Miguel Gil García

5 jun, 2011

Nací el milenio pasado, en 1966, de hecho todo lo interesante de mi vida lo hice el siglo anterior, aunque realmente con mi mente me quedé en el IV a.C. Qué pocas cosas de verdadera importancia han pasado desde entonces. Estudié Historia, porque ya que me refugiaba en el pasado me parecía lo más honesto conmigo mismo. Con diez años disfrutaba casi hasta el orgasmo con las aventuras de Eneas y la casquivana y desgraciada reina Dido, que con tanto criterio periodístico relató Virgilio en la Eneida. Leía a escondidas la Ilíada porque eso no era muy normal para un niño sano de mi edad. Con lo que conseguí un doble objetivo, gozar de los hexámetros dactílicos del divino Homero y convertirme en un marginado social.

No era importante, a los doce años descubrí a Alejandro III de Macedonia, más conocido como el Magno, y ese fue el principio de todo. Me enamoré del personaje y la persona y me ha encaminado sin titubeos desde entonces, y ya han pasado años, a una pasión hacia Él sin fisuras de lealtad inquebrantable. Me licencié en 1985 en Historia Antigua, con trabajo final sobre Alejandro, quién si no, y en 1988 acabé la carrera de Periodismo, para combinar mi amor por la Historia en general y por Alejandro en particular, con mi vena gacetillera. Y en 1992 me doctoré en Historia del Periodismo, todo en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, mi alma máter, salvo un escarceo de dos años en la mormona universidad de Bringham Young, donde hice un máster en Comunicación. Cosas de la poca edad.

He ejercido poco como historiador, fui profesor suplente, también en la Facultad de Ciencias de la Información, y más como periodista, casi doce años en diferentes medios, como la Agencia EFE y France Press, hasta que la vida me ha llevado a otros sectores profesionales tecnológicos, eso sí en la editorial Santillana, que el mejor gadget es un libro, pero cada vez más alejados de mi añorado siglo IV a.C.

Así es la vida, pero Santillana no es mal refugio contra las tempestades. Como dejó escrito Alejandro:“Todos sufrimos, tu padre, el mío, todos ascendieron y tuvieron su fin. Pero al acabar lo único que importa es lo que has logrado…

Por cierto, mis sitios en la Red son: Alejandro es dios  y La frase del día.