Desde que recuerdo me encanta la ciencia-ficción, ya sea a través del cine, la literatura o los comics. Aquellas películas espaciales en blanco y negro, las novelas futuristas de Isaac Asimov, los álbumes de Las aventuras de Tintín, concretamente los tres dedicados al género –que todavía releo de vez en cuando–, o los cuadernillos de Flash Gordon heredados de mi padre, fueron la semilla que me llevó a elegir una carrera de Ciencias, concretamente la de Químicas, en la que me doctoré en Química-Física en la Universidad Autónoma de Madrid el año 1987. En este poco más de medio siglo que llevo disfrutando de la aventura de la vida he desarrollado unas cuantas facetas profesionales, pero si debo resumirlas en una idea es que siempre he intentado, y así seguiré, divulgando una ciencia clara, transparente, asimilable, comprensible en una palabra, para que deje de estar en ese rincón apartado sólo para iniciados y especialistas, y sea patrimonio de todas las personas interesadas en conocer cómo es el mundo en el que vivimos.