Estoy orgulloso de la ciudad en la que nací. Séneca o Averroes, entre otros muchos, vieron allí su primera luz. No puedo decir lo mismo del año. Por esos mismos días, unos sesudos ministros pergeñaban un complicado plan para “estabilizar” al país, aunque tampoco debió ser un mal año en especial. Luego, di algunos tumbos y acabé en una ciudad vecina, Sevilla. Allí formé mi vocación como historiador, mi especialización como geógrafo y mi profesión como profesor. De aquella cátedra remota llevan ya más de un cuarto de siglo aguantándome mis alumnos. De 2014 es mi más reciente obra de divulgación, Al-Andalus, publicada en Punto de Vista Editores.