Ángel Luis Vera Aranda

22 may, 2011

Estoy orgulloso de la ciudad en la que nací. Séneca o Averroes, entre otros muchos, vieron allí su primera luz. No puedo decir lo mismo del año. Por esos mismos días, unos sesudos ministros pergeñaban un complicado plan para “estabilizar” al país, aunque tampoco debió ser un mal año en especial. Luego, di algunos tumbos y acabé en una ciudad vecina, Sevilla. Allí formé mi vocación como historiador, mi especialización como geógrafo y mi profesión como profesor. De aquella cátedra remota llevan ya más de un cuarto de siglo aguantándome mis alumnos.

De por medio hubo una tesis doctoral, unos cuantos libros de texto, algunos artículos científicos y pedagógicos, varias conferencias, cursos, seminarios y todos esos méritos tan “importantes” para un docente, pero sobre todo y por encima de todo, una sola obsesión, contar la Historia a los demás de la forma más amena y divulgativa. Algunas editoriales y algunos editores me ayudaron a ello, y todavía sigo con ese empeño. La demografía, el urbanismo, el mundo antiguo, la comunicación y sus medios, el mundo subterráneo, el pensamiento científico…

Temas diversos y curiosos propios de alguien con un espíritu abierto a todo lo que sea el saber y el conocimiento y que, por ese mismo motivo, ha renunciado a especializarse o encasillarse en ninguna temática específica o singular.

De 2014 es mi más reciente obra de divulgación, Al-Andalus, publicada en Punto de Vista Editores.