David Menaza

15 feb, 2012

 

En esa perniciosa separación tan española entre los devotos de las ciencias y los de las letras, yo me supe incluido en el segundo aprisco desde la guardería, no sólo por la violenta antipatía que en mí despertaban las matemáticas sino porque, caso raro entre mis coetáneos, a mí me gustaba leer.

En realidad, me apasionaba la literatura. Por eso mi primer amor fue la filología. Por razones administrativas que no viene al caso detallar, después de cursar cinco años de carrera, me impidió licenciarme una de las divertidas reformas educativas que han afligido a nuestra Universidad a lo largo de los últimos treinta o cuarenta años. Me vi en la tesitura de empezar otra vez la misma carrera, con los mismos profesores y las mismas asignaturas, barajadas de diferente forma, o escurrir el bulto y acogerme en sagrado en el último reducto del Plan del 72, la UNED.

Una vez admitido, me decanté por la Historia, encontrando tan fascinantes los universos remotos del pasado como los que imaginaron las mejores mentes que blandieron pluma, tanto o más verdaderos, tanto o más mentirosos.

A mis treinta y tantos, ganándome más mal que bien la vida desde los diecinueve, sin perspectivas de mejorar mi suerte por abanicarme con un título devaluado, preferí que me llamaran porfiado a desanimado, regresé a mi alma mater, la Complutense, me saqué un doctorado en Ciencias de las Religiones y ya embalado comencé una tesis sobre una cruzada acaecida hace ochocientos años. No sé si lograré terminarla o me volverá a coger el toro de una nueva reforma, pero a mí que he visto ondear los pendones cabe la ribera del Garona, que he ascendido murallas y he oído silbar las flechas, que he contemplado hogueras que consumían hombres y oraciones, que he arrastrado máquinas de asedio y he tiritado con la nieve y el tifus, ¿me han de asustar los chupatintas del Plan Bolonia?

 

-       Sí, hermano Silencio, si hubieras visto lo que este caballero y yo hemos visto, ¿eh? ¿Digo bien, Sir John?

-       Hemos oído las campanadas a medianoche, Master Shallow.

 

Pues eso.

Mis queridos maestros