Mi primer amor fue la filología. Por razones administrativas que no viene al caso detallar, después de cursar cinco años de carrera, me impidió licenciarme una de las divertidas reformas educativas que han afligido a nuestra Universidad a lo largo de los últimos treinta o cuarenta años. Me vi en la tesitura de empezar otra vez la misma carrera, con los mismos profesores y las mismas asignaturas, barajadas de diferente forma, o escurrir el bulto y acogerme en sagrado en el último reducto del Plan del 72, la UNED. A mis treinta y tantos, ganándome más mal que bien la vida desde los diecinueve, sin perspectivas de mejorar mi suerte por abanicarme con un título devaluado, preferí que me llamaran porfiado a desanimado, regresé a mi alma mater, la Complutense, me saqué un doctorado en Ciencias de las Religiones y ya embalado comencé una tesis sobre una cruzada acaecida hace ochocientos años.

La Ley de Lynch

David Menaza I 25, Mar
Charles Lynch fue un coronel virginiano que durante la Guerra de Independen
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