrado)–, ninguna de ellas ha analizado en profundidad las diferentes operaciones golpistas que se sucedieron entre 1931 y 1936, y más concretamente la de Mola.

Mi libro, Las conspiraciones del 36. Militares y civiles contra el Frente Popular, pretende llenar ese vacío, y para hacerlo no sólo se abordan en él las diferentes conspiraciones que tuvieron lugar en el periodo republicano, centrándose en la que derivó en la sublevación de julio de 1936, sino que planteamos la hipótesis de que existe un enlace entre todas ellas, que, a su vez, se desarrollaron en dos fases claramente diferenciadas.

La primera fase se extendió entre 1931 y 1934, y estuvo dominada por las conspiraciones monárquicas dirigidas por los alfonsinos o seguidores de Alfonso XIII –aunque también se puso en marcha un proyecto carlista autónomo–. No obstante, también hubo otra cuyo planteamiento político sería el antecedente más cercano a la de julio de 1936: el golpe de Estado del 10 de agosto de 1932 o “Sanjurjada” –dirigido por los tenientes generales Emilio Barrera Luyando y José Sanjurjo Sacanell–, definido por el intento de colaboración entre republicanos moderados y monárquicos. La característica fundamental de este conjunto de tramas fue que su componente militar aparecía subordinado a un proyecto político, elaborado por civiles y articulado en torno a una ideología específica. Fue ese planteamiento reduccionista el que conllevó su fracaso. Esta fase termina con la Revolución de Octubre de 1934, que supuso no sólo un trauma para todos los sectores conservadores, sino también el basculamiento del liderazgo golpista de los civiles a los militares, que pasarían a dirigir las operaciones golpistas no tanto contra la República como régimen, sino contra un nuevo proceso revolucionario que consideraban latente.

No obstante, esta lucha tuvo un momento de impasse en la segunda mitad de 1935, coincidiendo con el periodo del líder de la derechista Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) José María Gil-Robles al frente del Ministerio de la Guerra. Pues, durante esos meses, todas las fuerzas contrarrevolucionarias –salvo Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FE de las JONS)– esperaron que este político pudiera estabilizar y derechizar la República desde la legalidad.

El fracaso de Gil-Robles abrió la segunda fase que se desarrollaría entre enero y julio de 1936, y donde se distinguieron tres etapas.

La primera, que abarcó los meses de enero y febrero, estuvo definida por dos dinámicas paralelas. Por un lado, el intento de las fuerzas políticas de la derecha de unirse en una coalición capaz de rivalizar con el izquierdista Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936. Por otro, la puesta en marcha de una operación golpista dirigida por el general de división Manuel Goded Llopis, de carácter estrictamente militar. Ambas dinámicas fracasaron, ya que el Frente popular obtuvo la mayoría absoluta en las elecciones de febrero de 1936 y el golpe de Goded nunca se pudo poner en marcha.

La segunda etapa, que se desarrollaría entre marzo y mayo, se definió por tres dinámicas.

La primera, fue el deterioro de la convivencia y el convencimiento paulatino por parte de los líderes de la derecha –pero también de la mayoría de sus militantes y votantes– de que el Gobierno del Frente Popular no sólo era incapaz de asegurar sus intereses socioeconómicos, sino también sus derechos como ciudadanos.

La segunda, la puesta en marcha de una nueva operación golpista, estrictamente militar, bajo la dirección de la Junta de Generales.

La tercera, la organización de la última conspiración dirigida por una organización política, la Comunión Tradicionalista, de ideología carlista. Estas dos tramas también fracasaron porque la primera fue desbaratada por el ejecutivo y la segunda nunca pudo ponerse en marcha.

La tercera etapa se prolongaría entre finales de mayo y julio. Fue en este periodo de tiempo cuando se gestó la trama conspirativa de Mola, cuya característica fundamental fue la articulación de un frente cívico-militar en torno a un programa político, y no sobre una ideología concreta. Esta característica, que no existió en ninguna de las operaciones anteriores, junto al deterioro de la situación de España en estos meses, le permitió sumar los apoyos necesarios para desencadenar la rebelión que comenzó el 17 de julio de 1936.

 

Para desarrollar esta hipótesis, hemos manejado un amplio conjunto de fuentes primarias –muchas de ellas inéditas– y secundarias que aparecen recogidas en la bibliografía final. De estas fuentes destacan los fondos de la Causa General, cuyo origen estuvo en el Decreto de 26 de abril de 1940, que concedió amplias facultades al Fiscal del Tribunal Supremo para que procediese a instruirla, con el objeto de averiguar los hechos delictivos cometidos en todo el territorio nacional durante la “dominación roja”, y cuya documentación más importante está en la Pieza n.º 2, titulada “Del Alzamiento Nacional, Antecedentes, Ejército Rojo y Liberación”, donde se recoge numerosa información sobre lo ocurrido en las provincias donde fracasó la sublevación, con anterioridad al 17 de julio de 1936. Esta fuente la utilizó por primera vez Ricardo de la Cierva, y Alía Miranda hizo un uso intensivo de la misma para su obra. Igualmente, también debe reseñarse la documentación que se conserva en la Universidad de Navarra, en el fondo del líder carlista Manuel Fal Conde, clave para conocer el papel de este partido en las conspiraciones contra la II República, y la que guarda la Fundación Universitaria Española correspondiente al político monárquico Pedro Sainz Rodríguez. También hemos dado gran importancia a la obra de José María Iribarren –secretario de “El Director” durante la contienda– titulada Con el general Mola: escenas y aspectos inéditos de la Guerra civil. Constituye la fuente más importante para conocer el pensamiento y el papel de Mola en la sublevación y durante el conflicto, ya que se publicó en mayo de 1937, por tanto antes de la muerte del general y fue revisada por éste personalmente. La importancia de este libro aumenta más si cabe por el hecho de que el diario que llevaba “El Director” sobre la conspiración y sus detalladísimas memorias, de las que ya había escrito 500 folios, fueron requisadas por la policía el mismo día de su muerte el 3 de junio de 1937; encontrándose en la actualidad desaparecidas.

 

Sobre estas fuentes, hemos construido nuestra obra que aparece dividida en tres partes.

En la primera, se explican las diferentes tramas conspirativas contra la II República que existieron desde 1931 hasta 1934, más el año 1935 caracterizado por la presencia de la CEDA en el Gobierno. Igualmente, se abordan las condiciones de partida de la II República y los acontecimientos y procesos históricos que favorecieron, en este periodo, el desarrollo de las tramas golpistas contra el régimen.

En la segunda, se analizan las dos primeras etapas de la segunda fase, haciendo especial hincapié en cuatros procesos. El primero, la trama puesta en marcha por Goded. El segundo, la evolución de España en este periodo, explicando el surgimiento de un conjunto de dinámicas que comenzaron a deteriorar la convivencia. El tercero, el golpe de Estado de la Junta de Generales, analizando sus características e influencia en la conspiración de Mola. Y el cuarto, el proyecto golpista de la Comunión Tradicionalista.

La tercera se centra en la conspiración de Mola, abordando cuatro aspectos.

El primero y fundamental, se refiere al proceso por el cual este general se convirtió en “El Director” de la gran conspiración contra el Frente Popular.

El segundo se dedica al análisis de la evolución de España entre finales de mayo y el 16 de julio, describiendo las dinámicas que habían aparecido en los meses anteriores, y que en este periodo se aceleraron; culminando con el asesinato del líder monárquico José Calvo Sotelo y su influencia en el proceso conspirativo.

El tercero aborda, por un lado, el programa político elaborado por los generales Mola, Miguel Cabanellas Ferrer y Gonzalo Queipo de Llano, y avalado por Goded y Sanjurjo, que eran los cinco militares que constituían la plana mayor de la conspiración. Por otro, se analiza el papel jugado por las organizaciones del centro y la derecha en la conspiración puesta en marcha por esos generales.

El cuarto se centra en la trama militar de la conspiración de Mola, explicada en dos planos.

El primero se refiere al componente humano y a las fases sobre las que se articuló el plan de la misma.

El segundo, al análisis de la conspiración en todas las provincias de España; estudiadas en función de las demarcaciones territoriales militares en las que se dividía España en 1936.

 

 

Roberto Muñoz Bolaños: Las conspiraciones del 36

Militares y civiles contra el Frente Popular. Espasa, 2019

 


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Nací en Madrid en 1970. A los 18 años ingresé en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid porque mi madre quería un hijo médico. Aguanté un año… Mi siguiente destino fue la Facultad de Filosofía y Letras, sección Geografía e Historia, de la Universidad Autónoma de Madrid, donde permanecí los cinco años reglamentarios, obteniendo una licenciatura en Historia Moderna y Contemporánea, acompañada del Premio Extraordinario. A la vez que cursaba Historia, inicié la licenciatura en Derecho. En la actualidad, me dedico a escribir compulsivamente artículos y libros, ya que he hecho una apuesta conmigo mismo: alcanzar las 100 publicaciones antes de cumplir los 50; pues, como decía el gran Aristóteles: En realidad vivir como hombre significa elegir un blanco -honor, gloria, riqueza, cultura- y apuntar hacia él con toda la conducta, pues no ordenar la vida a un fin es señal de gran necedad.

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